El mar Mediterráneo registró temperaturas más altas de la media en los años 2024 y 2025
Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología revelan que durante los años 2024 y 2025, la temperatura superficial del Mediterráneo se mantuvo generalmente por encima de la media.
Sergio Delgado Martorell
El Mediterráneo volvió a mostrar signos claros de calentamiento persistente en los años 2024 y 2025.
Las temperaturas superficiales continuaron siendo elevadas en relación con los valores climáticos normales. Lo cual no hace otra cosa que confirmar la tendencia que se viene observando en la última década: nuestro mar se calienta de forma progresiva y sin pausa a la vista.
Este comportamiento no sólo se sostiene en el tiempo. Sino que, además, se expande uniformemente por vastas zonas de dicha cuenca.
Y es que, la historia térmica del Mediterráneo no puede interpretarse como un evento aislado. Es un mar sensible a los cambios atmosféricos y de corrientes, y por ello eso es un termómetro del calentamiento global.
El calor que se almacena en sus aguas es un indicador directo de los desequilibrios energéticos del sistema climático, con impactos ambientales y sociales.
Un Mediterráneo cada vez más y más cálido
Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología revelan que durante los años 2024 y 2025, la temperatura superficial del Mediterráneo se mantuvo generalmente por encima de la media del anterior periodo de referencia, es decir el del 1991-2020.
Las anomalías térmicas positivas fueron dominantes en ambos años, reduciendo los periodos considerados como normales.
Solo en contadas ocasiones se aproximó a la normalidad. Estos eventos se concentraron a finales de julio, principios de agosto y mediados de octubre, en el mismo orden ambos años.
Su brevedad y escasez refuerzan la teoría de que estas fases son más una característica estructural del calentamiento que algo meramente estacional.
El calentamiento oceánico es un problema global
El Mediterráneo es solo un caso más dentro de un mapa mucho más grande, el de las consecuencias del cambio climático.
En 2025, la revista científica Advances in Atmospheric Sciences publicó que los océanos del mundo alcanzaron el mayor nivel de calor acumulado desde que comenzaron las mediciones modernas.
Este nuevo récord amplía una racha de máximos históricos anuales que se repite desde hace nueve años.

El estudio reveló que el calentamiento del mar no es uniforme. Los trópicos contienen la mayor parte del exceso de calor, pero el Atlántico Sur, el Pacífico Norte y el océano Austral también son importantes.
Estas alteraciones espaciales impactan en la circulación oceánica y atmosférica, intensifican eventos extremos y alteran los ecosistemas marinos.
Datos contundentes y alta fiabilidad científica
Para ello, los astrónomos combinaron datos de algunos de los mayores telescopios del mundo.
Entre ellos, Copernicus Marine, el Instituto de Física Atmosférica de la Academia China de Ciencias, NOAA/NCEI de EEUU y un metanálisis oceánico global que reúne datos de Asia, Europa y América.
Todos los indicadores mostraron que en 2025 el contenido de calor del océano fue el más alto jamás registrado.
Este mide el calor almacenado en el agua y es el mejor indicador para monitorear el cambio climático a largo plazo ya que no se ve afectado por el clima a corto plazo.
Su evolución confirma, si es que había alguna duda, el calentamiento global oceánico.
El Atlántico cercano a Canarias y las variaciones regionales
En el Atlántico, frente a las Islas Canarias, también tuvo lugar temperaturas superiores a la media climática en 2025.
A pesar de esta tendencia hubo, eso sí, algunos episodios más fríos de lo normal, especialmente a principios de marzo, entre finales de septiembre y mediados de octubre y en diciembre respectivamente.
Unas caídas puntuales que, por otra parte, no alteraron la tendencia anual y, además, demuestran cómo de complejos son los procesos oceánicos.
Los vientos alisios, los afloramientos de aguas profundas y las corrientes son quienes deciden cómo se distribuye el calor.
El calentamiento progresivo del agua del mar impacta en la biodiversidad, la pesca y el turismo, y en el coste de adaptación de las costas a un clima cambiante.
Y lo peor: nada indica que esto vaya a detenerse en los años venideros. Al contrario.