Cuando el Mar Menor se llena de alas: la escena invernal de los cormoranes sobrevolándolo
La presencia de cormoranes en el Mar Menor durante enero responde a un patrón invernal bien conocido, marcado por migración, alimento y equilibrio ecológico.
Natalia Marqués
Las imágenes impresionan. Decenas, a veces cientos, de cormoranes sobrevolando y posándose en el Mar Menor, formando una bandada compacta que llama la atención incluso a quien está acostumbrado a ver aves en la zona. Pero, aunque pueda parecerlo, no es una escena extraordinaria ni responde a ningún episodio puntual.
Lo que estamos viendo estos días encaja perfectamente con el calendario natural del invierno en el sureste peninsular. Y entenderlo ayuda a mirar la imagen con otros ojos.
El invierno es su momento clave
El cormorán grande es, en la Región de Murcia, un visitante estacional. No cría aquí, pero llega en grandes números cuando bajan las temperaturas en otras zonas de Europa. A partir del otoño y, sobre todo, durante el invierno, encuentra en el Mar Menor un entorno ideal para alimentarse y descansar.
Aguas relativamente tranquilas, abundancia de peces pequeños y un clima mucho más benigno que en latitudes más septentrionales.
El resultado es previsible: concentraciones muy visibles de aves justo en los meses fríos, con enero como uno de los picos más claros. Por eso estas escenas se repiten año tras año. No es una llegada repentina ni un fenómeno nuevo.
Esa postura tan llamativa tiene explicación
Hay un detalle que siempre llama la atención: cormoranes posados con las alas completamente abiertas, como si estuvieran posando para la cámara. No es un gesto simbólico ni una señal territorial.
Su plumaje no es impermeable como el de otras aves acuáticas. Tras pasar largos periodos buceando para capturar peces, necesitan secar las plumas al sol para recuperar capacidad de aislamiento térmico. De ahí esa imagen tan característica, casi escultórica, que se repite en orillas, postes y estructuras cercanas al agua.
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No todos los cormoranes son iguales
En el litoral murciano conviven dos especies, aunque no en las mismas condiciones.
El cormorán grande es el protagonista de estas bandadas invernales: numeroso, adaptable y cada vez más extendido.
El cormorán moñudo, en cambio, tiene una historia muy distinta. Es mucho más escaso, ligado a zonas rocosas del litoral y con una presencia muy limitada. Su situación es delicada y figura como especie en peligro crítico en la región. Mientras uno se expande, el otro resiste.
Esta diferencia explica por qué la mayoría de las aves que se ven estos días pertenecen a la misma especie.

Un equilibrio que no está exento de problemas
Aunque su dieta se basa en peces sin interés comercial, los cormoranes no están libres de amenazas. La interacción con artes de pesca sigue siendo uno de los principales riesgos: redes, palangres y aparejos en los que muchos ejemplares quedan atrapados y mueren ahogados.
Es un impacto silencioso, difícil de cuantificar con exactitud, pero recurrente. Los censos ambientales lo confirman cada invierno.
Lo que realmente nos dice esta imagen
Más allá de lo espectacular, la presencia masiva de cormoranes habla del papel ecológico del Mar Menor en invierno. La laguna sigue funcionando como zona de refugio y alimentación para aves acuáticas migratorias, incluso en un contexto ambiental complejo.
No es una postal anecdótica. Es una escena que se repite porque el sistema natural, con sus tensiones y equilibrios, sigue ahí. Y por eso, aunque impresione cada vez, no debería sorprendernos.