El calentamiento global está volviendo impredecible la lluvia más extrema del planeta

En un mundo cada vez más cálido los modelos de prediccion meteorológica tienen problemas para calcular la magnitud de las precipitaciones

Mario Picazo

La precipitación sigue siendo uno de los fenómenos meteorológicos más complejos de predecir, y el calentamiento global la complica aún más.

Con el paso de los años, los modelos meteorológicos y climáticos han ido mejorando, pero los expertos reconocen que anticipar dónde, cuándo y con qué intensidad lloverá continúa siendo uno de los mayores desafíos de la meteorología moderna. 

En un reciente estudio liderado por investigadores de la Universidad de Oxford, se advierte que la complejidad de predecir lo que cae del cielo, en forma líquida o sólida, será mayor en el futuro. La razón es que, en un mundo más cálido, la atmósfera cambia de forma, lo que hace más difícil estimar el comportamiento de las precipitaciones.

Un planeta más cálido altera el ciclo del agua

La ciencia puede aclarar qué hay detrás de este aparente dilema complejo. La base física parece sencilla, ya que una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua. Por cada grado Celsius que aumenta la temperatura del aire, la atmósfera puede contener aproximadamente un 7% más de humedad

Por eso, cuando se forman tormentas, es más probable que las precipitaciones sean mucho más intensas.

Sin embargo, el problema, es que esa humedad adicional no se distribuye de manera uniforme ni se comporta siempre igual. El equipo de expertos explica que la lluvia depende no solo de la cantidad de vapor de agua disponible en el aire, sino también de patrones atmosféricos mucho más complejos.

Algunos de los ingredientes fundamentales incluyen las corrientes en altura, el comportamiento de las nubes, la circulación atmosférica e incluso el transporte a gran escala del vapor de agua. Incluso pequeñas variaciones en esos factores pueden cambiar por completo el lugar donde termina de descargar una tormenta.

Prediccion de los cambios de precitación dependiendo del grado de calentamiento global. Fuente: IPPC

Clima más extremo con sequías largas y lluvias torrenciales

Entre los patrones que se han distinguido con claridad, destaca uno que contempla la intensificación de los extremos hidrológicos. El clima se torna cada vez más extremo, con periodos más prolongados de sequía combinados con episodios de lluvias torrenciales mucho más intensas. Son polos opuestos, pero son consecuencia del mismo calentamiento global.

En términos climáticos, los expertos usan más el término “latigazo climático”, es decir, situaciones en las que una región pasa rápidamente de condiciones extremadamente secas a episodios de precipitaciones violentas.

Esto ocurre porque el calor seca el suelo y aumenta la evaporación, mientras que la atmósfera acumula más energía y humedad para alimentar tormentas mucho más potentes cuando finalmente llegan las lluvias.

En Europa ya estamos experimentando señales claras de este cambio. En los últimos años se han registrado inundaciones históricas en distintas regiones del continente, mientras que otras sufren sequías persistentes y restricciones de agua cada vez más frecuentes. El nuevo clima es de extremos, pero también de vaivenes meteorológicos. 

El gran problema de los modelos meteorológicos

Los modelos numéricos empleados para realizar predicciones meteorológicas han ido mejorando su fiabilidad. Aunque son capaces de prever con bastante precisión la evolución general de la atmósfera, las precipitaciones siguen siendo especialmente difíciles de simular. 

El motivo principal es que la lluvia depende de procesos físicos caóticos y que ocurren en una escala relativamente pequeña. La formación de gotas dentro de las nubes o en las corrientes convectivas que alimentan las tormentas son procesos que aún hoy no están representados con precisión mediante ecuaciones. 

A eso hay que sumar, que el cambio climático ha ido modificando algunos patrones atmosféricos a gran escala, incluidas las corrientes en chorro. Estas ayudan a dirigir las borrascas y las zonas por las que se desplazan las precipitaciones. Hay estudios recientes que evidencian los problemas que enfrentan los modelos climáticos al realizar este tipo de cálculos. 

Aún no consiguen representar del todo correctamente cómo el calentamiento global está alterando esas circulaciones atmosféricas. Eso explica por qué a veces es posible anticipar el grado de inestabilidad, por ejemplo, con lluvia intensa, pero resulta mucho más complicado concretar exactamente dónde se registrarán las tormentas más severas.

Tormentas más intensas en un mundo más cálido

La investigación también ha revelado que las tormentas extremas son cada vez más frecuentes e intensas. En simulaciones recientes se ha detectado que en muchas regiones del planeta, se podrían experimentar precipitaciones récord con mayor frecuencia durante las próximas décadas.

Otro factor esencial a tener en cuenta en ese complejo mundo de la predicción de la precipitación es el aumento de la temperatura de los océanos. Cuando el mar esté caliente, también desempeña un papel clave en la predicción. Los mares más cálidos aportan más humedad y energía a la atmósfera, alimentando fenómenos como los ríos atmosféricos o las tormentas convectivas explosivas.

En España, este escenario podría traducirse en DANA más peligrosas, lluvias torrenciales en el Mediterráneo y contrastes más acusados entre periodos secos y episodios de precipitaciones extremas.

La inteligencia artificial entra en escena

A la vez que el cambio climático nos hace más difícil predecir la lluvia, los expertos recurren cada vez más a sistemas de inteligencia artificial para mejorar las predicciones. Ya contamos con nuevos modelos basados en IA que demuestran una gran capacidad para identificar patrones atmosféricos complejos y generar simulaciones más precisas de precipitaciones extremas.

Aun así, los científicos que investigan este problema creen que la lluvia seguirá siendo uno de los fenómenos más difíciles de pronosticar. La atmósfera es un sistema caótico y extremadamente sensible a pequeñas variaciones, lo cual se vuelve aún más evidente en un clima alterado por el calentamiento global.

Lo que sí parece cada vez más claro es que el futuro traerá precipitaciones más extremas, más irregulares y mucho más difíciles de gestionar para las ciudades, las infraestructuras y los sistemas agrícolas de todo el planeta.

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