El planeta más cercano al Sol parece, a primera vista, un mundo simple y abrasado. Mercurio orbita nuestra estrella en apenas 88 días terrestres, pero cada día mercuriano equivale a 59 días en la Tierra. Constantemente azotado por la radiación solar, lo más sorprendente es que este planeta alberga hielo de agua en sus polos.
A pesar de las temperaturas diurnas que superan los 400 °C, sus regiones polares albergan agua congelada desde hace millones de años. Esta paradoja es solo una de las muchas que hacen de Mercurio uno de los planetas más enigmáticos del sistema solar.
¿De qué está hecho Mercurio?
Mercurio no se parece a ningún otro planeta del sistema solar. Su núcleo de hierro ocupa aproximadamente el 75% de su radio total, una proporción mucho mayor que la de cualquier otro planeta rocoso. Los científicos creen que podría haber sido originalmente mucho más grande, pero que las intensas radiaciones solares y posibles impactos catastróficos despojaron al planeta de gran parte de su manto rocoso.
Con cantidades sorprendentemente altas de elementos volátiles como azufre y potasio, la superficie de Mercurio está plagada de cráteres que hablan de los bombardeos que sufrió durante los primeros mil millones de años del sistema solar. De hecho, la cuenca Caloris, uno de los cráteres más grandes, tiene un diámetro de 1.550 kilómetros, casi un tercio del tamaño del planeta.
Este impacto fue tan violento que creó ondas sísmicas que viajaron por todo el planeta, formando un terreno caótico de colinas y valles en el lado opuesto.
¿Mercurio tiene atmósfera?
El planeta carece prácticamente de atmósfera, con una exosfera tan tenue que la presión es billones de veces menor que la terrestre (alrededor de 1 nPa). Es decir, no hay vientos, no hay clima y no hay erosión atmosférica, permitiendo que las estructuras de impacto se conserven prácticamente inalteradas durante millones de años.
La exosfera, por cierto, está compuesta principalmente por hidrógeno, helio, oxígeno, sodio, calcio, potasio y vapor de agua, además de trazas de otros gases nobles y compuestos como dióxido de carbono y magnesio. Debido a la extrema rarefacción de esta capa gaseosa, los átomos y moléculas pueden escapar fácilmente al espacio, por lo que no retiene gases como una atmósfera común, sino que es más bien una capa de gases dispersos adherida muy débilmente al planeta.
Órbita de Mercurio alrededor del Sol
Mercurio mantiene una relación orbital con el Sol conocida como resonancia 3:2. El planeta completa exactamente tres rotaciones sobre su eje por cada dos órbitas alrededor del Sol. Esta sincronización cósmica crea uno de los fenómenos más extraños del sistema solar: en algunos lugares de Mercurio, el Sol sale, se detiene, retrocede y vuelve a salir.
Esta dinámica orbital genera una dicotomía térmica extrema: las zonas bañadas por el Sol en el perihelio alcanzan su punto más infernal, mientras que las áreas en sombra prolongada quedan presas en un invierno que no tiene fin, con temperaturas que rondan los -173 ºC, frente a las más de 400 ºC de su lado opuesto.
La órbita de Mercurio es también la más excéntrica de todos los planetas, acercándose al Sol hasta 46 millones de kilómetros y alejándose hasta 70 millones. Esta variación orbital genera una diferencia en la intensidad de la radiación solar que recibe el planeta de hasta un 25%, creando estaciones extremas que duran décadas.
¿Mercurio tiene agua líquida en la superficie?
En la década de 1990, observaciones de radar desde la Tierra detectaron señales compatibles con la presencia de hielo de agua en los polos de Mercurio, como la presencia de regiones con una reflectividad anormalmente alta. Esta hipótesis fue confirmada por la sonda MESSENGER de la NASA en 2012, que orbitó Mercurio y detectó directamente depósitos de hidrógeno, indicador de agua, en los cráteres polares.
La explicación reside en la peculiar orientación que presenta. El planeta tiene una inclinación axial de apenas 0,034 grados, de manera que polos están prácticamente perpendiculares a su órbita. Esta configuración crea regiones en los polos que nunca reciben luz solar directa, manteniéndose en una oscuridad perpetua.
Los científicos estiman que estos depósitos polares contienen entre 100.000 millones y 1 billón de toneladas de hielo de agua. Este hielo probablemente llegó a través de impactos de cometas durante miles de millones de años, acumulándose en cráteres polares que actúan como refrigeradores naturales.
¿Cuál es el campo magnético de Mercurio?
Durante años, la comunidad científica dio por hecho que Mercurio —pequeño y de rotación perezosa— carecería de un campo magnético reseñable. En 1974, sin embargo, la nave espacial Mariner 10 detectó un campo magnético sobrevolando el planeta de aproximadamente el 1% de la intensidad del campo terrestre.
Para entonces, el hallazgo fue un rompecabezas. Los campos magnéticos planetarios requieren un núcleo líquido en movimiento, pero se creía que el núcleo de Mercurio se había solidificado hace millones de años. Las observaciones posteriores de la misión MESSENGER confirmaron que el núcleo de Mercurio sigue siendo líquido.
El campo magnético de Mercurio interactúa con el viento solar de manera similar a como lo hace el campo terrestre, pero con resultados muy diferentes. La débil magnetosfera mercuriana no puede proteger eficazmente la superficie del planeta de las partículas solares, desgastando lo poco que queda de su atmósfera.
Misiones espaciales a Mercurio en curso
La exploración de Mercurio comenzó con Mariner 10 (1974-1975), continuó con la orbital MESSENGER (2004-2015) y hoy depende exclusivamente de BepiColombo, la única misión actualmente en operaciones. Esta sonda fue lanzada en 2018 y se espera que entre en órbita alrededor de Mercurio en diciembre de 2025, tras completar una serie de sobrevuelos gravitacionales necesarios para reducir su velocidad y ser capturada por la gravedad del planeta.
BepiColombo consta de dos orbitadores científicos:
- Orbitador Planetario de Mercurio, dirigido por la ESA, orientado al estudio de la superficie y la composición del planeta.
- Orbitador Magnetosférico de Mercurio, liderado por JAXA, que analizará el campo magnético y la exosfera de Mercurio.
Actualmente, ambos orbitadores siguen acoplados y operativos, recolectando imágenes y datos científicos desde distancias muy cercanas a la superficie. Está previsto que inicien operaciones científicas de rutina a lo largo de la primavera de 2026, una vez completada la inserción orbital definitiva.