La amenaza existencial que pone a Islandia al borde de un giro glaciar en Europa
Sergio Delgado Martorell
No hay otra lectura posible. La comunidad científica tiene un veredicto unánime: el calentamiento global, más allá de la subida generalizada de la temperatura del planeta, está provocando serias alteraciones en los sistemas que regulan los diferentes climas que existen en cada uno de los continentes.
Uno de los que presenta una situación más crítica es la conocida como circulación oceánica del Atlántico. Ésta depende de un equilibrio, en ocasiones hasta frágil, de la propia densidad del agua, de las temperaturas y la salinidad.
Bajo esta situación tan crítica, hay un país que podría enfrentarse a un futuro crítico no muy lejano: Islandia. Su ubicación en el norte del propio hemisferio norte, sitúa al país de las auroras boleares y tierras inhóspitas en una posición extremadamente vulnerable.
La peligrosa ubicación de Islandia
Islandia se encuentra en una zona complicada. Bajo sus pies, convergen corrientes tanto cálidas como frías lo que ayuda a mantener al continente europeo con una temperatura más bien cálida.
Sin embargo, el imparable deshielo de Groenlandia está provocando que lleguen enormes cantidades de agua dulce al océano. Provocando con ello la reducción de la salinidad y dificultando el hundimiento de las masas de agua que impulsan lo que se llama la AMOC, es decir la máquina térmica reguladora de la que antes hablábamos.

Así funciona AMOC
AMOC es como un gigantesco «transportador», capaz de mover el calor desde el Caribe hacia el norte del planeta, es decir donde se encuentra Islandia.
Si esta corriente se debilita sobremanera, el cambio de temperaturas en Europa podría ser dramático y el pequeño país sería el primero en pagar las consecuencias. Pese a su ubicación subpolar, Islandia goza durante parte del año de una temperatura agradable. Todo podría cambiar en menos de un siglo.
Impacto del colapso de la circulación atlántica
El descenso de la actividad de la corriente del Atlántico Norte tendría como consecuencia un enfriamiento progresivo en regiones que dependen de forma directa de ese flujo de calor. De hecho, según diferentes estudios esto podría ocurrir en solo unas décadas.
El colapso de la circulación atlántica afectaría ya no solo a la temperatura en sí, si no al propio ecosistema de Islandia. Perjudicando sobremanera a actividades tan importantes para el país como la pesca, vital para su supervivencia. Pero ojo, también la agricultura tendría que enfrentarse a heladas más prolongadas y, por ende, meses propicios para el cultivo mucho más cortos. Los temporales más largos y las nevadas más copiosas convertirían a Islandia en una zona de difícil habitabilidad.
¿Y qué pasaría en el resto de Europa?
No solo sufriría Islandia. Las consecuencias las pagaría también toda Europa que vería como la modificación del aporte térmico que ofrece la corriente del Golfo, terminará con la suavidad de su clima.
De hecho, según diferentes estudios otras ciudades del norte como París, Londres o Ámsterdam tendrían inviernos más gélidos, a la altura de los que disfrutan los habitantes de Canadá que, pese a estar en la misma latitud, hacen frente a inviernos más crudos.
En el resto de Europa, las primaveras tardarían más llegar y los veranos serían más breves. E incluso en algunas regiones, el termómetro podría bajar hasta diez grados de forma habitual. Y todo lo que ello implica a nivel de producción agrícola, transportes, turismo, necesidades energéticas y consecuencias económicas diversas.

Un riesgo impulsado por el calentamiento global
La acumulación de dióxido de carbono ha elevado la temperatura de la atmósfera y el océano a niveles sin precedentes en tiempos modernos. A su vez, este aumento ha acelerado el derretimiento de glaciares, con lo que se ha alterado también la salinidad de las aguas superficiales del Atlántico Norte.
Muchos climatólogos consideran ya este proceso como uno de los puntos de inflexión más peligrosos para el sistema climático global actual.
¿Debemos prepararnos para un nuevo periodo glaciar?
La posibilidad está ahí y los científicos la estudian como una absoluta prioridad: Europa podría estar entrando en una fase de enfriamiento extremo. O lo que es lo mismo, en un nuevo periodo glaciar.
Ojo, no se trataría de una glaciación como la que se sumó el planeta en la edad de hielo, ni en la pequeña edad de hielo entre los siglos XIV y XIX donde los ríos europeos se solían congelar y no había manera de que las cosechas fructiferaran con normalidad. Pero si a un periodo de frio intenso que podría alterar peligrosamente las condiciones ambientales en las que vivimos. Y solo en Islandia.