El Niño se asoma en un océano demasiado cálido para leer sus señales con claridad

El Niño que se está gestando este 2026 viene acompañado de mucha incertidumbre dado que muchas otras regiones oceánicas están ya calientes

Mario Picazo

El fenómeno de El Niño ya se está gestando, aunque hoy diferenciar un El Niño clásico de un océano simplemente muy cálido es cada vez más complicado, porque el “fondo térmico” del planeta ha cambiado.

Antes, el Niño destacaba claramente como una anomalía cálida en el Pacífico ecuatorial respecto al resto del océano, esa lengua roja bien marcada y diferenciada en los mapas de anomalías de temperatura del mar. 

Hoy la situación es otra, gran parte de los océanos ya están anormalmente calientes casi de forma permanente, y además aparecen olas de calor marinas regionales muy intensas fuera del Pacífico tropical que pueden alterar la circulación atmosférica y “enmascarar” la señal típica de El Niño

Por eso los meteorólogos no solo miran la temperatura superficial del mar, sino también el calor acumulado en profundidad, los vientos alisios, la presión atmosférica y la respuesta de la atmósfera tropical para confirmar que realmente se está formando un El Niño y no solo un océano globalmente recalentado.

Anomalía de la temperatura del mar el 24 de mayo de 2026. En el Pacífico ecuatorial se detecta ya la fase inicial de El Niño que queda enmascarada por las anomalías positivas de temperatura del agua que predominan en muchas otras regiones del planeta. mapa: NOAA

2026: un año para mirar más allá del Pacífico

Lo importante, de cara a 2026, es que este posible El Niño se va a desarrollar sobre un océano que ya presenta temperaturas excepcionalmente altas, y eso puede cambiar bastante sus efectos.

El Niño no se “crea” por el calentamiento global, sigue siendo una oscilación natural del sistema océano-atmósfera, pero sí puede encontrar más energía disponible. 

Cuando se calienta el Pacífico, favorece una mayor liberación de calor y humedad a la atmósfera. Ese escenario refuerza algunos de sus impactos globales: más calor global añadido, lluvias torrenciales más intensas en algunas regiones, sequías más severas en otras y una respuesta atmosférica potencialmente más extrema.

Predicción de varios modelos numéricos de la evolución de El Niño en la región 3.4 del Pacífico ecuatorial. gráfico: NOAA

A nivel global, si el evento de 2026 acaba siendo intenso, hay cierto riesgo de que actúe como un “turbo” sobre un planeta ya muy recalentado. El Niño añade calor del océano a la atmósfera y suele empujar la temperatura media global hacia arriba, con su mayor efecto unos meses después del pico. 

Eso aumenta la probabilidad de récords de calor globales, olas de calor continentales más intensas, estrés en ecosistemas marinos como los arrecifes de coral y cambios más marcados en patrones de lluvia y ciclones tropicales.

A la vez, se registran menos huracanes en el Atlántico debido a una mayor cizalladura, pero más actividad en el Pacífico oriental.

¿Cómo podría ser el Niño de 2026?

La pregunta que se hacen ahora los expertos es: ¿será un El Niño realmente más fuerte o simplemente un El Niño “montado” sobre un océano mucho más cálido? No siempre significa que el índice Niño 3.4, la región del Pacífico de referencia, tenga que dispararse más en temperatura.

Predicción mes a mes de varios modelos numéricos de la evolución de El Niño en la región 3.4 del Pacífico ecuatorial. gráfico: NOAA

Sí importa que sus impactos pueden sentirse con mayor intensidad porque el sistema climático entero está más cargado de calor y humedad. Esa es la gran diferencia entre un El Niño de hace décadas y uno que pueda formarse en 2026.

Los expertos siguen muy atentos a la evolución del Pacífico porque algunos modelos empiezan a detectar señales que apuntan a la posible formación de un El Niño muy intenso entre finales de 2026 y comienzos de 2027, aunque todavía es pronto para saber si realmente alcanzará la categoría de “super El Niño”. 

Para que eso ocurra, el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial tendría que ser excepcional, algo que solo ha sucedido en muy contadas ocasiones en las últimas décadas.

El Pacífico tropical está acumulando una gran cantidad de calor no solo en la superficie, sino también en capas más profundas, lo que constituye una importante reserva de energía para alimentar el fenómeno. 

Un súper El Niño está en las qunielas de muchos expertos

La evolución final de este El Niño dependerá de varios factores atmosféricos, especialmente del comportamiento de los vientos alisios. Si esos vientos pierden fuerza durante meses, el calor acumulado podría extenderse hacia el este y reforzar aún más el episodio. Por el contrario, si se mantienen activos, podrían limitar su intensidad.

Si finalmente se confirma la formación de un El Niño fuerte, sus efectos podrían sentirse en muchas regiones del planeta.

Este fenómeno suele elevar la temperatura media global, aumentar la probabilidad de olas de calor, alterar los patrones de lluvia con inundaciones en unas zonas y sequías en otras, y modificar también la actividad ciclónica en distintos océanos.

Todo ello en un contexto en el que los océanos ya registran temperaturas muy elevadas, lo que podría aportar aún más energía al sistema climático.

A pesar de estas señales, los meteorólogos y oceanógrafos que estudian este excepcional El Niño, insisten en que todavía hay incertidumbre y que habrá que seguir observando cómo evoluciona el Pacífico en los próximos meses.

La señal existe, pero aún no se puede dar por hecho que el planeta vaya camino de vivir uno de los episodios más intensos del registro.

Recibe toda nuestra info, más rápido en Google

Sigue ElTiempo.es en Google +