Castilla y León celebra un nacimiento clave para salvar al urogallo cantábrico
Nacen los primeros pollos de urogallo en Valsemana tras una puesta récord que abre una fase clave para su conservación.
Barbara
El centro de cría de Valsemana entra ahora en una fase decisiva para sacar adelante al mayor número posible de ejemplares
Los primeros pollos de urogallo cantábrico ya han roto el cascarón en el centro de cría de Valsemana, en León.
Lo hacen después de una temporada marcada por una cifra especialmente llamativa: 115 huevos registrados, un dato que abre una ventana de esperanza para una de las especies más amenazadas de la Cordillera Cantábrica.
La Junta de Castilla y León ha compartido las primeras imágenes de los pollitos, casi tras nacer, en un vídeo que resume meses de trabajo silencioso por parte del Centro. Pero lo más importante del hito comienza ahora, con una etapa tensa, delicada y decisiva, en la que cada día cuenta.
El futuro del urogallo cantábrico en Castilla y León
El urogallo cantábrico atraviesa desde hace décadas una situación crítica. S
u recuperación depende de muchos factores, pero la cría en cautividad se ha convertido en una herramienta esencial para reforzar una población que ha ido perdiendo presencia en la montaña cantábrica.

En ese esfuerzo, Valsemana ocupa ya un lugar imprescindible. Ya que la temporada pasada consiguió sacar adelante 76 pollos, una cifra de gran valor dentro del programa de conservación.
Ahora, tras este récord, el reto vuelve a empezar ya que esos primeros días de vida son cruciales para abrir paso en la vida de estos ejemplares.
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El trabajo del equipo técnico será decisivo. Temperatura, alimentación, vigilancia sanitaria y manejo diario forman parte de una rutina minuciosa, casi silenciosa, donde cualquier variación puede influir en la evolución de los pollos.
Porque no basta con que nazcan. El verdadero desafío empieza después: conseguir que crezcan.
Las imágenes que el centro ha puesto a disposición de la ciudadanía, dejan una prudente sensación de esperanza.
Cada nuevo urogallo representa una oportunidad frágil y necesaria para una especie que necesita tiempo, hábitat adecuado y seguimiento constante para recuperar parte del terreno perdido durante las últimas décadas.
Pero todavía quedan hitos por lograr en este largo camino de la conservación del urogallo, ya que la cría en cautividad es solo una parte del proceso.
La recuperación real dependerá también de la supervivencia de los ejemplares que se vayan liberando, del hábitat y de que se topen con el menor número de amenazas que todavía pesan sobre esta especie emblemática.