El CO₂ deja de crecer en China: un cambio que puede marcar época
China podría haber alcanzado su máximo de emisiones en 2024 y este pasado 2025 ya sería un año de reduccion de su huella de carbono
Mario Picazo
Hoy en día China sigue siendo el mayor emisor de dióxido de carbono (CO₂) del planeta. Pero la situación del país asiático empieza a cambiar y podría haber alcanzado un momento clave en su trayectoria climática.
Los datos más recientes indican que las emisiones de carbono de China se han estabilizado y podrían haber comenzado a descender desde 2024.
Hace solo unos años, el objetivo oficial del país era alcanzar su pico de emisiones en 2030. Sin embargo, el que se haya adelantado la fecha de sus objetivos medioambientales tiene implicaciones profundas para la lucha contra el cambio climático.
También las tiene para el cumplimiento de los objetivos climáticos globales firmados hace ya una década.

El freno inesperado del CO₂: China toca techo en 2024
Durante los últimos 18 meses, las emisiones de CO₂ de China se han mantenido planas o ligeramente a la baja, lo que sugiere que el país podría haber alcanzado su pico de emisiones en 2024. En el tercer trimestre de 2025, las emisiones fueron prácticamente iguales a las del mismo periodo del año anterior, consolidando una tendencia que comenzó en marzo de 2024.
La suma de 2024 muestra cómo las emisiones de carbono subieron únicamente un 0,8 %. Es un aumento bastante reducido, que se atribuye en gran medida a la recuperación económica tras la pandemia en los primeros meses del año. Ese momento ha supuesto un punto de inflexión, ya que desde entonces las emisiones han dejado de crecer.
Aunque no se han publicado los datos de 2025, salvo alguna sorpresa de última hora, los datos anuales de ese año podrían incluso reflejar un ligero descenso. De ser así, 2024 habría sido el año de máximas emisiones.
Si se confirma ese nuevo escenario de emisiones para China, sería una grata noticia, ya que se adelantarían las previsiones de llegar a ese momento en 2030.

El giro energético de las renovables a toda máquina en China
El factor que más ha influido en esa estabilización ha sido el rápido crecimiento de las energías renovables y otras fuentes bajas en carbono. Cierto que China crece y la demanda eléctrica sigue aumentando.
Los últimos datos muestran un crecimiento interanual de alrededor del 6 % en el tercer trimestre de 2025 y, a diferencia de lo que suele ocurrir en la mayoría de los países, ese incremento no se ha traducido en más emisiones.
Detrás de ese cambio está el hecho de que la mayor parte de la nueva demanda de electricidad ha llegado de fuentes limpias. Ese mismo trimestre, las energías renovables han tirado del carro al alza, con la generación solar aumentando un 46 % y la eólica un 11 %.
Por otra parte, la producción hidroeléctrica y nuclear también ha subido enteros. En los primeros nueve meses de 2025, China ya iba camino de batir de nuevo su propio récord anual.
El aumento de estas fuentes es responsable de cerca del 90 % del crecimiento de la demanda eléctrica que ha llegado sin huella de carbono. Más crecimiento económico, más demanda, pero a la vez más energía limpia han mantenido al sector eléctrico estable.
Ese despliegue masivo de energías limpias ha evitado un aumento notable del uso del carbón para producir electricidad y se ha notado en muchas regiones del país.
Motores eléctricos y fábricas a la baja en carbono
China avanza hacia la descarbonización en un buen número de sectores. Uno de ellos es el de los vehículos eléctricos, que han sido uno de los pilares más fuertes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
El uso de combustibles fósiles ha bajado en el tercer trimestre de 2025, y las emisiones derivadas del uso de gasolina y diésel descendieron alrededor de un 5 % interanual.
Ha bajado también la actividad en el sector inmobiliario y, por lo tanto, se ha reducido la demanda de materiales para la construcción que contribuyen de manera significativa al aumento de las emisiones de carbono.
El cemento y el acero son dos de los productos del mercado con mayores huellas de carbono, y los dos han experimentado un descenso en su demanda.
Un dato menos positivo es el del aumento de la industria química y la producción de plásticos, que sigue creciendo a buen ritmo. En los tres primeros trimestres de 2025, la producción de plásticos ha ido subiendo y los datos muestran un incremento de entre un 10 % y un 12 %. Un crecimiento relacionado con el aumento del uso de envases y la demanda de comer a domicilio.
Ha aumentado, por lo tanto, el uso de combustibles para fines petroquímicos, pero por lo menos ese aumento de la huella de carbono se ha visto compensado por la caída del uso de combustibles fósiles en el transporte.
El objetivo, por lo tanto, para mejorar ese dato pasa por introducir un mayor uso de las energías renovables en ese sector químico de la industria.
Un granito de arena para lograr los objetivos climáticos globales
En la actualidad China sigue siendo un gigante de la contaminación, ya que es responsable de cerca del 30 % de las emisiones mundiales de CO₂. Por eso, lo que haga el país asiático en materia de emisiones determina en gran medida la trayectoria global.
Si se confirma el dato de que el pico de emisiones llegó en 2024 y logra iniciar una reducción sostenida, el impacto sobre el clima global sería enorme.
Esto es, por lo menos, esperanzador, aunque la evolución de la economía global siempre manda y controla estas tendencias. China se ha comprometido a reducir sus emisiones entre un 7 % y un 10 % por debajo del pico para 2035, además de alcanzar la neutralidad de carbono en 2060.
Por lo menos, si 2024 se convierte en el pico madrugador que todos creemos que han alcanzado hoy, será más fácil alcanzar los objetivos marcados. A la larga, ese pico temprano ofrece margen adicional para cumplir con los planes de futuro y ayudar a limitar el calentamiento global a 1,5 °C.
China es uno de los pilares de ese reto, pero hay muchos otros países que deben seguir la misma trayectoria para conseguirlo. Además, China debería acelerar mucho más en materia de descarbonización, pese a los brotes verdes de estos últimos meses.