El Arco de los Enamorados se rompe: el mar gana la batalla en la costa de Salento

El temporal en el sur de Italia derriba el Arco de los Enamorados en Sant’Andrea (Melendugno). La costa cambia cuando el mar insiste.

María Rivas

No fue un “derrumbe repentino” en el sentido estricto. Fue el final de una insistencia. Tras varios días de lluvias, rachas de viento y, sobre todo, oleaje persistente, el conocido Arco de los Enamorados —en los farallones de Sant’Andrea, cerca de Melendugno (Apulia)— se vino abajo el 14 de febrero, justo en San Valentín.

Este tipo de formaciones no se desploman porque sí. El arco era un puente natural de roca calcárea, moldeado por siglos de erosión. Pero la costa no funciona con calendario: funciona con energía.

Cuando el mar encadena jornadas de mala mar, las olas golpean siempre en el mismo punto, el agua entra en grietas, la sal cristaliza, el material se debilita. Una y otra vez. Hasta que una fisura deja de ser una fisura y se convierte en rotura.

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Por eso, aunque el momento exacto sea un instante, el proceso es largo. Y cuando coincide con un episodio de temporal, el desgaste se acelera. En el litoral de Salento, además, no es el único aviso: en otros tramos se han reportado desprendimientos y restricciones puntuales por seguridad.

El alcalde, Maurizio Cisternino, habló de “golpe al corazón” del municipio. La frase es emocional, pero el fondo es físico: la línea de costa cambia cuando el mar insiste. Lo que ayer parecía un icono “intocable”, hoy es un hueco. Y esa es la lección incómoda de la erosión costera: no siempre avisa, pero casi nunca improvisa.

Arco de los Enamorados
Arco de los Enamorados. Fuente: Banco de imágenes Canva

Fuente imagen destacada: Sepa Más (X/Twitter)