De Teverga a Cantabria: ‘Alba’ y una segunda oportunidad para el oso pardo

El Principado propone su reintroducción en el oriente asturiano como medida estratégica de refuerzo genético

Redacción

La aparición de ‘Alba’, una osezna de apenas tres meses de edad y poco más de dos kilos de peso, ha devuelto cierto optimismo al panorama de la conservación del oso pardo cantábrico. Su caso, tan reciente como complejo, se ha convertido en un nuevo punto de inflexión en los esfuerzos por garantizar la continuidad de esta emblemática especie.

El hallazgo tuvo lugar en el concejo asturiano de Teverga, dentro del marco del programa de seguimiento de osas con cría. La cría fue detectada por agentes del medio natural, aislada y sin posibilidad de retornar junto a su madre.

La intervención fue inmediata. Se restringió el acceso a rutas de senderismo y zonas de escalada, para evitar interferencias humanas que dificultasen un posible reencuentro natural.

Una operación compleja y vigilada minuto a minuto

Durante varios días se mantuvo una vigilancia discreta pero constante, con el fin de favorecer un acercamiento espontáneo entre madre e hija.

El entorno escarpado del terreno y la delicadeza de la situación obligaron a descartar un acercamiento asistido. La principal causa era la alta probabilidad de alterar el comportamiento del grupo familiar o poner en peligro la integridad del equipo. También se desplegaron recursos técnicos, incluidos drones equipados con cámaras térmicas, aunque sin éxito.

No fue hasta la madrugada del sábado cuando, gracias a una alerta de la Fundación Oso Pardo, se localizó de manera definitiva a la osezna. Un agente del Medio Natural procedió a su recogida de urgencia, ante el evidente riesgo de deshidratación y debilidad.

‘Alba’ fue trasladada de inmediato a una clínica veterinaria en Oviedo, donde se confirmó que no presentaba lesiones ni enfermedades.

Alba, en manos expertas mientras se decide su destino

Actualmente, la cría permanece ingresada en el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Cantabria. Se trata de una instalación especializada donde se evita el contacto humano y se garantiza una supervisión continuada. Allí, ‘Alba’ se encuentra en un entorno controlado, diseñado específicamente para oseznos en situación vulnerable.

La operación ha contado con el respaldo técnico de diversas entidades: desde el Servicio de Vida Silvestre y la Fundación Oso Asturias hasta el Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB-CSIC).

También ha participado el Servicio de Emergencias del Principado (SEPA), coordinado bajo la Dirección General de Planificación Agraria, órgano competente en materia de fauna silvestre.

Un refuerzo genético que podría consolidar la población oriental

El futuro de ‘Alba’ se debatirá próximamente en el seno del Grupo de Trabajo del Oso Cantábrico, al que se ha informado puntualmente desde el primer momento.

Según ha adelantado la Consejería de Medio Rural del Principado, la propuesta más sólida es su reintroducción en el oriente asturiano, como estrategia para reforzar la diversidad genética de la población y consolidar su distribución geográfica.

La medida, que se ajusta a los criterios de conservación establecidos a nivel estatal, podría contribuir significativamente a fortalecer la viabilidad de la especie en uno de sus núcleos más sensibles.

Las autoridades subrayan que cada paso ha sido dado con rigor científico y bajo el principio de precaución, garantizando tanto el bienestar de la cría como la seguridad de las personas implicadas.

Un símbolo emergente tras la pérdida de ‘Paca’

La historia de ‘Alba’ surge apenas unos días después del fallecimiento de ‘Paca, uno de los grandes iconos de la recuperación del oso pardo en la Cordillera Cantábrica.

Su pérdida —decidida por motivos veterinarios ante un deterioro irreversible— ha dejado un vacío simbólico entre quienes han seguido de cerca la evolución de esta especie protegida.

Ahora, con la recuperación de ‘Alba’, se abre una posibilidad real de que esta nueva osezna forme parte activa del legado genético y natural que Paca y Tola ayudaron a preservar. La esperanza, esta vez, pesa poco más de dos kilos y ha comenzado a crecer en Cantabria.

Fuente imagen destacada: Principado de Asturias (X)