El Índico pierde su sal a una velocidad alarmante y sacude el engranaje climático del planeta
A medida que cambia la salinidad de nuestros océanos, cambian las corrientes oceanicas, los vientos y finalmente el clima de una determinada región
Mario Picazo
El cambio climático influye en la salinidad de los océanos de diferentes maneras. Cuando lo hace no solo altera su circulación, pero también impacta en toda la vida marina de la región afectada por ese cambio.
Las últimas décadas de monitoreo oceánico han servido para que los expertos hayan podido confirmar los cambios que están experimentando. Han observado entre otros muchos un fenómeno fuera de lo normal en el océano Índico meridional, frente a la costa occidental de Australia.
En esa región, el agua de mar está perdiendo salinidad a un ritmo acelerado. Tradicionalmente conocida por sus elevadas concentraciones de sal, sus aguas han visto como el volumen de agua salada ha ido menguando hasta aproximadamente un 30 % en unos sesenta años.

Factores que causan el descenso de la salinidad
La salinidad promedio del agua marina ronda el 3,5 %. Es una concentración de sal similar a disolver una cucharada y media de sal en una taza de agua. Cuando se baja de esta cantidad el agua se considera relativamente dulce si hablamos de condiciones oceánicas.
Hay una región del océano Índico y Pacífico tropical, que se conoce como la piscina de agua dulce Indo-Pacífica. Allí el agua del mar es habitualmente más fresca debido a la intensa precipitación y a la reducida evaporación. Estas características convierten a la zona en un elemento fundamental dentro del sistema de circulación oceánica que redistribuye calor y agua por todo el planeta.
Los resultados del estudio realizado muestran cómo el descenso de la salinidad en la zona austral del Índico parece no estar relacionado directamente a cambios en las precipitaciones locales. Parece que lo que más influye son cambios en los patrones de viento y corrientes generadas por el calentamiento global.
Cuando estos vientos de alteran, se transporta más agua dulce desde los trópicos hacia el sur. Ese mecanismo ayuda a diluir el contenido salino que habitualmente tienen las aguas de la región. Como se está observando en otras regiones oceánicas del planeta, esos cambios en la salinidad acaban afectando a su vez a la dinámica de determinadas corrientes de agua.

¿Como afecta la salinidad del océano al clima?
La salinidad no es un dato aislado del entorno marino, de hecho, influye y mucho en la densidad del agua. Esta variable es de suma importancia porque condiciona la forma en que se mezclan las corrientes oceánicas.
El sistema de circulación conocido como circulación termohalina, también bautizado como la “cinta transportadora” del océano, está impulsado por diferencias en temperatura y salinidad.
Este sistema transporta agua cálida desde los trópicos hacia latitudes más altas y agua fría de regreso a las regiones tropicales profundas, jugando un papel crucial en la regulación del clima global.
Cuando la salinidad disminuye en regiones clave, se reduce la densidad del agua de mar, lo que disminuye su capacidad para hundirse y mezclarse con las capas profundas. Ese descenso en la mezcla vertical puede, a largo plazo, impactar en la eficiencia con la que el océano absorbe calor y redistribuye energía térmica alrededor del planeta.
A la larga puede repercutir en patrones climáticos regionales como la temperatura, las precipitaciones o la fuerza de los vientos.
Esta circulación afecta en otros al clima de zonas lejanas como Europa occidental, que disfruta de inviernos relativamente suaves gracias al transporte de calor en el Atlántico Norte. Pero también influye en ciclos del agua, ecosistemas marinos y, potencialmente, en fenómenos extremos como huracanes o monzones.

Ecosistema y clima están interconectados
Los cambios de salinidad detectados no solo reflejan transformaciones en el océano, sino que también sirven como un termómetro indirecto del ciclo hidrológico global. La salinidad puede aumentar en regiones donde predominan la evaporación y la acumulación de sales, o disminuir donde los aportes de agua dulce son mayores.
Esa variabilidad, al integrarse sobre vastas áreas, ayuda a los científicos a entender cómo se distribuye el agua en la superficie de la Tierra, cómo se están moviendo las masas de agua y cómo estas variaciones se vinculan con cambios climáticos mayores.
La disminución de la salinidad en partes tradicionalmente muy saladas del océano es más que una curiosidad científica. Se ha observado que sirve de indicador del sistema climático de la Tierra que cada vez más se está ajustando a un nuevo equilibrio como respuesta al aumento de las temperaturas globales.
Estos cambios tienen implicaciones para los patrones de circulación oceánica que, a su vez, ayudan a definir el clima regional y global. Entenderlos es clave para mejorar nuestras predicciones meteorológicas y climáticas y para comprender mejor el futuro del clima de nuestro planeta.