Domo de calor, NAO+ y anticiclón: las claves de lo que trae septiembre
Tras el paso de borrascas, tormentas y una masa de aire polar que hizo caer los termómetros, las altas presiones vuelven a ganar terreno
Mar Gómez
El 1 de septiembre comienza el otoño meteorológico, pero la atmósfera no entiende de cambios de calendario. Y este año parece dispuesta a recordárnoslo.
Las últimas predicciones apuntan a que durante la semana del 31 de agosto al 6 de septiembre predominará el tiempo estable en buena parte de España. Las temperaturas se recuperarán y serán más altas de lo habitual para estas fechas, especialmente en el este, centro y sur peninsular. Las precipitaciones, en cambio, serán en general escasas.

Detrás de este cambio encontramos varios conceptos que estos días veremos repetirse en mapas y titulares: dorsal, anticiclón, NAO positiva e incluso domo de calor.
Pero no son cuatro fenómenos independientes. En realidad, todos forman parte de una misma configuración atmosférica.
Una dorsal ganará terreno sobre España
Para comprender lo que va a ocurrir tenemos que mirar primero varios kilómetros por encima de nuestras cabezas. En niveles medios y altos de la atmósfera se espera que una dorsal anticiclónica gane protagonismo sobre la Península. Una dorsal es una especie de lengua de geopotenciales altos asociada generalmente a aire relativamente cálido y a movimientos descendentes.
Cuando el aire desciende se comprime y se calienta. Además, ese movimiento dificulta la formación de grandes nubes.

Por eso una dorsal suele favorecer: más estabilidad, más horas de sol, menos precipitaciones y temperaturas en ascenso.
En superficie, este patrón estará acompañado por el fortalecimiento de las altas presiones, dejando a buena parte de España protegida del paso directo de las borrascas atlánticas. Los modelos dibujan precisamente una recuperación térmica y un dominio mayor de la estabilidad durante el comienzo de septiembre.
¿Vamos a tener un “domo de calor”?
El llamado domo o cúpula de calor no es una cúpula física colocada sobre un territorio, ni tampoco un término que describa un fenómeno completamente diferente de una dorsal o un bloqueo anticiclónico.
Es una expresión divulgativa utilizada para explicar situaciones en las que las altas presiones persisten, el aire desciende y se calienta y el calor termina acumulándose cerca de la superficie.

Es algo parecido a poner una tapa atmosférica sobre una región. El descenso del aire favorece cielos despejados, aumenta la radiación solar que alcanza el suelo y limita la renovación de la masa de aire. Si el patrón persiste durante varios días, las temperaturas pueden ir aumentando progresivamente.
Copernicus ha relacionado precisamente los episodios de calor excepcional que sufrió Europa occidental durante este verano con situaciones persistentes de altas presiones y bloqueo atmosférico, configuraciones popularmente descritas como heat domes.
Las anomalías semanales indican temperaturas superiores a la media, especialmente en el centro, este y sur de la Península, pero eso no implica automáticamente una nueva ola de calor.
La NAO positiva empuja las borrascas hacia el norte
La tercera pieza del puzle está mucho más lejos de España.
La NAO, u Oscilación del Atlántico Norte, describe las variaciones en el contraste de presión entre las bajas presiones próximas a Islandia y las altas presiones subtropicales del Atlántico.
Cuando hablamos de NAO positiva, ese contraste tiende a intensificarse. Esto suele reforzar la circulación de vientos del oeste y favorecer que el carril de borrascas atlánticas se encuentre situado más al norte.
Durante una fase positiva de la NAO predominan los vientos del oeste, asociados a un paso más frecuente de borrascas por latitudes septentrionales de Europa.

Mientras Reino Unido, el entorno del mar del Norte y sectores de Escandinavia pueden quedar más expuestos a frentes y borrascas, el sur de Europa tiene más posibilidades de permanecer bajo la influencia de las altas presiones.
Para España, especialmente en esta época del año, eso suele significar menos facilidad para que los grandes frentes atlánticos atraviesen toda la Península.

¿Cuánto durará este patrón?
Por ahora, la señal cálida no parece limitada únicamente a los primeros días.
Para la semana del 7 al 13 de septiembre, las predicciones mantienen un escenario parecido: temperaturas superiores a lo habitual, especialmente en el centro, este y sur, y precipitaciones escasas en términos generales, aunque nuevamente con posibilidad de lluvias en el extremo norte y tormentas en zonas interiores y orientales.
Incluso para la semana del 14 al 20 aparece una señal de temperaturas superiores a la media, aunque a ese plazo la incertidumbre ya es considerablemente mayor y no existe una tendencia clara respecto a las precipitaciones.

Una dorsal en altura, altas presiones en superficie y una circulación atlántica desplazada hacia latitudes más altas harán que, después del pequeño paréntesis otoñal de finales de agosto, el verano vuelva a hacerse notar justo cuando comienza el otoño meteorológico.