Consumimos el agua del futuro: la «quiebra hídrica» acelera en todo el planeta
Los recursos de agua escasean y ya se habla de ¨quiebra hídrica¨ hasta el punto que algunos sectores como ya lo están viviendo intensamente
Mario Picazo
El planeta se seca en muchas zonas: un recurrente periodo de estrés hídrico que vivimos desde hace años y que hemos bautizado como la era de la «quiebra hídrica». A medida que se agudiza esa crisis del agua, los expertos advierten de una situación en la que la demanda y el deterioro del agua superan la capacidad natural del planeta para reponerla.
Por eso, con el paso de los años, se ha ido aceptando la nueva terminología, a modo de un banco que se queda sin fondos económicos, como si el agua fuera dinero. Se han escrito artículos científicos y elaborado informes mostrando que el problema está directamente relacionado con el cambio climático y con el modelo actual de consumo de recursos naturales.
La naturaleza y el ciclo hidrológico siguen su curso y el agua de la que disponemos depende, entre otras cosas, de procesos naturales complejos. Sin embargo, a medida que crece la población del planeta, aumenta su consumo. Un rápido crecimiento económico y el deterioro medioambiental ya están inclinando la balanza hacia el lado más seco.
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¿Qué hay detrás de la «quiebra hídrica»?
El término ha ido popularizándose a medida que la explotación hídrica ha ido en aumento. Con el paso de los años, muchas zonas del planeta han visto cómo no solo el consumo habitual de agua, sino también su contaminación o sobreexplotación, han superado la capacidad del planeta para regenerar ese recurso.
Estamos viendo cómo ríos, humedales y acuíferos de todo el planeta van perdiendo la capacidad de recuperarse de ese consumo humano. Son cada vez más inestables y, debido especialmente al aumento de la población, se encuentran en desequilibrio. La oferta ya no cubre la demanda de manera regular como ocurría antaño.
La situación no es aplicable a todas las regiones, pero los expertos sí han observado cómo una buena parte de la población global vive en regiones donde tener acceso continuo al agua es cada vez más complicado. En muchas, al menos una vez al año, hay problemas de suministro cada vez más estructurales y no solo puntuales.
El mundo demanda más agua de la que tenemos
Hoy en día existen modelos numéricos capaces de anticipar cómo evolucionará el consumo de agua en diferentes zonas del planeta. A medida que aumenta la población, todo apunta a que el consumo mundial de agua seguirá aumentando década tras década. La expansión de las ciudades y el desarrollo económico son las principales causas de ese incremento.
Como dato relevante, cabe destacar que, si no se aplican medidas de gestión del agua más eficientes, para 2030 la demanda global podría superar el suministro disponible en torno a un 40 %. También destaca el aumento del uso total de agua, ya que podría aumentar entre un 20 % y un 50 % hacia mediados de siglo.
Para el año 2030, la demanda global podría superar el suministro disponible en torno a un 40 %.
Cuánto aumente va a depender de cómo nos desarrollemos de rápido y de cómo nos afecte el cambio climático. En lo alto de la lista de sectores consumidores de agua está la agricultura.
Le sigue la industria y el uso urbano, pero un sector que gana enteros en el global de consumo es el doméstico. En los últimos años ha subido como la espuma a medida que se ha mejorado la calidad de vida en muchas regiones del planeta.

El factor amplificador del cambio climático
Los estudios realizados que relacionan el cambio climático con el aumento de la crisis hídrica coinciden en que la actividad humana ha ido modificando el ciclo natural del agua. Lo más notable ha sido el aumento continuo de las temperaturas a escala global. También han cambiado los patrones de precipitación, generando más sequía en algunas regiones.
El acelerado deshielo de los glaciares ha sido un factor importante para limitar los recursos de agua en determinadas regiones donde buena parte de los recursos hídricos provienen de lejos. Todos estos fenómenos ayudan a intensificar las sequías y a que se extiendan más en el tiempo.
Aunque existen periodos en los que el agua puede volver y rellenar acuíferos y embalses, existe tanta variabilidad que resulta complicado adaptarse a estos escenarios. A eso se suma que cada vez contaminamos más nuestras aguas y, cuando los niveles bajan, la concentración de contaminantes no hace más que aumentar.
Un problema de grandes dimensiones difícil de atajar
Si limitamos el calentamiento global, se reducirá el volumen de población expuesta a estrés hídrico severo. Incluso en escenarios de mitigación climática, la disponibilidad de agua seguirá siendo un recurso crítico en muchas regiones.
El déficit de agua potable es un problema de gran escala que afecta a miles de millones de personas, con impacto directo en la salud, la economía y el desarrollo social. Mirando al futuro, todo apunta a que el problema se hará más grave.
Hace falta poner en marcha una gestión más sostenible, especialmente en las ciudades. Para 2050, se prevé que el 70 % de la población global viva en ellas, muchas en zonas con recursos hídricos limitados. Hoy, las infraestructuras de abastecimiento son en muchos casos limitadas y vulnerables.

Consecuencias económicas, sociales y geopolíticas
La escasez de agua potable tiene implicaciones que van más allá del impacto medioambiental. La agricultura es uno de los sectores más afectados: el déficit hídrico reduce la producción y pone en riesgo la seguridad alimentaria global.
La salud pública también se ve afectada, aumentando la desigualdad social y las tensiones geopolíticas en regiones donde varios países dependen de las mismas fuentes de agua. Algunos escenarios advierten de pérdidas significativas en el crecimiento económico global si no se aplican medidas de adaptación y mitigación a gran escala.