El cementerio de ballenas que lleva 5 millones de años creciendo en la oscuridad del océano
El hallazgo revela un cementerio de orcas y ballenas en una zona remota del Índico, con restos de hasta 5,3 millones de años.
Barbara
En una de las zonas más remotas del océano Índico, donde la luz escasea y la presión del fondo marino se convierte en un territorio extremo, un equipo internacional de científicos ha documentado un hallazgo excepcional.
El descubrimiento de un enorme cementerio de ballenas que lleva formándose millones de años.
El descubrimiento se localiza en la zona de fractura Diamantina, al sureste del océano Índico, entre los 4.616 y los 7.001 metros de profundidad.

Allí, los investigadores han identificado 476 fósiles de cetáceos y varios restos más recientes, repartidos a lo largo de unos 1.200 kilómetros de fondo oceánico.
La magnitud del hallazgo lo convierte en la mayor y más profunda acumulación de restos de ballenas conocida hasta ahora.
Algunos huesos tendrían una antigüedad de hasta 5,3 millones de años, lo que apunta a una zona que habría actuado durante mucho tiempo como un gran corredor natural para estos animales.
El archivo fósil que reposa en las profundidades del océano Índico
Los restos no forman un cementerio habitual como el que los humanos conocemos. Se trata de lo que los científicos llaman caídas de ballena.

Es decir, cadáveres de cetáceos que, tras morir, se hunden lentamente hasta el lecho marino. Y una vez allí, sus cuerpos se transforman en auténticos oasis de vida.
En torno a estos huesos pueden aparecer gusanos capaces de alimentarse del tejido óseo, moluscos, crustáceos, estrellas de mar y otros organismos adaptados a condiciones extremas.
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Para muchas especies del océano profundo, una ballena muerta no es el final de una historia, sino el comienzo de un ecosistema.
De hecho, entre los restos estudiados figuran ballenas minke, rorcuales y zifios, más fósiles vinculados a especies que hoy ya se encuentran extintas. También se ha descrito una nueva especie de zifio antiguo, bautizada como Pterocetus diamantinae.
Este hallazgo, ayuda a entender mejor cómo circula la materia orgánica allí en las profundidades y cómo los grandes cetáceos siguen alimentando el océano incluso tras su muerte.
A 7.000 metros bajo la superficie, donde el paisaje parece inmóvil y a donde parece que no puede llegar al vida, este cementerio de ballenas revela una actividad biológica mucho más compleja de lo que los expertos creían.