El agua se rebela: ríos fuera de control, nieve derritiéndose y regiones en estado crítico
Lluvias intensas, deshielos y un suelo que no absorbe más agua: el riesgo de desbordamiento de rios es critico en muchas zonas.
Mar Gómez
La borrasca Leonardo sigue agravando una situación ya muy delicada en buena parte de España. Tras varios días de lluvias persistentes, el impacto se deja notar tanto en los grandes ríos como en la vida diaria, con desalojos preventivos, cortes de carreteras y afecciones al transporte, especialmente en Andalucía, aunque también con alertas activas en Madrid y Galicia.
Tras varios días de lluvias intensas y prolongadas, la condición de los ríos en buena parte de la Península Ibérica se ha vuelto muy delicada, con niveles de agua muy elevados y pronósticos que señalan un aumento del caudal en las próximas horas.
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Cuando el suelo deja de absorber: el agua corre directa a los ríos
En este contexto, la saturación del terreno juega un papel clave. Con los suelos completamente encharcados tras semanas de precipitaciones, gran parte del agua ya no se infiltra y pasa a escurrir directamente hacia los cauces, acelerando la respuesta hidrológica y reduciendo el margen de actuación en zonas vulnerables.
En regiones como la Cordillera Cantábrica, el Sistema Central y la Ibérica Sur ya se han activado avisos de deshielo por parte de la Agencia Estatal de Meteorología, alertando de que el calentamiento de las masas de aire y las lluvias intensas van a acelerar la fusión de nieve en montaña.
Este aporte adicional coincide con un momento especialmente delicado, ya que el agua procedente del deshielo se suma a los caudales elevados por lluvia, multiplicando el riesgo de crecidas rápidas río abajo.
Ríos en ascenso continuo: así evolucionan los caudales en las próximas horas
En el norte, ríos como el Pisuerga en Valladolid ya han registrado su máximo caudal anual de casi 400 m³/s, y las estaciones de aforo indican que seguirá subiendo por el aporte continuo de agua de lluvia y deshielo en zonas altas de la Cordillera Cantábrica.
Este incremento del caudal es parte de un patrón más amplio: las precipitaciones persistentes han saturado los suelos y llenado los cauces desde hace días, por lo que cualquier aporte extra —sea por lluvia o por fusión de nieve— se traduce en subidas rápidas de los ríos. Cuando el deshielo coincide con lluvias intensas, el efecto sobre los caudales se amplifica de forma significativa.
En Andalucía, esta dinámica se refleja con especial claridad en la cuenca del Guadalquivir, donde los datos en tiempo real muestran niveles críticos en numerosos puntos y ya se han producido desalojos preventivos en zonas inundables. A ello se suman carreteras cortadas, caminos rurales anegados y núcleos aislados, especialmente en áreas de campiña y vegas.
El Guadalquivir entra en fase crítica: caudales disparados en varios tramos
Los datos de caudal en tiempo real del río Guadalquivir y sus principales tramos muestran una situación claramente de crecida importante. En puntos como Marmolejo, El Carpio, Villafranca, Fuente Palmera, Peñaflor o Alcalá del Río se están registrando valores muy elevados, muchos de ellos en niveles críticos (marcados en rojo), con caudales que en algunos casos superan los 1.400 y 1.700 m³ por segundo.
Además, al comparar con los valores de ayer se observa un aumento muy rápido en apenas 24 horas, lo que indica que toda la cuenca está aportando agua de forma intensa, debido a las lluvias persistentes, al suelo completamente saturado y al aporte adicional del deshielo en zonas de montaña.

Las zonas con mayor riesgo de desbordamientos se concentran especialmente en los tramos medios y bajos del Guadalquivir, en áreas de campiña y vegas cercanas a localidades como Fuente Palmera, Villafranca, Peñaflor y aguas abajo hacia Sevilla, donde el río recibe grandes volúmenes procedentes de afluentes.
En estos tramos, cualquier aumento adicional del caudal puede tener consecuencias rápidas sobre viviendas, infraestructuras y vías de comunicación.
La situación no se limita al sur peninsular. En la Comunidad de Madrid, el aumento del caudal del río Jarama ha llevado a activar medidas preventivas ante la superación de umbrales críticos en algunos tramos, mientras que en Galicia, la persistencia de las lluvias ha colocado al sistema fluvial del Miño en una situación cercana a la saturación, con embalses muy elevados y una menor capacidad de amortiguación.
El deshielo como acelerador del riesgo: cuando la nieve deja de contener
En estaciones de montaña del Sistema Central, la Cordillera Cantábrica y la Ibérica Sur, la nieve que se acumuló durante jornadas anteriores está empezando a derretirse debido a un ascenso moderado de temperaturas combinado con lluvias.
La nieve no se comporta como lluvia inmediata: primero se almacena en las zonas altas y, cuando la temperatura sube, libera agua de forma más o menos rápida según el gradiente térmico y la cantidad de nieve acumulada.
Este proceso de deshielo incrementa el flujo de agua hacia los ríos aguas abajo justo cuando estos ya están recibiendo grandes aportes por lluvia. El resultado es que en zonas donde normalmente la nieve regula los caudales, ahora puede aumentar el riesgo de crecidas importantes, porque el agua de fusión se suma al agua directa de las precipitaciones.
Cuando hay avisos de deshielo y crecidas de ríos, no solo se trata de ríos más llenos: los cauces pueden desbordarse en zonas de vega o llanura, las infraestructuras bajas —como puentes o carreteras— quedan más expuestas a ser inundadas, las lluvias y el deshielo juntos aceleran el tiempo de respuesta de los ríos, reduciendo el margen para actuar, e incluso ríos que no estaban en niveles críticos pueden pasar a estarlo en pocas horas.