China y Mongolia unen fuerzas contra las tormentas de arena

Los dos países asiáticos bucan soluciones urgentes contra las tormentas de arena que eviten el aumento del polvo en suspension limitando la degradacion de suelos en la región

Mario Picazo

Este 2025 la cooperación entre China y Mongolia frente a las tormentas de arena está siendo un ejemplo a nivel global de como atajar los problemas ambientales que cruzan fronteras y necesitan respuestas compartidas. Las tormentas de arena y polvo que nacen en el desierto de Gobi y en la meseta mongola no entienden de fronteras políticas. 

En esa inhóspita región, los vientos en primavera arrastran las tormentas de arena y polvo miles de kilómetros. Son tormentas devastadoras que llegan a ciudades del norte de China, a la península coreana y a Japón. El fenómeno no es nuevo pero las observaciones en superficie y satelitales muestran como ocurren cada vez más y el fenómeno sigue creciendo. 

Una gran tormenta de arena recorre el nordeste de China hacia las aguas del Pacífico. Imagen: NASA

Un fenómeno amplificado por el cambio climático 

Su duración e intensidad ha estado condicionada por el cambio climático, la degradación del suelo y la presión humana. Los tres factores han dejado una importante huella en los ecosistemas de la región deteriorándolos progresivamente. Los más afectados se encuentran en las zonas de estepa y desierto donde la vegetación ha disminuido claramente. 

El sobrepastoreo, la minería y la expansión de infraestructuras reduce la vegetación. Si a eso sumamos un clima cada vez más árido con vientos más intensos, y una constante degradación del suelo por la presión humana, los ecosistemas van perdiendo el equilibrio que los ha caracterizado durante años.

El problema de las tormentas de arena no es nuevo, pero en los últimos años se ha convertido en uno más visible y de mayor impacto económico. Las tormentas de arena reducen la calidad del aire y aumentan el riesgo para la salud respiratoria. También afectan el transporte aéreo y el transporte terrestre aparte de dañar los cultivos. 

Tormentas de arena que degradan el suelo

En los últimos años la creciente actividad se asocia con la pérdida de suelo fértil, y el que pongan en peligro los medios de vida para las comunidades rurales que viven de la agricultura y de las comunidades ganaderas. 

En Mongolia, la economía pastoral depende y mucho de la buena salud de las praderas. La degradación del suelo en Mongolia expone las grandes superficies al viento. Mientras en China, las regiones del norte y noroeste del país han sufrido la desertificación durante décadas. Los efectos de la desertificación han golpeado directamente a ciudades donde vive mucha gente.

Ante este escenario desolador, en 2025 arranca una colaboración bilateral de los dos países asiáticos para apoyar una estrategia. Se busca sobre todo reducir la generación de polvo en origen. El objetivo es minimizar los daños causados cuando grandes esas tormentas de arena recorren amplias superficies. 

Fuente: Sitio web oficial del Ministerio de Asuntos Civiles de la República Popular China.

China y Mongolia unen fuerzas contra la arena

La colaboración bilateral coordina esfuerzos de restauración del territorio tanto en la meseta mongola como en amplias zonas afectadas del Gobi. Antaño se planteaba usar como arma de defensa la reforestación. Hoy la colaboración bilateral plantea soluciones que incluyen intervenciones que ajustan el ecosistema. 

Los técnicos combinan los cinturones de bosque, donde el clima y el agua permiten la intervención. Con la recuperación de los pastizales, la plantación de los arbustos que aguantan la sequía y la estabilización de las dunas se espera una mejoría de las condiciones. 

Los expertos consiguen que el suelo tenga más rugosidad y reducen la velocidad del viento cerca del suelo. De esta manera se evitan fracasos y mejoran la supervivencia de la vegetación con el tiempo. El uso de tecnologías inteligentes es la vía más novedosa para luchar contra la desertificación. 

El gobierno chino ya está usando máquinas y sistemas de vigilancia con satélites y drones. Con estas tecnologías inteligentes consiguen detectar los principales focos de polvo. Las tecnologías inteligentes también ayudan a medir si las intervenciones que se aplican funcionan debidamente. 

Energía renovable para regenerar la vegetación

Los ingenieros implicados han desarrollado proyectos que combinan una fuente de energía renovable y que aprovechan las estructuras de las plantas solares en las zonas desérticas. Colocan los paneles de las plantas solares de forma que la estructura frena el viento, sombrea el suelo y permite que la vegetación crezca bajo los paneles. 

La solución híbrida combina la producción de energía con el control de la erosión. Los desarrolladores del proyecto consideran que el proyecto es una herramienta que se puede exportar al marco de cooperación con Mongolia e incluso a otros países en un futuro.

Las tormentas de arena entre China y Mongolia son cada vez más frecuentes e intensas. Fuente: Unsplash

Mejorar las alertas tempranas pieza fundamental 

El segundo pilar de la colaboración en 2025 es el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia y alerta temprana. La restauración del suelo ayuda a que el terreno mejore y los beneficios de la restauración suelen llegar después de un tiempo de actuación. 

Hay que anticipar las tormentas para reducir lo antes posible el impacto. China y Mongolia comparten los datos meteorológicos, las observaciones del suelo y los datos satelitales. 

Ya trabajan para armonizar los modelos de predicción de polvo y gracias a esta cooperación, los episodios recientes de tormentas de arena han podido ser detectados con mayor antelación. Todo ello permite emitir avisos a la población, ajustar horarios escolares y laborales, proteger al ganado y mejorar la seguridad del transporte.

El reconocimiento de que las soluciones deben respetar las realidades ecológicas y culturales de cada país también es importante. Por ejemplo en Mongolia la gente muestra precaución ante la idea de colocar las barreras forestales grandes en los paisajes que siempre han sido las estepas abiertas. 

El diálogo técnico entre China y Mongolia de 2025 propone que los bosques crezcan donde los bosques sean realmente viables, pero también propone praderas bien cuidadas. Los arbustos y las prácticas de pastoreo sostenible se plantean para reducir la presión sobre el suelo. Este enfoque compartido refleja una evolución hacia políticas más flexibles y basadas en la ciencia, rompiendo con los moldes tradicionales del pasado.