Construimos una ciudad como Nueva York al mes con este impacto en el clima
El mundo construye cada mes el equivalente a una ciudad como Nueva York. Un nuevo estudio revela el enorme impacto de los edificios y el cemento sobre el cambio climático y cómo podemos reducir sus emisiones
Mario Picazo
La población global crece en torno a 70 millones al año y cada vez necesitamos más viviendas, colegios, hospitales, oficinas e infraestructuras. El crecimiento de la población y la rápida expansión de las ciudades están provocando una demanda de nuevos edificios difícil de imaginar. Una comparación permite comprender su verdadera magnitud, cada mes se construye en el planeta una superficie edificada equivalente aproximadamente a una ciudad como Nueva York.
Este enorme desarrollo urbano genera un problema que muchas veces pasa inadvertido. Construir implica aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero. Por eso es esencial que los edificios sean más eficientes y la electricidad proceda cada vez más de fuentes renovables, el impacto climático de fabricar cemento, acero, vidrio y otros materiales adquirirá un protagonismo creciente.
Para entender mejor el impacto, expertos de varios centros de investigación han realizado un estudio que pone cifras a este desafío. En él se advierte que la manera en que construyamos las ciudades durante las próximas décadas será determinante para cumplir los objetivos climáticos.

El enorme desafío de construir las ciudades del futuro
La construcción de nuevos edificios es inevitable. En muchas regiones del planeta existe un importante déficit de vivienda y la urbanización continúa avanzando a gran velocidad. Se estima que serían necesarias alrededor de 96.000 viviendas nuevas y asequibles cada día para responder a las necesidades existentes a escala mundial.
El problema no es si construimos más o menos, sino cómo construimos. Las proyecciones apuntan a que para 2050 cerca del 70% de la población global vivirá en ciudades. Ese futuro escenario implica un aumento considerable de la construcción en muchos aspectos, dado que ahora mismo no hay infraestructuras suficientes para que las ciudades absorban tanta población.
Por eso, cada metro cuadrado incorporado al entorno, requiere materias primas, energía, transporte y maquinaria. Antes incluso de que alguien encienda la calefacción, el aire acondicionado o las luces de un edificio, ya se ha generado una considerable huella climática.

Qué es el carbono incorporado de los edificios
Cuando pensamos en las emisiones de un edificio solemos imaginar la electricidad necesaria para iluminarlo o la energía empleada para calentarlo y refrigerarlo. Son las llamadas emisiones operativas. Pero existe otra parte de su huella de carbono que comienza mucho antes de que el edificio abra sus puertas.
La extracción de las materias primas, la fabricación de cemento y acero, el transporte de los materiales, el funcionamiento de la maquinaria y el propio proceso de construcción generan grandes cantidades de gases de efecto invernadero.
Todo ello forma parte del carbono incorporado
Como referencia de la magnitud del problema, la construcción de un solo metro cuadrado de superficie puede generar alrededor de media tonelada de gases de efecto invernadero, aunque la cantidad varía considerablemente dependiendo del edificio, los materiales utilizados y la forma de construcción. Con esa cifra de millones de metros cuadrados que se construyen cada año en el mundo, el impacto climático adquiere una dimensión enorme.
El cemento es uno de los grandes responsables
Entre los materiales que más preocupan se encuentra el cemento, imprescindible para fabricar hormigón y, por tanto, para levantar buena parte de las ciudades modernas.
Su problema climático tiene una doble vertiente. Por un lado, producirlo requiere temperaturas extremadamente elevadas y, por otro, las propias reacciones químicas necesarias para fabricar clínker liberan dióxido de carbono.
La producción de cemento representa aproximadamente el 8 % de las emisiones mundiales de CO₂, lo que permite hacerse una idea del enorme impacto climático asociado a uno de los materiales más utilizados del planeta. A ello hay que sumar la fabricación de acero, aluminio, vidrio y otros componentes habituales de los edificios.
Las emisiones de los edificios están cambiando
El nuevo estudio ha analizado la evolución de las emisiones asociadas a los edificios de oficinas en Australia y ofrece una interesante perspectiva de lo que podría ocurrir en otras economías que están descarbonizando rápidamente su sistema eléctrico.
Australia dispone actualmente de alrededor de 170 millones de metros cuadrados de oficinas y podría añadir otros 100 millones de metros cuadrados hasta 2049. Los investigadores calcularon tanto las emisiones generadas durante la construcción como las producidas posteriormente por el funcionamiento de los edificios.
Los resultados del estudio muestran que los edificios de oficinas analizados podrían generar alrededor de 138 millones de toneladas de gases de efecto invernadero entre 2024 y 2049. Pero más interesante aún que la cantidad de las emisiones es cómo cambiará su origen.

La electricidad renovable cambia la huella climática de los edificios
En 2024, alrededor del 85 % de las emisiones estudiadas correspondían al funcionamiento de los edificios, mientras que el carbono incorporado representaba una proporción mucho menor. La buena noticia es que en un futuro, esta relación podría invertirse radicalmente durante las próximas décadas.
La expansión de la energía solar y eólica, junto con la electrificación y una mayor eficiencia energética, permitirá reducir considerablemente las emisiones asociadas a iluminación, calefacción, refrigeración y otros consumos.
De los resultados publicados en el estudio, se destaca que las emisiones operativas podrían representar solamente alrededor del 15 % del total en 2049. Otro tema es el del carbono incorporado, ya que es mucho más difícil de eliminar porque depende de industrias pesadas y procesos de fabricación que todavía utilizan grandes cantidades de combustibles fósiles.
Esto significa que construir el edificio podría terminar generando mucho más impacto climático que utilizarlo durante décadas.
El carbono de la construcción el gran problema
Los investigadores estiman que durante la próxima década el carbono incorporado podría superar a las emisiones operativas como principal fuente de gases de efecto invernadero asociada a los edificios estudiados. Este cambio tiene importantes consecuencias para las políticas climáticas.
Durante años, gran parte del esfuerzo se ha concentrado en conseguir edificios que consuman menos energía mediante un mejor aislamiento, ventanas más eficientes, iluminación LED, bombas de calor o sistemas inteligentes de climatización. Todas estas medidas siguen siendo fundamentales.
Pero ya no será suficiente con construir edificios energéticamente eficientes. También tendremos que conseguir edificios con una huella de carbono mucho menor desde el momento en el que comienzan a construirse.
La reforma de edificios mejor solución que derribarlos
Como con muchos otros productos que utilizamos, una de las soluciones más efectivas puede ser la de aprovechar lo que ya tenemos. Demoler un edificio y construir otro desde cero implica fabricar nuevamente toneladas de hormigón, acero, vidrio y otros materiales. Siempre que las condiciones estructurales lo permitan, rehabilitar o transformar un inmueble existente puede ahorrar una enorme cantidad de emisiones.
Como ejemplo a seguir está el de un edificio en la ciudad australiana de Sídney. La Quay Quarter Tower. Se construyó en la década de 1970, necesitaba una profunda renovación. En lugar de demoler completamente el edificio, el proyecto aprovechó aproximadamente dos tercios de la estructura existente y la integró en la nueva torre.
Con la renovación del edificio se consiguió aumentar la superficie disponible, pero también se evitó el uso de cerca de 8.000 toneladas de carbono incorporado. Es un buen ejemplo de cómo las ciudades pueden crecer sin tener que comenzar siempre desde cero.
Edificios más pequeños y mejor aprovechados
Una de las iniciativas que sugieren los expertos es analizar cuánto espacio realmente necesitamos. Durante décadas, el crecimiento económico ha estado asociado a construir edificios cada vez mayores. Pero también se puede reducir ligeramente su tamaño, compartir determinados espacios y utilizar mejor los inmuebles existentes, lo cual puede tener un efecto climático considerable.
No se trata de dejar de construir viviendas o infraestructuras necesarias, sino de introducir un concepto cada vez más importante en sostenibilidad, la suficiencia. Antes de levantar un edificio nuevo, conviene preguntarse si realmente es necesario, si puede aprovecharse de otro existente o si el proyecto puede realizarse con menos materiales. La respuesta a estas preguntas puede evitar emisiones antes incluso de comenzar las obras.
Reducir las emisiones de la construcción es posible
El estudio analizó diferentes estrategias para disminuir el carbono incorporado. Cuando varias de estas medidas se aplicaron simultáneamente, las emisiones acumuladas del sector de oficinas estudiado podrían reducirse en más de 47 millones de toneladas.
Entre las soluciones se encuentran reutilizar edificios, emplear materiales con menor huella de carbono, reducir la cantidad de materiales necesarios, prolongar la vida útil de las construcciones y diseñar edificios más pequeños y eficientes.
También será fundamental desarrollar nuevos cementos, mejorar el reciclaje del acero y aumentar el uso de materiales recuperados. La economía circular puede adquirir aquí una importancia enorme: los edificios antiguos pueden convertirse en auténticos bancos de materiales para las ciudades del futuro.
Europa ya comienza a limitar el carbono de los edificios
El problema es que las normativas de numerosos países continúan concentrándose principalmente en la eficiencia energética durante la vida útil del edificio y prestan mucha menos atención a las emisiones generadas durante su construcción.
Países europeos como Dinamarca, Finlandia, Francia, Países Bajos y Suecia ya han introducido diferentes mecanismos para controlar o limitar el carbono incorporado en los edificios. También empieza a extenderse el concepto de rehabilitar primero, según el cual antes de autorizar la demolición de determinados edificios debe estudiarse seriamente la posibilidad de reformarlos o reutilizarlos.
Las ciudades decisivas en la lucha contra el cambio climático
Durante las próximas décadas, millones de personas se trasladarán a las ciudades y será necesario construir una enorme cantidad de viviendas, centros educativos, hospitales, oficinas y otras infraestructuras.
La transformación del sector eléctrico hacia las energías renovables permitirá que los edificios del futuro generen muchas menos emisiones durante su funcionamiento. Precisamente por eso, la atención climática se desplazará progresivamente hacia los materiales utilizados para levantarlos.
La gran revolución de la construcción sostenible puede no consistir únicamente en instalar paneles solares, mejorar el aislamiento o utilizar sistemas inteligentes de climatización. También pasará por reutilizar edificios, fabricar cemento y acero con menos emisiones, recuperar materiales y construir únicamente el espacio que realmente necesitamos.
Si cada mes el planeta añade el equivalente a una ciudad como Nueva York, conseguir que esas nuevas ciudades tengan una huella climática mucho menor será uno de los grandes desafíos de las próximas décadas.