Descubren un agujero negro supermasivo que se apaga a una velocidad imposible

Sergio Delgado Martorell

Un equipo internacional con participación del Instituto de Astrofísica de Canarias ha identificado un fenómeno que está obligando a revisar los modelos actuales sobre la evolución de los agujeros negros supermasivos.

El objeto, situado a unos 10.000 millones de años luz, ha experimentado una caída drástica de luminosidad en apenas dos décadas, un intervalo insignificante en términos astronómicos.

El brillo del sistema se ha reducido hasta aproximadamente una vigésima parte de su intensidad original.

En condiciones normales, este tipo de estructuras mantiene su actividad durante cientos de miles o incluso millones de años, lo que convierte este caso en una anomalía difícil de encajar en los esquemas tradicionales.

El papel clave de los telescopios en el descubrimiento

El hallazgo ha sido posible gracias a la combinación de datos procedentes de diferentes observatorios.

Entre ellos destacan e ltelescopio Subaru, en Japón, y el Gran Telescopio Canarias, ubicado en La Palma, que han permitido comparar registros obtenidos a lo largo de varias décadas.

A su vez, también han analizado cómo ha evolucionado la emisión del objeto en distintas longitudes de onda, desde el óptico hasta el infrarrojo, pasando por radio y rayos X.

Esta visión global ha permitido descartar errores de observación o variaciones puntuales y confirmar que el sistema realmente está perdiendo actividad.

Además, la comparación con archivos históricos, como los del Sloan Digital Sky Survey, ha sido determinante para reconstruir la evolución del fenómeno con precisión temporal.

Un núcleo galáctico que pierde energía de forma abrupta

En el centro de muchas galaxias se encuentran estos gigantes cósmicos, cuya masa puede superar millones o incluso miles de millones de veces la del Sol. Cuando el gas cae hacia ellos, forma un disco de acreción que genera enormes cantidades de energía.

Ese proceso es el responsable de los denominados núcleos galácticos activos, regiones extremadamente brillantes que pueden eclipsar incluso a la propia galaxia que los alberga. Sin embargo, en este caso, ese motor energético parece estar apagándose de forma acelerada.

Los investigadores comparan el fenómeno con un sistema que pierde su fuente de alimentación de manera repentina. «Tenemos evidencias sólidas de que el flujo de gas hacia el agujero negro se redujo de forma muy rápida«, explica Tomoki Morokuma, responsable del estudio.

Un fenómeno que no se explica por causas externas

En un primer momento, los científicos consideraron la posibilidad de que la caída de brillo se debiera a factores externos, como nubes de polvo que bloquearan la luz o cambios en los chorros de partículas emitidos por el sistema.

Sin embargo, el análisis detallado de los datos ha descartado estas hipótesis. La explicación más consistente apunta a un debilitamiento interno del disco de acreción, es decir, la estructura que alimenta al agujero negro.

Las estimaciones indican que la tasa de entrada de materia pudo reducirse hasta 50 veces en un periodo muy corto, lo que sugiere una interrupción significativa en el suministro de gas hacia el centro de la galaxia.

Un comportamiento más dinámico de lo esperado

Este descubrimiento da importancia a la teoría que asegura que los agujeros negros supermasivos no son sistemas tan estables como se pensaba. En los últimos años se han detectado otros casos de variabilidad rápida, aunque ninguno con una caída tan pronunciada.

Los datos sugieren que estos objetos pueden alternar entre fases de alta y baja actividad en escalas de tiempo mucho más cortas de lo previsto, incluso dentro de una vida humana.

Nuevas herramientas para entender el fenómeno

El avance en este tipo de estudios dependerá en gran medida de la próxima generación de observatorios. Proyectos como el Observatorio Vera C. Rubin, la misión Euclid o el Telescopio Espacial Nancy Grace Roman permitirán monitorizar millones de objetos con una precisión sin precedentes.

Estas infraestructuras facilitarán la detección de más casos similares, lo que permitirá establecer patrones y mejorar los modelos teóricos actuales. Por ahora, los científicos reconocen que no existe una explicación completa para cambios tan rápidos en sistemas de esta escala.

Toshihiro Kawaguchi, de la Universidad de Toyama, señala que este hallazgo servirá como referencia para desarrollar nuevas simulaciones que reproduzcan este tipo de comportamientos, todavía difíciles de explicar con la física conocida.