El inquietante varamiento de ballenas en Japón tras el terremoto de Kamchatka
Cinco cetáceos aparecieron en la costa de Chiba pocas horas antes del aviso de tsunami. La comunidad científica rechaza teorías esotéricas.
Javier Castaño
Una figura agitada en la orilla, a primera hora. Otra más, metros adelante. Después, el asombro: no era una, ni dos. Eran cinco ballenas. El mar las había dejado tendidas sobre la arena en la ciudad de Tateyama, prefectura de Chiba. Algunas aún se movían. Había pasado poco tiempo.
El hallazgo se produjo hacia las cinco de la mañana. Un residente que salía a observar el mar antes de surfear fue quien dio la voz de alarma. Grabó lo que vio: aletas en movimiento, cuerpos varados.
Unas horas más tarde, Japón activaba la alerta de tsunami. Un seísmo de magnitud 8,8, registrado en la península rusa de Kamchatka, había desatado el temor a un evento mayor. El recuerdo del 11 de marzo de 2011 aún pesa en la memoria colectiva.
¿Coincidencia? ¿Efecto del seísmo? Aún no hay certezas
Las imágenes recorrieron las redes. Se habló de presagios. Algunos medios insinuaron que las ballenas habrían presentido la catástrofe. Sin embargo, la ciencia no respalda esa idea.
Especialistas marinos han aclarado que los animales no pueden anticipar un terremoto o un tsunami. Si detectan algo, es porque ya ha ocurrido: perciben vibraciones, movimientos del fondo oceánico. Nada más.
Hay múltiples razones por las que pueden producirse estos varamientos: enfermedades, desorientación, choques con embarcaciones. También es posible que el sismo alterase su sentido de ubicación. Pero no hay modo de saberlo sin un análisis a fondo. No hay pruebas de que actuaran como una señal premonitoria.
Ballenas, terremotos y explicaciones más complejas
Algunos centros de investigación señalan que el seísmo pudo alterar el entorno acústico submarino. El ruido, las ondas de choque, incluso cambios súbitos en las corrientes marinas pueden desestabilizar a los cetáceos. Otras fuentes, no obstante, optan por la prudencia. Recuerdan que este tipo de ballenas, aunque no especificadas oficialmente, tienen cierta propensión a vararse.
NHK, la cadena pública japonesa, mostró imágenes que generaron impacto. Residentes intentando refrescar los cuerpos con agua. Autoridades movilizadas. Pero ni siquiera se tiene certeza de cuándo encallaron exactamente. Podría haber ocurrido antes del sismo. El margen de error temporal es amplio.
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El océano golpea en silencio
Las olas alcanzaron costas distantes. En Japón, se registraron alturas de hasta 60 centímetros en varios puntos del litoral nororiental. En Nemuro, Kushiro, Hamanaka y Kuji, el agua se elevó con fuerza, aunque sin consecuencias trágicas. Dos millones de personas fueron evacuadas por precaución. La alerta, activa durante horas, se ha retirado ya. Pero el miedo permanece.
Mientras tanto, las autoridades han pedido no acercarse al litoral. Podrían producirse réplicas. O nuevas alteraciones en el comportamiento del mar.
Un suceso abierto a interpretación
El comportamiento animal, especialmente el de los grandes cetáceos, sigue siendo en gran parte un misterio. Lo que para algunos fue un presagio oscuro, para la comunidad científica no es más que un fenómeno natural complejo, aún sin explicar.
Hay otra posibilidad. Una que se menciona poco: el tráfico marítimo en aguas japonesas es denso. Colisiones con buques, sobre todo en cetáceos enfermos o debilitados, ocurren con frecuencia. Las heridas internas no siempre son visibles desde la playa.
Un tifón reciente, que no ha sido descartado, podría haber tenido también algún efecto retardado.