Anak Krakatau ruge de nuevo: ¿podría su erupción llegar a cambiar el clima del planeta?
La última erupción de Anak Krakatau ha generado columnas de ceniza de hasta 15 kilómetros de altura y ha provocado importantes alteraciones en el tráfico aéreo de Indonesia.
Mar Gómez
Anak Krakatau, el volcán que creció en el interior de la caldera dejada por la gigantesca erupción del Krakatau de 1883, vuelve a ser protagonista. Durante aproximadamente 25 horas mantuvo una fase de erupción prácticamente continua, acompañada por fuertes explosiones, sonidos de detonaciones, fuentes de lava y emisión de ceniza.
Según la última actualización oficial del PVMBG, el organismo vulcanológico de Indonesia, este episodio comenzó el 4 de septiembre a las 23:07 hora local y finalizó el 6 de septiembre a las 00:04. Posteriormente se produjo una nueva explosión de carácter estromboliano a las 03:53, de unos 30 segundos de duración.
Aunque la fase continua ha terminado, el volcán sigue activo y permanece en nivel III —Siaga o alerta—, el segundo más alto de una escala de cuatro. Las autoridades mantienen una zona de exclusión de tres kilómetros alrededor del cráter.
Una columna de ceniza que ha alcanzado los 15 kilómetros
Uno de los aspectos más llamativos de este episodio ha ocurrido muy por encima del volcán.
Los sistemas de observación por satélite identificaron dos grandes masas de ceniza a diferentes niveles atmosféricos. Una alcanzó aproximadamente los 20.000 pies, unos 6 kilómetros, mientras que una segunda llegó hasta 50.000 pies, alrededor de 15,2 kilómetros de altitud, extendiéndose hacia el oeste y noroeste sobre sectores de Banten, Lampung, Bengkulu y el océano Índico.
La situación tuvo consecuencias inmediatas para la aviación. El aeropuerto internacional de Yakarta tuvo que suspender temporalmente sus operaciones y las alteraciones terminaron afectando a varios aeropuertos y a centenares de vuelos. La ceniza volcánica supone un riesgo especialmente grave para los aviones porque puede dañar los motores y otros sistemas de las aeronaves.
Y precisamente la altura alcanzada por la columna plantea la siguiente pregunta: ¿Podría Anak Krakatau alterar ahora el clima del planeta?

La ceniza no es la principal responsable del enfriamiento volcánico
Aunque solemos asociar las grandes erupciones con enormes nubes de ceniza oscureciendo el cielo, desde el punto de vista climático la ceniza no es normalmente el ingrediente más importante.
La clave está en el dióxido de azufre, SO₂. Si una erupción es suficientemente explosiva como para introducir enormes cantidades de este gas en la estratosfera, el SO₂ reacciona y acaba formando diminutas gotas de ácido sulfúrico, conocidas como aerosoles de sulfato.

Estas partículas pueden permanecer suspendidas durante meses o incluso años y dispersarse alrededor de buena parte del planeta. Su efecto es parecido al de un pequeño parasol: reflejan una fracción de la radiación solar de vuelta al espacio y reducen temporalmente la cantidad de energía que alcanza la superficie terrestre.
El resultado puede ser un enfriamiento global temporal. La ceniza, en cambio, suele precipitar mucho más rápidamente y sus efectos climáticos globales son generalmente más limitados.
Llegar a 15 kilómetros no significa necesariamente haber alcanzado la estratosfera
Anak Krakatau se encuentra prácticamente en los trópicos, donde la tropopausa —la frontera entre troposfera y estratosfera— se encuentra mucho más alta que en nuestras latitudes, generalmente alrededor de 16-18 kilómetros.
Por eso, que una nube volcánica haya alcanzado aproximadamente 15 kilómetros es extraordinariamente relevante para la aviación, pero no demuestra por sí solo que grandes cantidades de azufre hayan sido introducidas en la estratosfera.
Además, desde principios de junio los satélites Sentinel ya venían detectando emisiones de SO₂ y anomalías térmicas en Anak Krakatau, una de las señales que precedieron al aumento de actividad observado durante el verano.
Pero, por el momento, no se ha comunicado una inyección estratosférica masiva de SO₂ comparable a las grandes erupciones climáticas de la historia.
Por tanto, con los datos disponibles hasta este 6 de septiembre, no hay evidencias de que la actual erupción de Anak Krakatau vaya a provocar un enfriamiento apreciable del planeta.
Eso podría cambiar únicamente si la actividad evolucionase hacia una erupción mucho más explosiva y rica en azufre. Y precisamente por eso los científicos continúan monitorizando el volcán.
Krakatau (Krakatoa) sí consiguió enfriar el planeta en 1883
En agosto de 1883, el sistema volcánico protagonizó una de las mayores catástrofes naturales de la era moderna. La erupción destruyó gran parte de la isla y desencadenó gigantescos tsunamis que causaron alrededor de 36.000 víctimas mortales en las costas de Java y Sumatra.

Pero las consecuencias no quedaron limitadas a Indonesia. Los materiales y aerosoles volcánicos se dispersaron alrededor de la Tierra. NOAA estima que durante el año siguiente la temperatura global disminuyó hasta aproximadamente 0,5 ºC, y sus efectos atmosféricos persistieron durante varios años. Las temperaturas no recuperaron completamente los valores previos hasta aproximadamente 1888.
También aparecieron espectaculares atardeceres rojizos y halos alrededor del Sol y la Luna en numerosos lugares del planeta, consecuencia de las partículas presentes en la atmósfera.
Tambora y el famoso “año sin verano”
Sin embargo, existe una confusión bastante habitual. Krakatau no provocó el famoso “año sin verano”.
Eso ocurrió varias décadas antes y el responsable fue otro volcán indonesio: Tambora.
En abril de 1815, Tambora protagonizó la mayor erupción volcánica registrada históricamente. Sus emisiones alteraron de tal manera la atmósfera que 1816 pasó a conocerse como “el año sin verano”.
La temperatura media del hemisferio norte cayó aproximadamente 0,6 ºC, pero las anomalías regionales fueron muchísimo mayores.

En partes de Europa y Norteamérica se registraron heladas y nevadas en pleno verano, las cosechas se redujeron drásticamente y se produjeron graves problemas de abastecimiento de alimentos. En Nueva Inglaterra llegó incluso a nevar durante el verano de 1816.
Fue uno de los ejemplos más espectaculares de cómo una erupción ocurrida en una pequeña región del planeta puede modificar durante meses el sistema climático global.