El multimillonario indio que quiere salvar a los hipopótamos de Escobar antes de que sea tarde
La propuesta de trasladar hipopótamos a India reabre el debate en Colombia sobre cómo frenar una especie invasora sin solución sencilla
Barbara
El problema de los hipopótamos en Colombia vuelve a ser un foco mediático que da hueco al debate pero, esta vez con un giro inesperado. Anant Ambani, heredero de uno de los mayores conglomerados de la India, ha ofrecido acoger parte de estos animales en Vantara, su centro de conservación en Gujarat.
No es una cuestión menor. La población de estos grandes herbívoros, descendientes de los ejemplares que introdujo Pablo Escobar en los años 80, lleva años creciendo sin control en el valle del Magdalena. Su presencia ya altera ecosistemas, desplaza fauna local y modifica el equilibrio de ríos y humedales.
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Un problema ambiental que ya no admite espera
Durante años, las autoridades han intentado contener su expansión con medidas como la esterilización. Sin embargo, el ritmo de reproducción ha superado cualquier previsión inicial.
Los científicos advierten de que, sin intervención, la población podría dispararse en la próxima década. Y ahí aparece la opción más controvertida: la eutanasia selectiva. Una decisión compleja, tanto desde el punto de vista ambiental como ético.
La propuesta de India abre un nuevo escenario
En este contexto, la oferta de Ambani introduce una alternativa que, sobre el papel, evita el sacrificio de los animales. El traslado a India permitiría reubicar parte de la población en un entorno controlado.

Ahora bien, el plan está lejos de concretarse. No existe un acuerdo formal con el Gobierno colombiano ni un calendario definido. Tampoco se han detallado aspectos clave como la logística del traslado o el número exacto de ejemplares.
Además, el debate no desaparece, solo cambia de forma. Trasladar a los hipopótamos implica asumir riesgos, costes elevados y nuevas incógnitas sobre su adaptación y manejo en otro continente.
Por ahora, Colombia sigue sin una solución cerrada. Entre la eutanasia, la esterilización y el traslado, el dilema continúa abierto. Y cada opción, lejos de resolver el problema por completo, lo redefine.