China parte hacia la Antártida en busca de pistas sobre el cambio climático

Sergio Delgado Martorell

China tiene un nuevo y paradójico objetivo. El gigante asiático acaba de iniciar una travesía polar desde la ciudad de Shanghái hasta la misma Antártida para estudiar las consecuencias del cambio climático.

Y lo hace con datos irrefutables sobre la mesa: Con 12.700 millones de toneladas de CO₂, es uno de los países más contaminantes del Planeta.  Representando casi el 26% del total de emisiones de CO₂ que se producen cada año.

No obstante, se trata también de una de las investigaciones más ambiciosas que se han hecho nunca y cuyo estudio se prolongará durante algo más de siete meses.

En el viaje han partido un conjunto de especialistas en diferentes ramas: ciencias atmosféricas, biología marina, ingeniería polar o geología, entre otros.

Cómo los cambios del Planeta están alterando el ecosistema de la Antártida

Para esta misión, China no ha escatimado en recursos. Más de 500 profesionales -no solo del país, sino también voces expertas de otros países- y un apoyo logístico sin precedentes.

Entre la maquinaria elegida destacan dos rompehielos de última generación que se espera aporten datos nunca antes vistos sobre cuál es la situación de la Antártida y cómo ha podido cambiar en las últimas décadas e incluso siglos.

Los buques Xuelong de última generación

La expedición contará con dos rompehielos de última generación. Una nueva proeza técnica con la que China promete sorprender al mundo.

Se trata de los buques Xuelong y Xuelong 2, capaces de navegar entre enormes placas de hielo sin problema alguno y pese al espesor y el grosor de las mismas. Su función es ir creando una ruta, a la par que ir recogiendo información para su análisis.

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Fuente de la imagen: Pixabay

Los buques Xuelong están compuestos por cámaras de observación, estaciones meteorológicas temporales, sensores oceanográficas y dispositivos ultra  modernos -incluso apoyados por inteligencia artificial-, capaces de recoger información muy valiosa para los análisis posteriores.

Entre los datos a recopilar: variaciones de salinidad, corrientes marinas, temperatura y toda aquella vinculada a la biología que permita saber cuál es el estado actual de la Antártida y si el cambio climático también está haciendo estragos en ella.

La flota esta compuesta por profesionales de muy diferentes países ya que el objetivo, según China, es fortalecer los lazos entre los diferentes estados involucrados, conseguir un consenso común y lograr la mayor transparencia posible en aras de la verdad y la evidencia científica.

La otra misión: la estación de Qinling

La expedición también tiene como objetivo analizar y evaluar la consolidación de la estación Qinling, inaugurada hace pocos meses en el mar de Ross.

Concebida como un centro de operaciones a largo plazo, Qinling está compuesta por sistemas de energía limpia y módulos de gestión automatizada. Y además, está fabricada con materiales de alta durabilidad y sensores capaces de regular el consumo energético. Una combinación única de fuentes eólicas, de diésel, hidrógeno y energía solar.

De hecho, se prevé que la estación de Qinling esté en pleno funcionamiento a principios de 2026, lo que ayudará a desarrollar con mayor frecuencia investigaciones científicas a corto y medio plazo. Esta estación también permite misiones de perforación, microbiología en condiciones extremas y glaciología.

¿Qué dicen los lagos ocultos?

La misión china en la Antártida permitirá la perforación de lagos situados bajo tres kilómetros de duro hielo. Unos lagos que se creen toda una cápsula temporal y que podrían esconder información de enorme valor científico.

La perforación hasta llegar a estos lagos ocultos tendrá lugar mediante el uso de agua caliente a alta presión y, también, técnicas de fusión térmica controlada. Todo ello, podría dar con microorganismos que podrían encontrarse ahí aislados durante millones y millones de años. Y, por ende, poder analizar la evolución de la Antártida desde tiempos inmemoriales.

En este sentido, dos zonas serán esenciales. La bahía Prydz y el mar de Amundsen, dos de las regiones donde la disminución de las placas de hielo ha sido más notoria en las últimas décadas.

¿Existe una gran acumulación de gases? ¿se han podido adaptar las especies que han vivido ahí durante miles de años? ¿cómo está cambiando el océano más meridional? Respuestas que China espera tener, eso sí, no antes de 2027.