El inesperado y angustiante ataque de un oso a su cuidador en un espectáculo en China
Un oso negro atacó a su cuidador en un safari de China y reavivó el debate sobre el uso de fauna salvaje en espectáculos y su seguridad.
Javier Castaño
El Safari Park de Hangzhou, en la provincia de Zhejiang, vivió un episodio que interrumpió por completo la rutina de un espectáculo programado. Un oso negro reaccionó de manera súbita ante su cuidador, lo derribó frente al público y transformó un acto previsto para el entretenimiento en una escena de tensión que se difundió en redes en cuestión de horas.
Los registros grabados por los visitantes muestran al animal abalanzándose sobre el trabajador mientras otro miembro del personal intenta reconducir la dinámica.
La situación se descontroló en segundos y obligó a intervenir a varios empleados, que recurrieron a sillas, canastas y barras para liberar al cuidador. Según el comunicado oficial, ni el trabajador ni el oso sufrieron lesiones graves, aunque ambos permanecen en observación.
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Un comportamiento que reabre el debate sobre estos espectáculos
La administración del parque sostiene que el ataque pudo desencadenarse por el olor de frutas que llevaba el cuidador —zanahorias y manzanas—, un estímulo capaz de modificar la conducta del animal. Tras el incidente, el safari suspendió temporalmente las exhibiciones con osos y anunció una revisión interna de sus protocolos de seguridad.
La viralización del vídeo ha alimentado de nuevo la discusión sobre la utilización de especies salvajes en espectáculos, una práctica que continúa generando controversia.
En China, la falta de una legislación nacional específica en materia de bienestar animal mantiene abierto un debate que contrasta con la evolución normativa de otros países. En España, por ejemplo, el uso de animales silvestres en circos está prohibido desde 2024, aunque su presencia persiste en otros eventos bajo condiciones reguladas.
Las organizaciones defensoras de los derechos de los animales insisten en los riesgos que estas actividades representan tanto para los cuidadores como para los propios animales, sometidos a entornos artificiales y situaciones de estrés que pueden desencadenar comportamientos imprevisibles.