El lago Balatón (Hungría) se congela tras nueve años y deja una imagen espectacular
El desprendimiento repentino de una cascada helada en el noreste de Estonia deja imágenes impactantes y refuerza las advertencias sobre el peligro del hielo.
María Rivas
El Lago Balatón ha vuelto a hacer algo que, en los últimos años, parecía cada vez menos probable. Congelarse. Casi por completo. Un hecho que no se producía desde hace nueve inviernos y que ha transformado durante días el paisaje del mayor lago de Hungría.
Desde la orilla, la escena impresiona. Una superficie blanca, continua, aparentemente sólida. Desde el aire, el Balatón parece detenido. Como si el tiempo se hubiese quedado suspendido sobre el hielo. Pero esa imagen tiene trampa. Bajo esa calma invernal, el lago sigue siendo un entorno inestable.
Un hielo que no aguanta peso
Las mediciones realizadas en distintos puntos próximos a la orilla dejan poco margen a la duda. El espesor del hielo apenas alcanza entre 2 y 9 centímetros, con grandes diferencias según la zona. Cantidades muy alejadas de cualquier umbral de seguridad.

Las autoridades han advertido de que se trata de un hielo frágil y peligroso, con grietas internas, zonas debilitadas por corrientes y áreas cubiertas por nieve que ocultan los puntos más delicados. Caminar sobre él, patinar o acercarse demasiado supone un riesgo real.
En algunos momentos, incluso los ferris que conectan ambas orillas han tenido que romper placas de hielo para poder maniobrar. El ruido del casco abriéndose paso resume bien la situación: el lago está helado, sí, pero lejos de estar congelado de forma uniforme.
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Un invierno que rompe la dinámica reciente del lago Balatón
Durante casi una década, el Balatón había resistido los episodios de frío más intensos. Los inviernos suaves se habían convertido en la norma, impidiendo que el lago llegara a sellarse por completo. Por eso, lo ocurrido en enero de 2026 se percibe como un episodio excepcional.
En localidades como Zamárdi o Szántód, muchos vecinos se han acercado a observar el fenómeno. Hay quien fotografía el lago. Quien simplemente se queda mirando. Y quien reconoce que hacía años que no veía algo así.
Para algunos, este hielo devuelve una sensación conocida. La de un invierno reconocible. Con frío persistente. Con paisajes propios de esta época del año. Para otros, en cambio, es un recordatorio incómodo de lo imprevisible que se ha vuelto el comportamiento del clima.