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Baños de bosque: la nueva terapia contra el estrés de la ciudad

Noelia Hernández

Con la Semana Santa en el horizonte os proponemos siete rutas por la naturaleza asturiana a las que va a ser difícil resistirse. Una experiencia ecoturística en el ‘Paraiso Natural’ para desconectar del ajetreo de la vida urbana.

Está comprobado: conectar con la naturaleza relaja tensiones. Se trata de algo tan sencillo como dar paseos en entornos naturales, desconectar de la tecnología y disfrutar al máximo de lo que nos rodea. Una tendencia que ha ganado adeptos en los últimos años y que ya tiene nombre: los baños de bosque.

En nuestro país, según el INE, el 60% de los trabajadores sufre estrés laboral. En los años 80 los japoneses ya encontraron la fórmula para combatirlo, una receta sencilla que se ha extendido por todo el mundo y que también ha llegado a nuestro país.  Asturias, tierra repleta de rincones naturales, es una de las regiones que encabeza esta tendencia. 

En Japón llevan practicándolo los baños de bosque desde los años 80 y, tras los buenos resultados obtenidos, se está adoptando en lugares como España.

Asturias en un enclave ideal para esta práctica. En sitios como Picos de Europa, Somiedo, Oscos-Eo, Redes, Degaña e Ibias o Las Ubiñas-La Mesa, el tiempo parece pasar más despacio. El entorno invita a volver a un estilo de vida más saludable y natural, sobre todo ahora que la primavera está a punto de llegar. Aquí tienes siete rutas que te ayudarán a curar el estrés.

Brañagallones

La recompensa que encontraremos al final de esta ruta es un lugar rodeado de bosques de hayas en medio de lo que algún día fue un circo glaciar. Para llegar hasta Brañagallones hay que recorrer 10 kilómetros dentro del Parque Natural de Redes que comienzan a orillas del río Nalón, en la aldea de Bezanes. Este contacto con el agua, al inicio de la ruta, es solo la primera sorpresa del camino.

Tras dos kilómetros de recorrido, que transcurren por una senda empinada, nos espera el mirador del Texu La Oración. Parada obligatoria para hacer un breve descanso mientras se disfruta de una panorámica de Bezanes, la cuenta del Nalón y el pico Cascayón. Solo un poco más adelante, contemplaremos la cumbre del Cantu del Oso sobre Brañagallones. A medida que se avanza, surgen al paso grandes bosques y vistas espectaculares que nos acompañan hasta nuestra meta.

Biemenes

El bajo nivel de dificultad y las características de esta ruta la convierten en una opción ideal para ir con niños. Es un recorrido de ida y vuelta de cuatro kilómetros que parte de Rozadas, en el concejo de Biemenes. Junto al trazado sencillo, hay otro aliciente que atraerá a todos los público: el camino trascurre a orillas de un río salpicado de varios molinos.

Uno de los lugares de la Ruta de los Molinos

Tras cruzar un pequeño bosque, y después de caminar unos minutos, nos encontramos con los primeros: el Molín de Matilde, de Barrial, el de Flora, el del Ferreru, o el de Máxima. Entre la vegetación del bosque, se atisban las cumbres de la Sierra de Peñamayor. Más adelante, están el Molín de Milio o de Fermina, ambos restaurados. Corriente arriba se llega al último molino de la ruta, el de Honorio, donde un sendero a la izquierda lleva al pueblo de Melendreros, el final del recorrido. El regreso se realiza por el mismo camino.

Mual

Este bosque tiene, entre sus alicientes, que es la puerta al mayor robledal de España: el bosque de Muniellos. La ruta de Mual comienza en el pueblo que le da nombre y discurre a lo largo de 8,5 kilómetros. Una vez que se deja atrás este pequeño núcleo urbano, nos adentramos en un bosque de castaños donde se pueden observar varias “corripas”, una construcción de planta circular donde se  depositan los erizos del castaño hasta que se desprende su fruto.

La ruta de Mual comienza en el pueblo que le da nombre y discurre a lo largo de 8,5 kilómetros. Una vez que se deja atrás este pequeño núcleo urbano, nos adentramos en un bosque de castaños donde se pueden observar varias “corripas”

La senda discurre paralela al río Muniellos. A nuestro paso aparecen rebollares y hayedos y, de nuevo, construcciones circulares que en esta ocasión protegen a las colmenas de los osos. La ruta continúa hasta la Reserva Natural Integral de Muniellos, a la que solo se accede con un permiso especial. Nuestro camino, sin embargo, no acaba aquí. Continúa hasta el mirador de Montecín, desde donde se divisa el pueblo de Mual. Para volver, hay que llegar hasta el collado de Moncóu y, desde ahí, tomar la misma pista por que se ha realizado el ascenso.

El Bosque de Moal, en el corazón de la Reserva de Natural Integral de Muniellos

 Muniellos

Como se adelantaba más arriba, para acceder a la Reserva Natural Integral de Muniellos hay que solicitar un permiso, puesto que las visitas están restringidas a 20 personas por día. Es un entorno natural completamente virgen de 55 km2 donde se ubica uno de los mayores robledales de Europa, salpicado de robles de hasta seis metros de diámetro, hayedos y abedules. 

Aunque se trata de un recorrido con un nivel de dificultad bajo, completarlo nos llevará casi nueve horas. Por lo que madrugar e ir preparado con suficiente bebida y comida es fundamental. Peloño es un gran hayedo que se recorre por una pista de unos dieciséis kilómetros hasta llegar a la vega del Arcenorio. Es el camino encontraremos cabañas de pastores, ganado,  algunos habitantes y senderistas, además de claros desde donde contemplar los Picos de Europa.

Montegrande

Una pista ancha fácilmente transitable nos guía en el recorrido de esta ruta que transcurre por un bosque de hayas. A lo largo de sus 6,7 kilómetros nos toparemos con alguna bocamina de antiguas galerías de carbón. Al poco de comenzar, un cartel que señala el camino hacia la fuente de los Leprosos. Tras caminar unos 4,3 kilómetros comienza una pendiente. Aquí el río Fundil nos acompañará durante esta parte de la ruta.

Cascada del Xiblu en pleno Hayedo de Montegrande

Un poco más adelante, nos encontraremos una bifurcación, debemos escoger el camino de la izquierda, para seguir el curso del río en sentido contrario a la corriente. Antes de completar los cinco kilómetros nos espera uno de los mayores encantos de este bosque: la cascada de Xiblu. Aquí podemos continuar hasta el siguiente pueblo, o deshacer el camino recorrido.

Con la primavera a la vuelta de la esquina, comienza el deshielo y los bosques se vuelven frondosos. El comienzo de esta estación es una buen momento para hacer un alto en las prisas diarias, darnos un baño de naturaleza y disfrutar de estos enclaves únicos del Principado de Asturias.