El Mediterráneo se resiste a despedir el verano: más de 30 ºC en septiembre y nuevos récords
La boya de Dragonera ha superado por primera vez los 30 ºC en un mes de septiembre, con 30,52 ºC a tres metros de profundidad, mientras que la boya de Maó ha establecido también un nuevo récord mensual.
Mar Gómez
El verano meteorológico terminó el pasado 31 de agosto, pero el Mediterráneo parece no haberse enterado. Las aguas que rodean Baleares continúan registrando temperaturas extraordinariamente altas para estas fechas y acaban de establecer nuevos récords en pleno mes de septiembre.
Según los últimos datos, la boya de Dragonera ha alcanzado los 30,52 ºC a tres metros de profundidad, convirtiéndose en la primera ocasión en la que esta estación supera los 30 ºC durante septiembre. La boya de Maó, en Menorca, también ha establecido su récord mensual con 29,77 ºC.
El dato resulta especialmente significativo porque no hablamos únicamente de la fina película superficial del mar calentada por la radiación solar. Las mediciones se realizan a varios metros de profundidad, lo que demuestra que existe una importante cantidad de calor almacenada en la capa superior del Mediterráneo.
Un verano excepcional también bajo el agua
Estos récords no aparecen de manera aislada. El Mediterráneo lleva meses mostrando temperaturas extraordinarias.
Según Mercator Ocean International y el Servicio Marino de Copernicus, junio de 2026 fue el junio más cálido registrado en el Mediterráneo, con una temperatura superficial media de 24,07 ºC. Aproximadamente el 95 % de la cuenca presentó temperaturas superiores a la media y en sectores del Mediterráneo occidental las anomalías superaron los 2 ºC.

La situación se intensificó todavía más durante julio. El Mediterráneo registró también su julio más cálido de la serie, con una temperatura superficial media de 27,07 ºC, superando el anterior récord de 2025. Además, un impresionante 79 % de la superficie del Mediterráneo experimentó al menos un día de ola de calor marina intensa, la mayor extensión registrada para un mes de julio.
Durante agosto las olas de calor marinas comenzaron a perder extensión en algunas zonas, pero continuaron afectando al Mediterráneo. A finales de mes todavía persistían desde el entorno del estrecho de Gibraltar hasta Baleares, además de otras áreas del centro y este de la cuenca.
Ahora, los nuevos récords de Dragonera y Maó muestran que parte de todo ese calor ha llegado prácticamente intacto hasta septiembre.
¿Por qué tarda tanto el Mediterráneo en enfriarse?
El océano tiene una enorme inercia térmica. El agua necesita mucha más energía que el aire para calentarse, pero también tarda mucho más tiempo en liberar después ese calor.
Por eso, aunque las temperaturas atmosféricas comiencen progresivamente a descender al finalizar el verano, el Mediterráneo puede continuar extremadamente cálido durante semanas.

Además, durante los últimos meses se han sucedido periodos de temperaturas excepcionalmente elevadas y una elevada insolación que han favorecido la acumulación de energía en el mar.
Copernicus ya señalaba que junio de 2026 estuvo marcado por temperaturas oceánicas excepcionalmente altas en diferentes regiones del planeta, incluido el Mediterráneo. Ese mes, la temperatura media de la superficie de los océanos entre 60ºS y 60ºN también alcanzó un récord para junio.
¿Qué puede significar un Mediterráneo tan cálido para el otoño?
Un Mediterráneo excepcionalmente cálido supone una enorme reserva de energía y humedad disponible para la atmósfera, pero hay que evitar una asociación demasiado sencilla: tener el mar a 30 ºC no significa que necesariamente vaya a producirse una DANA ni lluvias torrenciales durante el otoño.
Para que se produzca un episodio de precipitaciones muy intensas deben coincidir otros ingredientes atmosféricos: llegada de aire frío en altura, vientos húmedos con un largo recorrido marítimo, convergencia en capas bajas y mecanismos capaces de obligar a ese aire a ascender. Un mar anormalmente cálido puede proporcionar más vapor de agua y energía, pero por sí solo no genera un episodio extremo.

El problema aparece cuando todas esas piezas coinciden. Cuanto más cálido está el mar, mayor puede ser la evaporación y mayor la cantidad de humedad que adquiere una masa de aire al desplazarse sobre él. Si posteriormente ese aire húmedo es obligado a ascender y encuentra una atmósfera suficientemente inestable, puede alimentar tormentas muy eficientes a la hora de producir precipitación.
Es precisamente una de las razones por las que el Mediterráneo se convierte en una zona especialmente sensible durante el otoño.
Un combustible adicional, pero no el detonante
La física atmosférica establece además que por cada grado de calentamiento, el aire puede contener aproximadamente un 7 % más de vapor de agua cuando está saturado. Esto no significa automáticamente un 7 % más de lluvia, pero sí que una atmósfera más cálida puede disponer de una mayor cantidad de humedad para alimentar determinados episodios extremos.
La DANA que afectó gravemente a Valencia en octubre de 2024 proporciona un ejemplo reciente. Se vio que aquella situación estuvo alimentada por un Mediterráneo anormalmente cálido, que contribuyó a aumentar la humedad y la inestabilidad disponible para las tormentas. Una investigación publicada posteriormente concluyó que el calentamiento antropogénico amplificó significativamente la intensidad de las precipitaciones.
También hay consecuencias para los ecosistemas
La persistencia de temperaturas tan elevadas no solo tiene implicaciones meteorológicas.
Las olas de calor marinas pueden someter a los ecosistemas a un estrés considerable, especialmente cuando son intensas y prolongadas. Durante julio de 2026, el Mediterráneo no solo alcanzó una temperatura media récord, sino que registró también una extensión sin precedentes de olas de calor marinas intensas para ese mes.

Estos episodios pueden alterar los ecosistemas costeros, favorecer mortalidades de determinadas especies sensibles al calor y modificar la distribución de organismos marinos.