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Cuásar

Hay luces que nacen en la oscuridad más lejana y que, aun después de miles de millones de años de viaje, siguen atravesando el vacío para alcanzarnos. Son los cuásares. Estos son el resultado de la materia que cae hacia agujeros negros supermasivos, liberando una cantidad descomunal de energía y mostrando fenómenos que ponen a prueba nuestra comprensión de la física.

¿Qué es un cuásar? Un núcleo galáctico activo ultra-luminoso

Un cuásar resulta ser el centro activo de una galaxia donde un agujero negro gigantesco absorbe materia a velocidades extraordinarias. Surgida del término en inglés quasi-stellar radio source, la denominación alude a su apariencia estelar en observaciones tempranas mediante telescopios.

Su nombre conserva esa primera impresión: cuerpos parecidos a estrellas, aunque radicalmente distintos. En torno a los cuásares se observan emisiones del orden de 10^40 vatios, una potencia comparable con la luz combinada de centenares de galaxias semejantes a la nuestra. Toda esa energía surge desde un espacio muy pequeño, en tamaño parecido al sistema solar o incluso menor.

Definición y descubrimiento histórico

El primer cuásar fue descubierto en 1963 por el astrónomo holandés-estadounidense Maarten Schmidt, quien identificó el objeto 3C 273 como una fuente de luz muy distante con un importante desplazamiento al rojo. Aunque situado a 2.400 millones de años luz, su brillo superaba al de cuerpos celestes más próximos.

En lugar de coincidir con lo esperado, las líneas del hidrógeno halladas por Schmidten 3C 273 mostraron un corrimiento del 16% hacia longitudes de onda más largas, indicando que el objeto se alejaba de nosotros a aproximadamente 47.000 kilómetros por segundo debido a la expansión del universo. Gracias al análisis, los quásares pasaron a entenderse como entes muy remotos y extremadamente luminosos.

Su relación con agujeros negros supermasivos

La conexión entre cuásares y agujeros negros supermasivos se estableció en las décadas de 1960 y 1970, cuando los astrónomos se dieron cuenta de que solo estos objetos masivos podían generar la energía observada. Un agujero negro supermasivo contiene entre millones y miles de millones de veces la masa del Sol, concentrada en una región más pequeña que el sistema solar.

Los cuásares se activan cuando el material abundante cae hacia el agujero negro, formando un disco de acreción que se calienta a millones de grados. Toda esa fricción transforma una parte enorme de la masa en luz y radiación —hasta un 40%—, comparado con el 0,7% de eficiencia de la fusión nuclear estelar.

Estructura y funcionamiento de un cuásar

Disco de acreción y jets relativistas

Girando alrededor del núcleo se encuentra el disco de acreción, formado por materia incandescente que cae hacia el agujero negro. Desde regiones cercanas al horizonte de eventos hasta zonas mucho más lejanas, este anillo abarca distancias enormes. En su interior, las condiciones térmicas superan los millones de kelvin.

Los jets relativistas son chorros de partículas cargadas que surgen desde los polos del agujero negro a velocidades cercanas a la de la luz. Estos jets pueden extenderse por millones de años luz desde el núcleo, transportando enormes cantidades de energía al medio intergaláctico. La formación de jets está relacionada con la rotación del agujero negro y los campos magnéticos intensos del disco de acreción.

El mecanismo de emisión de energía

El origen energético de un cuásar se relaciona con fenómenos físicos diversos. En el espectro visible y cercano al ultravioleta domina en el rango óptico y ultravioleta. Por su parte, la radiación sincrotrón de electrones acelerados en campos magnéticos produce emisión de radio, mientras que los procesos de dispersión Compton inversa generan rayos X y gamma.

Otra característica propia de los cuásares es la variabilidad de su brillo en períodos tan cortos como unas pocas horas o muchos años. Esa inestabilidad en la luz indica que el lugar donde se origina debe ser muy pequeño. La razón reside en cómo viaja la luz: nada cambia rápido si es grande, porque las señales tardan en atravesarlo.

La importancia de los cuásares en cosmología

Faros distantes del universo temprano

Los cuásares funcionan como faros del universo primitivo, permitiendo a los astrónomos estudiar las condiciones del universo cuando tenía menos del 10% de su edad actual. Uno de ellos, llamado J0313−1806, brillaba ya en momentos en los que el cosmos contaba con tan solo 670 millones de años. La existencia de estos objetos tan distantes confirma que los agujeros negros supermasivos se formaron más temprano de lo esperado.

Herramientas para estudiar la evolución galáctica

Desde los cuásares se puede observar cómo han cambiado las galaxias durante la historia del universo. Esto sucede porque el agujero negro en el centro y la estructura principal de la galaxia aumentan casi al mismo ritmo. Aunque parezca fenómenos separados, ambos procesos evolucionan juntos.

Hace unos 10 a 12 mil millones de años, los datos sobre cuásares muestran un periodo con gran cantidad de estos objetos en actividad. Justo entonces, la creación de estrellas en el universo alcanzó su momento más intenso. Aunque distintos, ambos fenómenos parecen seguir una misma línea temporal.

La concentración elevada de galaxias jóvenes podría explicar esta coincidencia observable hoy. Así, el entorno denso del cosmos temprano favoreció tanto cuásares como nuevas estrellas.

Tipos de cuásares y sus variaciones

Cuásares radio-silenciosos y radio-ruidosos

La mayoría de los cuásares se dividen por cómo irradian en ondas de radio. Aunque parezca poco llamativo, nueve de cada diez son débiles en esta banda —cuásares radio-silenciosos—, brillando mucho más en luz visible que en señal radial. En cambio, una minoría pequeña cercana al 10%, los cuásares radio-ruidosos, se caracteriza por proyectar chorros energéticos que amplifican fuertemente sus emisiones de radio.

Esta división refleja diferencias en la orientación del sistema respecto al observador y posiblemente en la rotación del agujero negro central. Los cuásares radio-ruidosos muestran jets más estables y persistentes, mientras que los radio-silenciosos pueden tener jets más débiles o variables.

Cuásares observados y sus propiedades

No todos los cuásares son iguales en cuanto a lo que se puede medir. Desde el centro de algunos, como los BAL, salen vientos rápidos que la luz muestra mediante líneas oscuras. Un quinto del total presenta este tipo de firma espectral.

Un cuásar alineado frente a una masa enorme sufre distorsión por gravedad. Esta curvatura transforma al objeto intermedio en algo parecido a una lente cósmico. Se genera entonces tanto aumento visual como réplicas del mismo punto. Gracias a este efecto, los astrónomos pueden asomarse al centro del cuásar y, al mismo tiempo, cartografiar cómo se distribuye la materia en el cosmos.

El futuro de los cuásares: ¿se extinguirán?

Agotamiento del material acumulado

Los cuásares no son eternos. Dependen de un flujo constante de materia que termina cayendo en su agujero negro interno. Cuando escasea ese alimento, su brillo empieza a atenuarse. Dicho periodo de brillo intenso ronda desde diez hasta cien millones de años. Pueden reactivarse varias veces durante su existencia.

El agotamiento aparece cuando el material de alrededor desaparece, mientras la llegada de nuevo combustible al centro pierde efectividad. Fusiones galácticas, inestabilidades en barras estelares y otros procesos dinámicos pueden reactivar temporalmente cuásares que habían entrado en estado quiescente.

Transición a galaxias «normales»

Tras extinguirse los cuásares, las galaxias donde residían siguen evolucionando con normalidad. El agujero negro supermasivo permanece en el centro galáctico, pero en un estado prácticamente inactivo. La Vía Láctea contiene un agujero negro supermasivo (Sagittarius A*) que probablemente fue activo como cuásar hace miles de millones de años.

Esta transición explica por qué observamos muchos menos cuásares en el universo local comparado con el universo temprano. La mayoría de las galaxias masivas probablemente pasaron por fases de actividad de cuásar durante su juventud, cuando el gas era más abundante y los procesos de acreción más eficientes.

El destino final de los cuásares está íntimamente ligado a la evolución del universo. Conforme envejece y se expande, el gas disponible para alimentar agujeros negros se vuelve cada vez más escaso, por lo que se acabará desvaneciéndose gradualmente.