El cambio climático pone en peligro tu café, tu chocolate y tus plátanos

A medida que suben las temperaturas y cambia el regimen de lluvias en muchas regiones, los cultivos de productos como el plátano, café o cacao sufren

Mario Picazo

El cambio climático afecta la calidad de vida de los humanos de muchas formas, una de ellas alterando la productividad de ciertos productos agrícolas demandados en todo el mundo. Detrás de esos cambios sabemos que está alteración de importantes patrones meteorológicos con consecuencias graves, y cada vez más visibles. 

Entre las muchas repercusiones de esta crisis global, una de las más preocupantes es el impacto sobre la producción de alimentos. La agricultura es uno de los sectores más vulnerables al cambio climático, y lo nota a medida que cambia la temperatura y la precipitación en determinadas zonas del planeta. 

Productos básicos y a la vez muy apreciados como los plátanos, el café y el chocolate, presentes en la mesa de millones de personas cada día se ven amenazados por un clima cada vez más extremo, impredecible y hostil para su cultivo. Cambia la temporada de crecimiento del cultivo, pero también aumentan las enfermedades que experimentan. 

Durante las últimas décadas, ya hemos visto como se ha reducido la producción de estos y otros alimentos, aumentando sus precios a la vez que aumenta la presión sobre la seguridad alimentaria de millones de personas. 

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Plátano

Después del trigo, arroz y maíz, el plátano es el cuarto cultivo alimentario más grande del mundo. Cerca de 400 millones de personas lo consumen a diario y forma parte de entre el 15 y 27% del aporte calórico de sus dietas. 

Los plátanos requieren un clima cálido y húmedo, con temperaturas constantes entre los 26 y 30 °C, así como lluvias regulares para crecer de forma adecuada. Sin embargo, en muchas regiones tropicales, las sequías prolongadas, las lluvias irregulares y el aumento del calor están reduciendo la productividad de muchas plantaciones. 

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Producción de plátano por regiones entre 1961 y 2023. Fuente: United Nations (2025)

Al problema del crecimiento se suman enfermedades como el hongo Fusarium Oxysporum, conocido como “Mal de Panamá”. Este está arrasando cultivos enteros y se propaga más fácilmente con temperaturas elevadas y suelos debilitados por el estrés climático.

Las proyecciones de futuro apuntan a que la producción irá cayendo para mediados de siglo sobre todo en países como India, Brasil, Colombia y Costa Rica. Con los futuros escenarios climáticos también se contempla que para el 2080, el 60% de las plantaciones de América Latina y la región del Caribe no podrán producir plátanos. 

Café

Otro de los grandes cultivos que se enfrenta a un escenario igual de preocupante es el café. Al igual que el plátano, el café también se ve afectado por plagas y enfermedades, que se propagan rápidamente ante el aumento de la temperatura y la humedad. 

La variedad arábica, la más consumida en el mundo, necesita temperaturas suaves, lluvias bien distribuidas y suelos fértiles a gran altitud. El calentamiento global está desplazando las zonas óptimas de cultivo hacia regiones más altas, reduciendo la superficie útil y forzando a los agricultores a adaptarse o abandonar sus cultivos. 

Producción de café por regiones entre 1961 y 2023. Fuente: United Nations (2025)

Entre las plagas y enfermedades más amenazantes está la roya del café, un hongo que ataca las hojas y puede destruir cosechas enteras. Este tipo de hongos proliferan con las nuevas condiciones climáticas, generando pérdidas millonarias y poniendo en riesgo el sustento de miles de familias dedicadas al cultivo del café. 

Los estudios realizados para investigar la respuesta del cultivo al cambio climático muestran como con el paso de los años se van a ir reduciendo las áreas aptas para su cultivo. En el caso de variedades como la Arábica y la Robusta, en aproximadamente un 50 % para mediados de siglo. 

Cacao

El cacao es otro de los cultivos que sufre cada año más el impacto del cambio climático. Se cultiva en zonas tropicales cerca del ecuador, donde necesita condiciones muy específicas de humedad, sombra y temperatura. Aunque en esas latitudes las condiciones ambientales solían ser bastante constantes, ya no es el caso.

Detrás de ese impacto está el aumento de las altas temperaturas que ayuda a inhibir la floración. Menos flor implica menor rendimiento, acelerando la maduración, y reduciendo la calidad de los granos. También cambian los patrones de precipitación lluvias tanto en abundancia como en déficit. 

En el caso de las sequías los árboles pierden fuerza, haciéndolos más susceptibles a enfermedades, mientras que el exceso de lluvias puede favorecer la propagación de infecciones fúngicas como la mazorca negra, lo que provoca importantes pérdidas de cosechas. 

También aparecen enfermedades como la escoba de bruja o la moniliasis, que pueden arruinar una plantación completa. Según la Organización Internacional del Cacao, la cosecha mundial de cacao de 2024 fue un 13 % inferior a la del año anterior

Como resultado, los precios del cacao se dispararon en los principales mercados del mundo. Costa de Marfil y Ghana, que representan el 50% de la producción mundial de cacao, así como sus vecinos Camerún y Nigeria, experimentaron las mayores pérdidas. 

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Producción de cacao por regiones entre 1961 y 2023. Fuente: United Nations (2025)

Mitigación y adaptación ante futuro incierto de muchos cultivos

Las consecuencias de esta transformación climática no solo se sienten en las regiones productoras, a medida que estos alimentos se vuelven más difíciles de cultivar, los precios aumentan y el acceso se vuelve más limitado. Como consecuencia, millones de personas podrían verse privadas de productos que forman parte de su dieta diaria, su cultura o incluso su identidad económica. 

El café matutino, el chocolate como indulgencia o los plátanos como alimento esencial en muchas regiones tropicales podrían pasar a ser artículos de lujo si la tendencia no se revierte.Frente a este escenario, la adaptación es clave.

La diversificación de cultivos, la introducción de variedades más resistentes, el uso de técnicas agrícolas sostenibles y la restauración de suelos son estrategias urgentes. 

Por otra parte, es esencial reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero para evitar un calentamiento mayor que vuelva inviables grandes zonas agrícolas. También se requiere más inversión en investigación y apoyo directo a los agricultores para que puedan adaptarse a un entorno cambiante.