Borrascas atlánticas vs borrascas mediterráneas: dos formas muy distintas de llover en España
El origen de las borrascas condiciona su tamaño, movimiento e intensidad. Atlánticas y mediterráneas explican lluvias muy distintas en España.
Mar Gómez
En España hablamos a menudo de borrascas, pero no todas se forman igual ni producen los mismos efectos. La clave está en dónde nacen, qué energía las alimenta y qué tipo de tiempo dejan a su paso.
Las dos grandes protagonistas son las borrascas atlánticas y las borrascas mediterráneas, y entender sus diferencias ayuda a explicar por qué llueve de forma tan distinta en unas zonas y otras del país.
Borrascas atlánticas: grandes, móviles y persistentes
Las borrascas atlánticas se forman en el Atlántico Norte, normalmente asociadas al frente polar, donde chocan masas de aire frío y cálido.
Su energía principal procede del contraste térmico entre latitudes: aire frío polar frente a aire más templado subtropical. Son sistemas muy extensos, con frentes bien definidos (frente frío, cálido y ocluido) y una estructura organizada.

Cuando alcanzan la Península Ibérica suelen entrar por el oeste o noroeste, afectando primero a Galicia, el Cantábrico y el oeste peninsular, y desplazándose después hacia el interior. Sus precipitaciones suelen ser continuas y generalizadas, menos intensas que las mediterráneas, pero más duraderas. Son las responsables de los episodios de lluvias prolongadas que recargan embalses y acuíferos.
Borrascas mediterráneas: pequeñas, intensas y muy localizadas
Las borrascas mediterráneas se forman sobre el mar Mediterráneo, un mar relativamente pequeño pero muy cálido, especialmente a finales de verano y en otoño. Aquí la energía no proviene tanto del choque entre masas de aire lejanas, sino del calor y la humedad acumulados en el mar.
Cuando una bolsa de aire frío en altura (como una DANA) se sitúa sobre el Mediterráneo, el contraste entre el aire frío en altura y el mar caliente debajo dispara la inestabilidad.
El Mediterráneo actúa como un combustible: evapora grandes cantidades de agua, que luego se condensan, liberando energía y reforzando la borrasca.

Estas borrascas suelen ser más pequeñas, se mueven despacio o incluso quedan casi estacionarias, y generan precipitaciones muy intensas en poco tiempo.