Hoy en día, muchos científicos creen que el universo podría acabar en un escenario conocido como Big Freeze, o muerte térmica. El nombre suena bastante extremo, pero en realidad describe algo más silencioso que violento: un universo que se expande continuamente y se enfría poco a poco.
Si lo piensas, la idea no es tan complicada. A medida que el universo se expande, la energía se va repartiendo de forma cada vez más uniforme. Y con el paso de muchísimo tiempo —mucho más del que podemos imaginar con facilidad— llegaría un punto en el que ya no habría diferencias de energía suficientes como para que ocurra nada relevante.
Sin diferencias, no hay cambios. Y sin cambios, el universo queda, de alguna forma, “apagado”.
La base del problema: la entropía
Este escenario tiene su origen en la segunda ley de la termodinámica, que establece que la entropía (es decir, el nivel de desorden) tiende a aumentar con el tiempo en sistemas cerrados.
Aplicado al universo, esto sugiere que la energía acabará distribuyéndose de manera uniforme. Puede sonar un poco abstracto, pero la consecuencia es bastante clara: cuando todo está equilibrado, desaparecen los procesos que dependen de diferencias de temperatura o energía.
Dicho de forma más simple, el universo llegaría a un estado en el que ya no pasan cosas nuevas. No porque no exista nada, sino porque todo está demasiado igualado. Es un final curioso, porque no hay explosión ni colapso… simplemente, todo se va calmando hasta quedarse sin actividad.
La expansión y la energía oscura
Uno de los descubrimientos más importantes de la cosmología moderna fue que el universo no solo se está expandiendo, sino que lo hace cada vez más rápido. Y aquí es donde entra en juego la energía oscura.
No sabemos exactamente qué es, y eso ya dice bastante. Pero parece comportarse como una especie de empuje que separa las galaxias. Cuanto más tiempo pasa, más rápido se alejan unas de otras.
Con el tiempo, esto tiene una consecuencia bastante llamativa: muchas galaxias acabarán desapareciendo más allá de lo observable. Desde cualquier punto del universo, el resto se irá perdiendo poco a poco de vista. Al final, cada región quedará aislada, como si el universo se fragmentara en pequeñas burbujas desconectadas.
Un proceso lento (muy lento)
El camino hacia el Big Freeze no ocurre de un día para otro. Ni siquiera en millones de años. Estamos hablando de escalas de tiempo descomunales.
Durante muchísimo tiempo, las estrellas seguirán formándose y evolucionando como lo hacen ahora. Pero el gas necesario para crear nuevas estrellas se irá agotando poco a poco. Y cuando eso ocurra, la formación estelar se detendrá.
Las últimas estrellas en desaparecer serán las enanas rojas, que pueden durar muchísimo más que otras. Pero incluso ellas acabarán apagándose. Y ahí es donde el universo empieza a volverse realmente oscuro.
Después quedarán los restos estelares: enanas blancas, estrellas de neutrones, agujeros negros, planetas errantes… objetos que ya no generan energía de forma activa. Con el tiempo, incluso estos restos se enfriarán completamente.
Ni los agujeros negros se salvan
Podría parecer que los agujeros negros son eternos, pero no lo son. Según propuso Stephen Hawking, estos objetos emiten una radiación muy débil que hace que pierdan masa lentamente.
Es un proceso increíblemente lento —tanto que cuesta imaginarlo—, pero al final ocurre. Con suficiente tiempo, incluso los agujeros negros terminan desapareciendo.
Cuando eso pase, el universo quedará compuesto casi exclusivamente por partículas muy dispersas: fotones, electrones, neutrinos… todo separado por distancias enormes. Y con una energía tan baja que, en la práctica, casi no ocurre nada.
Otros posibles finales
Aunque el Big Freeze es el escenario más aceptado hoy en día, no es el único que se ha planteado.
Por ejemplo, está el Big Crunch, que sería justo lo contrario: el universo dejaría de expandirse y comenzaría a contraerse hasta colapsar sobre sí mismo. Hoy parece poco probable, pero durante mucho tiempo fue la idea principal.
También está el Big Rip, que es bastante más extremo. En este caso, la energía oscura se volvería tan intensa que acabaría rompiendo todo, desde galaxias hasta átomos. Es un escenario más “violento”, por decirlo de alguna manera.
Lo que aún no entendemos
Aquí viene una parte importante: no sabemos realmente qué es la energía oscura. Y eso deja bastante abierto el futuro del universo.
Además, hay áreas de la física —como la gravedad cuántica— que todavía no están completamente desarrolladas. Es posible que, en el futuro, descubramos fenómenos que cambien por completo esta visión.
Así que, aunque el Big Freeze es la opción más probable ahora mismo, tampoco podemos decir que sea segura al cien por cien.
Una última idea
Pensar en un universo que termina frío, oscuro y sin actividad puede resultar un poco inquietante. De hecho, cuesta bastante imaginar algo así.
Pero también tiene otra lectura. Vivimos en una etapa en la que todavía existen estrellas, galaxias activas y condiciones que permiten la vida. Y eso, en términos cósmicos, no dura para siempre.
Al final, aunque el destino del universo sea tan lejano que casi pierde sentido pensarlo, el momento actual resulta bastante especial. Y quizá eso es lo más interesante de todo.