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Multiverso

Pocas ideas en la física moderna resultan tan desconcertantes como la del multiverso. Durante siglos pensamos que el universo lo era todo: todo el espacio, toda la materia, todo el tiempo. Fin de la historia.

Pero en las últimas décadas algunos físicos han empezado a plantear algo mucho más radical. Y bastante más extraño. Tal vez nuestro universo no sea el único.

Tal vez sea sólo uno entre muchos. Entre muchísimos. Entre una cantidad tan grande de universos que la palabra “muchos” se queda corta.

En ese escenario existirían otros cosmos completos, cada uno con su propio espacio, su propio tiempo y quizá sus propias leyes físicas. Universos donde las estrellas nacen de otra forma. Universos donde la materia se comporta de manera distinta. Universos donde la historia del cosmos siguió caminos totalmente diferentes.

La idea suena a ciencia ficción. Pero lo sorprendente es que no nació en la ciencia ficción. Nació en las ecuaciones.

¿Qué es realmente el multiverso?

El multiverso no es una teoría única. Es más bien una familia de hipótesis que comparten una idea central: el universo que observamos podría ser solo una pequeña parte de una realidad muchísimo mayor. El problema es que nuestro conocimiento del cosmos tiene un límite físico.

Ese límite se llama universo observable. La luz tarda tiempo en viajar. Desde el Big Bang han pasado unos 13.800 millones de años. Eso significa que solo podemos ver objetos cuya luz ha tenido tiempo de llegar hasta nosotros en ese intervalo.

Más allá de esa frontera, el universo podría continuar… pero nunca podremos verlo. Y ahí aparece la primera posibilidad inquietante: si el espacio continúa indefinidamente más allá de nuestro horizonte, entonces el cosmos podría ser enorme o incluso infinito.

Si es infinito, ocurre algo curioso desde el punto de vista matemático. Con suficientes regiones de espacio, todas las configuraciones posibles de materia terminarían repitiéndose.

En algún lugar absurdamente lejano podría existir otra galaxia idéntica a la nuestra. Otro sistema solar igual. Otra Tierra. Incluso otra versión de ti leyendo esto.

Universos paralelos: una forma intuitiva de entenderlo

Cuando se explica el multiverso suele recurrirse a una imagen muy sencilla: la de universos paralelos. No es exactamente así como lo describen las teorías físicas, pero ayuda a visualizar la idea.

Imagina que el cosmos es tan grande que contiene infinitas regiones separadas. Cada una evoluciona de forma ligeramente distinta dependiendo de cómo se distribuyó la materia al principio. En algunas regiones la historia del universo fue parecida a la nuestra. En otras, completamente distinta.

Podría existir un universo donde los dinosaurios nunca se extinguieron. Otro donde la humanidad nunca apareció. Otro donde la Tierra jamás se formó.

No se trata de mundos en otra dimensión escondida detrás de una puerta secreta, como en muchas películas. Simplemente están tan lejos que la luz nunca llegará de uno a otro.

Los cuatro tipos de multiverso

El cosmólogo Max Tegmark propuso una clasificación bastante útil para ordenar estas ideas. Divide el multiverso en cuatro niveles, cada uno más extraño que el anterior.

Nivel I: el universo infinito

Es la versión más conservadora. Si el universo es infinito y la materia se distribuye de forma más o menos uniforme, entonces debe haber regiones del espacio muy parecidas a la nuestra.

A distancias absurdamente grandes —mucho más allá de cualquier galaxia imaginable— podrían existir copias de nuestra región del universo.

Las estimaciones sugieren que una copia idéntica de nuestro volumen observable podría encontrarse a unos 10^10^29 metros de distancia. Un número tan grande que prácticamente escapa a la intuición humana.

Nivel II: universos burbuja

Aquí entra en juego la inflación cósmica, una teoría muy aceptada sobre los primeros instantes del universo. Según este modelo, justo después del Big Bang el espacio experimentó una expansión brutal. Durante una fracción de segundo el universo se infló como un globo cósmico.

Pero algunos modelos sugieren algo aún más extraño: esa inflación podría seguir ocurriendo en otras regiones del espacio. Mientras algunas zonas dejan de inflarse y forman universos como el nuestro, otras continúan expandiéndose.

El resultado sería algo parecido a un espacio lleno de burbujas cósmicas. Cada burbuja sería un universo distinto.

Nivel III: los muchos mundos cuánticos

Aquí entramos en terreno todavía más desconcertante. En la interpretación de muchos mundos de la mecánica cuántica, propuesta por Hugh Everett en 1957, cada evento cuántico genera múltiples resultados que ocurren en realidades distintas.

Imagina una partícula que puede tomar dos caminos posibles. En la física cuántica clásica se dice que el resultado se decide cuando medimos. Everett propuso otra idea: ambos resultados ocurren, pero en universos diferentes. La realidad se estaría ramificando constantemente. Cada posibilidad se convierte en un universo.

Nivel IV: el universo matemático

El último nivel es el más radical. Según Tegmark, cualquier estructura matemática consistente podría corresponder a un universo real.

Es decir: todas las matemáticas posibles existirían físicamente. En ese escenario habría universos con leyes físicas completamente distintas a las nuestras. Universos donde la gravedad funciona de otra manera. Universos donde las partículas son diferentes. O universos donde la física tal y como la conocemos simplemente no existe.

¿Existe alguna prueba del multiverso?

Aquí aparece el gran problema. De momento no tenemos evidencia directa de que otros universos existan:

  • No podemos verlos.
  • No podemos medirlos.
  • No podemos interactuar con ellos.

Por eso muchos científicos consideran el multiverso una idea fascinante… pero todavía especulativa. Aun así, algunas teorías físicas muy sólidas apuntan indirectamente hacia esa posibilidad.

Una de ellas es la inflación cósmica. Otra es la teoría de cuerdas, que sugiere la existencia de muchísimas configuraciones posibles de las leyes físicas. Si esas configuraciones pueden existir, quizá cada una corresponda a un universo diferente.

El multiverso y la cultura popular

Aunque hoy lo discuten cosmólogos y físicos teóricos, el multiverso lleva décadas fascinando a la cultura popular.

Aparece en los cómics de Marvel, en las películas de Doctor Strange, en las locuras interdimensionales de Rick and Morty o en historias clásicas de ciencia ficción. La idea tiene algo irresistible: la posibilidad de que existan versiones alternativas de nosotros mismos viviendo vidas diferentes.

Otra historia.
Otras decisiones.
Otro destino.

Puede que nunca podamos demostrar si esos universos existen realmente. Pero solo imaginar esa posibilidad ya cambia la forma en que vemos el cosmos.

Porque si el multiverso es real, entonces nuestro universo —con todas sus galaxias, estrellas y planetas— podría ser solo uno entre infinitos mundos posibles.