El esturión vuelve a asomarse al Ebro tras una nueva suelta experimental por parte del MITECO

Cuarenta y tres esturiones juveniles han sido liberados en el tramo final del Ebro dentro de un proyecto de recuperación a largo plazo.

María Rivas

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha participado en una nueva liberación de esturión europeo en el río Ebro.

La suelta se llevó a cabo el pasado 17 de diciembre, en la Platja de Tivenys, y permitió introducir 43 ejemplares juveniles en el tramo final del río. Se trata de la tercera experiencia experimental dentro de un proyecto que busca algo más ambicioso que una simple reintroducción simbólica.

Cada ejemplar ha sido equipado con marca externa, microchip y emisores de ultrasonidos, una combinación que permitirá seguir sus desplazamientos durante al menos seis meses. El objetivo es observar cómo utilizan el río, el estuario y el mar, y comprobar si el Ebro actual ofrece condiciones suficientes para una especie que desapareció de sus aguas hace décadas.

Antes de la suelta, los juveniles pasaron por un periodo de aclimatación en el delta del Ebro, tras llegar desde un centro experimental situado en el suroeste de Francia. El seguimiento científico se realizará de forma continuada, con especial atención a la supervivencia, los movimientos migratorios y el uso del estuario como zona de transición.

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Fuente: MITECO

Lo que ya han mostrado las sueltas anteriores

Las dos liberaciones previas empezaron a ofrecer información relevante.
En diciembre de 2023 se soltaron 44 ejemplares juveniles. La mayoría se desplazó hacia el mar, mientras que el resto permaneció en el río durante varias semanas. Un año después, en diciembre de 2024, otros 50 esturiones repitieron la experiencia.

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En ese segundo ensayo se observó un comportamiento especialmente significativo: una parte de los ejemplares que habían salido al mar regresó posteriormente al estuario y permaneció allí durante meses. Este dato apunta a que el tramo final del Ebro podría funcionar como zona de refugio y adaptación, un elemento clave para una especie migradora.

Fuente: MITECO

De especie habitual a desaparición progresiva

Durante siglos, el esturión formó parte del paisaje fluvial de la Península Ibérica. Se pescaba en ríos como el Duero, el Tajo, el Guadiana, el Guadalquivir o el Ebro, y su presencia en los mercados era habitual en el siglo XIX. En el propio Ebro, sin embargo, su declive comenzó pronto.

La construcción del azud de Xerta-Tivenys, ya en el siglo XV, impidió el acceso de los adultos a las zonas de freza situadas aguas arriba. Con el tiempo, la sobrepesca, la proliferación de presas y la transformación del hábitat aceleraron su desaparición.

A partir de los años treinta del siglo XX, el esturión se volvió cada vez más raro en la cuenca. Hacia 1970, dejó de registrarse su presencia .

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Fuente: MITECO

Una recuperación lenta y llena de condicionantes

En la actualidad, el esturión europeo está considerado críticamente amenazado a escala global. Las poblaciones más estables se concentran en algunos ríos de Francia y en el entorno del mar Negro. Su recuperación es compleja por razones biológicas y ecológicas.

Es una especie longeva, con una madurez sexual muy tardía y un ciclo vital que depende de ríos bien conectados con el mar.

Cualquier alteración del hábitat tiene efectos que se prolongan durante décadas. Por eso, los proyectos de reintroducción avanzan despacio y se apoyan en seguimientos prolongados y datos acumulados a lo largo de varios años.

La iniciativa desarrollada en el Ebro no persigue resultados inmediatos. Busca responder a una pregunta de fondo: si, tras décadas de cambios, el río está en condiciones de albergar de nuevo una población viable de esturión. Cada desplazamiento registrado y cada señal captada por los emisores aporta información clave para un proceso de restauración ecológica que avanza paso a paso, sin atajos .

Fuente: MITECO