Eclipse parcial de Luna: el nuevo espectáculo que no debes perderte

Después de ver la sombra de la Luna recorrer la Tierra el pasado 12 de agosto, dentro de unos días podremos contemplar el fenómeno contrario: será la sombra de nuestro propio planeta la que avance sobre la superficie lunar.

Mar Gómez

Agosto de 2026 todavía no ha terminado con nosotros astronómicamente hablando. Solo dieciséis días después del eclipse total de Sol, llegará un eclipse parcial de Luna. Y aunque la palabra “parcial” pueda hacerlo parecer menos espectacular, en realidad estará muy cerca de la totalidad.

La NASA calcula para este eclipse una magnitud umbral de 0,9299. Esto significa que, en el instante máximo, una longitud equivalente a casi el 93 % del diámetro lunar estará introducida dentro de la umbra terrestre, la parte más oscura de la sombra de nuestro planeta. La fase parcial durará aproximadamente 3 horas y 18 minutos.

¿A qué hora veremos el eclipse?

En la España peninsular y Baleares, la Luna comenzará a entrar en la penumbra aproximadamente a las 03:24 horas del 28 de agosto. El cambio realmente evidente llegará a las 04:34, cuando empiece el contacto con la umbra terrestre.

El máximo se producirá aproximadamente a las 06:13 de la mañana, ya muy cerca del amanecer.

La fase parcial terminará alrededor de las 07:52 y la Luna abandonará completamente la penumbra en torno a las 09:02, aunque para entonces ya se habrá puesto desde España. Estos horarios proceden de los contactos calculados por NASA en tiempo universal y corresponden aproximadamente a CEST tras sumar dos horas. Desde Canarias, los horarios del reloj serán una hora anteriores.

El IGN confirma que la fase parcial podrá observarse desde toda España, aunque existe una diferencia importante: en el centro y este de la Península, Baleares y Melilla la Luna se pondrá antes de que termine la fase parcial. En el resto de la Península, Canarias y Ceuta permanecerá sobre el horizonte hasta después de finalizarla.

Esto convierte el horizonte occidental en una parte esencial de la observación. Cuanto más despejado lo tengamos, mejor podremos seguir la evolución de la Luna antes de que desaparezca.

Una alineación de tres cuerpos a cientos de miles de kilómetros

Para comprender lo que veremos hay que imaginar la geometría del sistema.

Durante un eclipse lunar tenemos: Sol, Tierra y Luna. La Tierra se interpone entre el Sol y la Luna y proyecta detrás de sí una enorme sombra hacia el espacio. Pero esa sombra no es uniforme.

Existe una región exterior denominada penumbra, donde desde la perspectiva de la Luna la Tierra solamente oculta una parte del disco solar. Más hacia el centro aparece la umbra, donde nuestro planeta bloquea directamente el disco del Sol. NASA explica que un eclipse lunar parcial ocurre cuando solo una parte de la Luna atraviesa esa umbra.

Inclinación de la órbita lunar con respecto a la Tierra. Fuente: NASA

El 28 de agosto la trayectoria lunar atravesará profundamente la sombra, pero su disco no llegará a quedar completamente contenido dentro de ella. De ahí esa magnitud de 0,9299.

¿Por qué no tenemos un eclipse cada Luna llena?

Podríamos pensar que cada vez que tenemos Luna llena la Tierra debería situarse entre el Sol y nuestro satélite. Pero existe una pieza fundamental de la geometría orbital.

La órbita de la Luna está inclinada unos 5 grados respecto al plano de la órbita terrestre alrededor del Sol, conocido como plano de la eclíptica. La mayoría de los meses, durante la Luna llena nuestro satélite pasa ligeramente por encima o por debajo de la sombra terrestre.

Solo cuando la Luna llena se produce cerca de uno de los nodos de su órbita, los puntos en los que su trayectoria cruza el plano de la eclíptica, la alineación puede ser suficientemente precisa para producir un eclipse.

Y esto explica también por qué tenemos un eclipse lunar tan poco tiempo después del eclipse total de Sol del 12 de agosto.

La Luna no desaparecerá dentro de la sombra

Hay un fenómeno especialmente interesante. La umbra terrestre debería ser, en principio, una región en la que la Tierra bloquea directamente al Sol.

Entonces, ¿por qué la parte eclipsada de la Luna puede adquirir tonalidades rojizas en lugar de desaparecer completamente? La respuesta está en nuestra atmósfera.

Una pequeña cantidad de luz solar atraviesa las capas atmosféricas situadas alrededor del borde de la Tierra y termina desviándose hacia el interior de la sombra.

Durante ese recorrido, las moléculas de nuestra atmósfera dispersan con mayor eficiencia las longitudes de onda cortas, principalmente azules y violetas. Las longitudes de onda más largas, correspondientes a colores rojizos y anaranjados, consiguen atravesarla con mayor facilidad.

Es el mismo principio físico —la dispersión de Rayleigh— que interviene en el color azul del cielo y en los tonos rojizos de nuestros amaneceres y atardeceres. Parte de esa luz roja es además refractada por la atmósfera terrestre hacia la Luna.

De este modo la luz rojiza que observamos sobre la Luna eclipsada ha atravesado previamente la atmósfera de nuestro planeta.

Eclipse lunar y dispersión de la luz. Fuente: NASA

Desde la superficie lunar, un hipotético observador vería a la Tierra ocultando el Sol y alrededor de nuestro planeta aparecería un anillo rojizo: la suma de los amaneceres y atardeceres que en ese momento se están produciendo alrededor de toda la Tierra. NASA utiliza precisamente esta imagen para explicar el color de los eclipses lunares.

Los eclipses permiten incluso estudiar el suelo de la Luna

Existe otra consecuencia científica menos conocida. Cuando la superficie lunar entra rápidamente en la sombra terrestre deja de recibir radiación solar y su temperatura desciende bruscamente.

El instrumento Diviner del Lunar Reconnaissance Orbiter de NASA ha utilizado eclipses lunares para observar cómo diferentes zonas de la superficie pierden calor. Las rocas grandes, el regolito fino y materiales con diferentes propiedades térmicas se enfrían a velocidades distintas.

Midiendo esa respuesta térmica, los investigadores pueden obtener información sobre el tamaño de las rocas, la densidad y las propiedades físicas del terreno lunar.

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