Astropedia

Meteoroide

En cuestión de 24 horas, unas 100 toneladas de escombros espaciales entran en la atmósfera del planeta, formando brillantes rastros que vemos cruzar el cielo nocturno. Estos trozos suelen ser pedazos de roca o metal que viajan entre planetas a velocidades cercanas a 70 kilómetros por segundo. Es lo que se conoce como meteoroide.

¿Qué es un meteoroide? Definición y composición

Cualquier trozo rocoso que procede del espacio exterior y mide menos de 10 metros mientras viaja entre planetas se llama meteoroide. Esta definición los separa de las piedras más grandes llamadas asteroides, como también del polvillo cósmico invisible al ojo humano.

La composición de los meteoroides cambia bastante dependiendo de dónde vengan. Aunque algunos son rocosos, otros tienen más metal. Los tipos pedregosos suelen tener silicatos; por ejemplo, olivino o piroxeno, similar a algunas piedras presentes en la Tierra. En cambio, los que son metálicos llevan hierro junto con níquel, una mezcla rara de ver en la naturaleza terrestre.

Hay también un tipo mezclado, los palasitos, con cristales de olivino dentro de un metal de hierro y níquel, haciendo meteoritos muy vistosos al ser cortados y lijados. Esas diferencias en su composición muestran cómo se formaron en el sistema solar antiguo.

Origen y tamaño típico

Los meteoroides proceden de distintos lugares del sistema solar. Muchos salen del cinturón entre Marte y Júpiter, formado cuando los choques entre ellos rompen asteroides más grandes. Algunos brotan de cometas al deshacerse, esparciendo pedazos por donde pasan.

El rango de tamaños es muy variado. Desde los más pequeños, conocidos como micrometeoroides, con menos de 2 milímetros, que golpean la Tierra continuamente, hasta los medianos, que van de 2 milímetros a 10 metros y causan casi todos los meteoros que vemos.

Los meteoroides más grandes del espacio, de unos cuantos metros, casi no llegan a aparecer; aunque sí entran en la atmósfera, muchas veces pasan enteros y forman pedazos caídos importantes. Si miden más de una decena de metros, ya cuentan como mini asteroides y si presentan algún peligro si chocan.

Diferencia con asteroides y cometas

Los meteoroides, asteroides y cometas se diferencian por su tamaño y composición. Los asteroides son trozos de roca o metal más grandes que 10 metros, suelen estar en el cinturón principal y a veces son considerados planetas menores.

Los cometas son bolas de hielo, polvo y piedras que crean colas brillantes al pasar cerca del Sol. Aunque parecen similares, estos cuerpos congelados no son como los trozos de metal o roca sueltos en el espacio. Cuando se rompen, van soltando escombros pequeños. Esos fragmentos viajan juntos formando nubes que, al chocar contra la atmósfera, generan estrellas fugaces cada cierto tiempo.

El nombre cambia dependiendo de dónde esté el objeto: en el espacio se llama meteoroide, cuando entra a la atmósfera es un meteoro y si llega al suelo pasa a ser meteorito.

El viaje del meteoroide por el espacio

Órbitas y velocidades

Los trozos de roca viajan alrededor del Sol en trayectorias ovaladas, como los planetas, aunque sus caminos suelen ser mucho más alargados o desviados. La velocidad de un meteoroide cambia según lo lejos que estén del astro rey y cómo sea su recorrido; van desde 11 kilómetros cada segundo hasta superar los 70 en ciertos casos.

Las órbitas meteoroides cambian por el tirón de la gravedad. Algunos, nacidos en el cinturón de asteroides, se mueven en rutas casi redondas; otros, creados en cometas, viajan con giros muy alargados, llegando lejos y después rozando al Sol.

La velocidad relativa con respecto a la Tierra cambia dependiendo de hacia dónde venga el objeto. Si los meteoroides llegan desde atrás mientras nuestro planeta gira alrededor del Sol, van más despacio; en cambio, si vienen de frente, pueden ir mucho más rápido.

Interacción con la gravedad planetaria

La gravedad de planetas como Júpiter modifican considerablemente las trayectorias meteoroides, actuando como imanes del espacio que atrapan varios de estos antes de que entren al lado interno del sistema solar.

La gravedad de la Tierra empuja a los meteoroides al acercarse, sumando unos 11 kilómetros por segundo a toda velocidad. Ese extra no es mucho frente a lo rápido que ya viajan en órbita, aunque a veces puede ser decisivo para determinar si un meteoroide sobrevive la entrada atmosférica.

La transición a meteoro: el fenómeno luminoso

Entrada en la atmósfera y ablación

Cuando un meteoroide entra en la atmósfera a unos 80 o 120 kilómetros de altura, el roce con el aire calienta tanto que lo evapora. Ese desgaste por calor forma una estela brillante, es decir, lo que vemos como estrella fugaz.

La ablación, que no se limita a la fricción, es un proceso en el que el aire se aprieta sin perder calor, los gases se cargan y surgen reacciones calientes. El meteorito se deshace trozo a trozo, dejando atrás humo brillante lleno de partículas encendidas.

La altura donde se evapora un meteoroide cambia según lo rápido que vaya, su tamaño y de qué esté hecho. Si es pequeño, pero veloz, desaparece más arriba; si es grande y va despacio, entra más profundamente en la atmósfera.

Factores que influyen en el brillo y color

El resplandor de un meteoro depende sobre todo de tres aspectos: con qué rapidez entra, cuán grande es y de qué está hecho. Cuando los meteoroides viajan a mayor velocidad, ceden mayor cantidad de energía al aire, provocando destellos más intensos.

Los colores de las meteoritos ayudan a descubrir su contenido químico gracias al análisis de la luz que emiten. Mientras el magnesio brilla en azul verdoso, el sodio muestra tonos entre amarillo y naranja. Por otro lado, el hierro da lugar a matices amarillentos; no obstante, el calcio se identifica por sus destellos violáceos. Gracias a estas firmas luminosas, los científicos pueden estudiar qué contienen sin recuperar material físico directamente.

El tiempo que dura un meteoro cambia mucho según el caso. Los micrometeoroides producen destellos muy breves, aunque algunos cuerpos mayores llegan a iluminarse durante segundos, dividiéndose en pedazos visibles al caer.

La llegada a la Tierra: formación de un meteorito

Sobrevivencia de la reentrada

Solamente un porcentaje muy pequeño de los meteoroides logra atravesar la atmósfera y llegar al suelo como meteoritos. La razón principal es que muchos factores influyen en este proceso, entre ellos, las dimensiones con las que entran. A mayor velocidad al ingresar, más difícil resulta mantenerse enteros durante el descenso. 

Asimismo, el ángulo desde donde se acercan modifica considerablemente sus probabilidades reales de llegada. También tiene que ver el tipo de materiales con el que están hechos: algunos resisten mejor el calor extremo. Por ejemplo, aquellos con menos de 10 centímetros apenas consiguen impactar sin desintegrarse antes.

La supervivencia depende de que el meteoroide conserve masa tras quemarse en la atmósfera. Aunque varíen sus características, aquellos más compactos o con estructura sólida suelen llegar al suelo. En este caso, los compuestos principalmente de metal resisten mejor el descenso.

La ruptura al entrar puede generar varios meteoritos desde un único cuerpo inicial, distribuyendo restos por zonas que alcanzan kilómetros cuadrados, con piezas de dimensiones distintas.

Clasificación de meteoritos (rocosos, metálicos, mixtos)

Los meteoritos de tipo rocoso, llamados también condritas, suponen cerca del 86% de las caídas detectadas. Estos incluyen cóndrulos: bolitas minerales creadas en el disco protoestelar temprano; por eso guardan información sobre cómo era todo al surgir el sistema planetario.

Los meteoritos de metal suman cerca del 5% en caídas; sin embargo, representan el 60% de los hallazgos, ya que aguantan mejor la intemperie y se reconocen con mayor facilidad. Se forman sobre todo por combinaciones de hierro y níquel, presentando diseños cristalinos especiales conocidos como figuras de Widmanstätten.

Los meteoritos mixtos son muy escasos, apenas superan el 1%. Comprenden palasitos y mesosideritos, originados en zonas limítrofes entre capas metálicas y rocosas de asteroides con estructura definida.

Importancia científica de los meteoroides y meteoritos

Ventanas al origen del sistema solar

Los meteoritos son muestras directas del sistema solar primitivo, conservando situaciones y fenómenos de hace 4.600 millones de años. Algunos de los más antiguos incluyen partículas creadas antes del Sol, originadas en estrellas previas.

El estudio de isótopos en meteoritos ayuda a entender cuándo se formaron los planetas, junto con eventos como la acumulación de material o la separación interna. Esta información no puede conseguirse solo mirando por telescopio.

Finalmente, en las condritas carbonáceas se encontraron sustancias orgánicas avanzadas junto con agua; por lo que los compuestos básicos para la vida ya existían en las fases iniciales del sistema solar.

Riesgos de impacto terrestre

A pesar de ser muy poco comunes, los choques con meteoroides grandes son una amenaza tangible para la humanidad. Lo ocurrido en Tunguska hace más de un siglo es la prueba de que objetos no tan grandes pueden liberar grandes cantidades de energía; arrasaron unos 2.000 kilómetros cuadrados de taiga rusa.

Los actuales sistemas de vigilancia, como Catalina Sky Survey junto con LINEAR, observan sin parar el espacio en busca de cuerpos que podrían ser peligrosos. Aun así, los objetos más pequeños de 50 metros resultan complicados de identificar a tiempo.