En Sudamérica y parte del océano Atlántico sur se encuentra la Anomalía del Atlántico Sur (AAS), una zona donde el escudo magnético de nuestro planeta muestra niveles bajos respecto al resto del globo. Allí, por culpa de esa debilidad, los equipos orbitales sufren más exposición a radiación cósmica. Los efectos afectan tanto a dispositivos como a personas en órbita baja.
¿Qué es la Anomalía del Atlántico Sur? Definición y ubicación
Origen en el campo magnético terrestre
No es solo defensa pasiva: el campo magnético planetario repele flujos de partículas energéticas provenientes del Sol o de rayos cósmicos, impidiendo su llegada a la superficie. Aunque invisible, se origina en el núcleo externo líquido de la Tierra, a unos 3.000 kilómetros bajo nuestros pies moviéndose con fuerza el hierro derretido y generando corrientes. Esas corrientes dan lugar, mediante un proceso llamado efecto dínamo, al manto magnético que rodea al planeta.
Aunque parezca estable, el campo magnético terrestre es irregular. De hecho, cambia su fuerza y dirección de forma impredecible por variaciones en cómo se reparten los materiales bajo tierra. El movimiento dentro del núcleo también altera su comportamiento localmente. Es en la Anomalía del Atlántico Sur donde estas diferencias alcanzan su punto máximo. Allí, el campo pierde entre un treinta y un cuarenta por ciento de su potencia habitual.
Región afectada y su extensión
La AAS se extiende sobre una extensa área que incluye el sur de Brasil, Uruguay, Paraguay, norte de Argentina y gran parte del océano Atlántico Sur. Su ubicación no es fija; se desplaza gradualmente hacia el oeste a una velocidad de aproximadamente 20 kilómetros por año, siguiendo patrones relacionados con la dinámica del núcleo terrestre.
Poco a poco, la anomalía está creciendo en extensión y profundizándose en intensidad. Las últimas mediciones indican la posible formación de dos núcleos distintos: uno situado al sur del continente americano y otro localizado frente a las costas atlánticas. Este desarrollo es seguido de cerca por investigadores.
Justo en esta región, los cinturones de radiación de Van Allen, sectores donde el magnetismo planetario atrapa partículas con carga, descienden más cerca de la superficie. Normalmente situados a altitudes de varios miles de kilómetros, en la AAS pueden acercarse hasta 200 o 300 kilómetros de altitud, exponiendo satélites y naves espaciales a niveles de radiación mucho más elevados.
Efectos y consecuencias para satélites y astronautas
Fallos electrónicos y daños en equipos
Cuando pasan por la Anomalía del Atlántico Sur, los satélites se exponen a un bombardeo intenso de partículas cargadas, sobre todo protones y electrones aprisionados en los cinturones de radiación. Debido a su alta energía, estas partículas logran atravesar protecciones delgadas sin dificultad. Como resultado, llegando a ocasionar daños electrónicos e incluso a penetrar blindajes ligeros.
Este tipo de impactos pueden desencadenar errores aislados en sistemas digitales, como cambios no intencionados en celdas de almacenamiento o transistores activos, llegando a modificar el valor binario dentro de un circuito integrado, generando corrupción en programas o información guardada. A veces, este tipo de eventos conduce a deterioro acumulado en materiales sensibles del equipo espacial. Con el tiempo, ese estrés continuo acelera el envejecimiento prematuro de dispositivos a bordo.
El Telescopio Espacial Hubble, que orbita a unos 540 kilómetros de altitud, regularmente suspende observaciones científicas al atravesar la AAS para proteger sus instrumentos sensibles. Muchos satélites de observación terrestre y telecomunicaciones sufren interrupciones periódicas en esta región, requiriendo redundancia en sistemas críticos.
Radiación y riesgo para misiones espaciales
Para los astronautas, la AAS representa una zona de mayor exposición a radiación. La Estación Espacial Internacional (ISS), que orbita a aproximadamente 400 kilómetros de altitud, atraviesa esta región regularmente. Durante estos pasajes, los astronautas reciben dosis de radiación elevadas comparadas con otras partes de la órbita.
Aunque la exposición durante un único paso es manejable, la acumulación a lo largo de misiones prolongadas requiere monitorización constante. Los astronautas pueden refugiarse en módulos con mayor blindaje durante estos períodos y las actividades extravehiculares (caminatas espaciales) se evitan cuando la ISS cruza la anomalía.
Causas y explicaciones científicas
Origen en el núcleo terrestre
El origen de la AAS reside en las asimetrías del campo magnético generado en el núcleo terrestre. El eje del dipolo magnético principal no coincide exactamente con el eje de rotación terrestre y está desplazado del centro del planeta. Este descentramiento hace que el campo magnético sea más débil en ciertas regiones.
Por otro lado, el campo magnético terrestre no es un dipolo simple, sino que incluye componentes multipolares complejos generados por estructuras heterogéneas en el núcleo. La AAS parece estar relacionada con una región de flujo magnético inverso en el límite entre el núcleo y el manto bajo América del Sur, donde las líneas de campo apuntan en dirección opuesta a la tendencia dominante.
Debilitamiento del campo magnético
Desde hace dos siglos, el campo magnético terrestre ha estado debilitándose, acumulando un descenso del 9% desde mediados del siglo XIX. En ciertos lugares, ese deterioro avanza más rápido; sobre todo en la mencionada Anomalía del Atlántico Sur. Las mediciones más recientes muestran una pérdida excepcional cercana al 15% en pocas décadas.
Este debilitamiento plantea preguntas sobre si la Tierra está aproximándose a una inversión geomagnética, un fenómeno donde los polos magnéticos norte y sur intercambian posiciones. Estas inversiones han ocurrido muchas veces en la historia, la última hace aproximadamente 780.000 años. Durante una inversión, el campo magnético se debilita considerablemente y puede volverse temporalmente multipolar, dejando el planeta más vulnerable a la radiación solar.
En cualquier caso, no hay evidencia concluyente de que una esté ocurriendo actualmente y los científicos afirman que las inversiones geomagnéticas son procesos que llevan miles de años. La AAS podría ser simplemente una fluctuación normal en la geodinamo terrestre.
Monitorización y medidas de protección
La comunidad científica supervisa continuamente la AAS mediante satélites especializados como la constelación Swarm de la Agencia Espacial Europea, que mapea el campo magnético con precisión sin precedentes. Estos datos permiten rastrear cambios en la anomalía y mejorar modelos del campo magnético terrestre.
Las agencias espaciales implementan diferentes estrategias de protección: blindaje reforzado en componentes críticos, electrónica endurecida contra radiación, sistemas redundantes y software que puede recuperarse de errores inducidos por partículas. Siempre que es posible, los operadores de satélites ajustan sus órbitas para reducir el tiempo en la Anomalía del Atlántico Sur.
Las tareas que demandan máxima capacidad de procesamiento se programan fuera de estos periodos, mientras que el control constante de la radiación garantiza que los astronautas se mantengan dentro de límites seguros.