El Niño visto por satélites: así puede cambiar el tiempo del planeta
El Niño se va posiciónando en el Pacífico y a día de hoy los satélites que lo siguen de cerca están ya detectando un aumento del nivel del mar por el calentamiento del agua
Mario Picazo
El fenómeno de El Niño ha regresado oficialmente en 2026 y los científicos disponen ahora de una de las herramientas más precisas jamás utilizadas para seguir su evolución: los satélites de observación de la Tierra.
Las últimas mediciones muestran que grandes áreas del Pacífico ecuatorial presentan un nivel del mar superior al habitual, una señal inequívoca de que enormes cantidades de calor se están acumulando en las aguas superficiales del océano.
Ese episodio se ha ido confirmando con el paso de los meses y se ha consolidado a comienzos del verano de 2026. Entonces las temperaturas del Pacífico central y oriental superaron durante varios meses consecutivos el umbral que define las condiciones de El Niño.
Las previsiones apuntan, además, a que el fenómeno seguirá intensificándose durante el verano y el otoño, pudiendo llegar a ser un super-Niño.

Así detectan los satélites el nacimiento de El Niño
Uno de los aspectos más interesantes del episodio actual es que puede observarse desde el espacio. Cuando el océano se calienta, el agua se expande y ocupa un mayor volumen.
Ese aumento provoca una ligera elevación de la superficie marina que los satélites son capaces de medir con una precisión de apenas unos centímetros.
Las imágenes satelitales obtenidas durante las últimas semanas muestran con detalle amplias zonas del Pacífico central y oriental con niveles del mar superiores a la media.
Las áreas más cálidas aparecen representadas en tonos rojizos, indicando la presencia de enormes reservas de calor bajo la superficie oceánica.
Con los satélites de nueva generación, seguir de cerca la evolución de fenómenos oceánicos como El Niño resulta mucho más fácil.
Dedicados a la observación de los océanos, se han convertido en una herramienta fundamental para vigilar la evolución del fenómeno y evaluar su posible intensidad durante los próximos meses.

Un buen número de ojos vigilando el océano
La condiciónes del Pacífico se monitorizan desde el espacio mediante varios satélites meteorológicos y oceanográficos que observan continuamente el océano Pacífico tropical. Entre los más importantes se encuentran los satélites estadounidenses de la NOAA, los geoestacionarios GOES y los europeos Sentinel.
Estos permiten medir la temperatura de la superficie del mar, la altura del océano, la nubosidad y los vientos. Estas observaciones permiten detectar la aparición y evolución de las aguas anormalmente cálidas que caracterizan a El Niño.
Los satélites de altimetría, como el Sentinel-6 o Jason-3, también resultan fundamentales porque pueden medir pequeñas variaciones del nivel del mar asociadas a la acumulación de agua cálida en el Pacífico oriental. Otros instrumentos, como ASCAT, permiten controlar los vientos alisios, cuyo debilitamiento suele ser una de las primeras señales del desarrollo del fenómeno.
Toda esta información se complementa con la red de boyas oceánicas del Pacífico, que mide la temperatura y el contenido de calor del océano a distintas profundidades. Gracias a la combinación de observaciones desde el espacio y desde el mar, los científicos pueden detectar El Niño con varios meses de antelación y anticipar mejor sus posibles efectos sobre el clima a escala global.
Las ondas Kelvin son el motor oculto del fenómeno
Bajo la superficie del océano se están desplazando enormes masas de agua cálida conocidas como ondas Kelvin. Estas ondas, que pueden extenderse miles de kilómetros a lo largo del Pacífico ecuatorial, transportan calor desde el oeste hacia las costas americanas.
Durante la primavera de 2026, varias ondas Kelvin han atravesado el Pacífico, favoreciendo el calentamiento del océano y debilitando los vientos alisios. Cuando estos vientos pierden intensidad, las aguas cálidas avanzan hacia el este y se refuerza el proceso de calentamiento que caracteriza a El Niño.
Algunos patrones observados este año recuerdan a los registrados durante 1997, uno de los episodios más intensos del siglo XX. Sin embargo, el calentamiento en el Pacífico oriental todavía es algo menos intenso, por lo que aún resulta prematuro determinar si el actual episodio alcanzará una magnitud similar.
¿Podría convertirse en un gran El Niño?
Las previsiones internacionales coinciden en que el fenómeno continuará fortaleciéndose durante los próximos meses. Muchos modelos climáticos apuntan a que el episodio alcanzará una intensidad moderada o fuerte durante el otoño e invierno de 2026-2027.
Algunos centros meteorológicos sitúan la probabilidad de un episodio fuerte por encima del 60 %, mientras que numerosos expertos consideran muy probable que las condiciones de El Niño persistan durante buena parte del segundo semestre del año.
La gran incógnita reside en saber si llegará a alcanzar niveles comparables a los grandes episodios de 1982-83, 1997-98 o 2015-16, que provocaron importantes alteraciones climáticas en numerosos continentes.

Fuente: NOAA
Las principales señales de El Niño en el clima mundial
El Niño altera la circulación atmosférica a escala planetaria y modifica las precipitaciones, las temperaturas y la frecuencia de fenómenos extremos en muchas regiones.
Entre los impactos más habituales destacan:
- Más lluvias en la costa occidental de Sudamérica.
- Inundaciones en algunas zonas de América.
- Sequías en Australia e Indonesia.
- Menor actividad ciclónica en el Atlántico.
- Mayor actividad de ciclones tropicales en el Pacífico.
- Incremento de las temperaturas globales.
- Olas de calor marinas más frecuentes.
Los expertos advierten, además, que un episodio de El Niño se desarrolla ahora sobre unos océanos mucho más cálidos que hace varias décadas. Esa energía adicional disponible puede amplificar algunos fenómenos extremos, como las lluvias torrenciales o las olas de calor.
La variabilidad del impacto de El Niño en España
La influencia de El Niño sobre Europa es menos directa que en otras regiones del planeta, aunque numerosos estudios muestran conexiones atmosféricas que pueden modificar la circulación general durante el otoño y el invierno.
En España, algunos episodios intensos de El Niño han coincidido con:
- Inviernos relativamente suaves.
- Temperaturas superiores a la media.
- Mayor frecuencia de situaciones anticiclónicas.
- Alteraciones en la trayectoria de las borrascas atlánticas.
Sin embargo, la relación no es automática. Otros factores como la Oscilación del Atlántico Norte, la temperatura del Atlántico y del Mediterráneo o la posición de la corriente en chorro también desempeñan un papel fundamental en el tiempo que finalmente experimenta la Península Ibérica.
Además, el Atlántico y el Mediterráneo presentan actualmente temperaturas muy superiores a la media, lo que podría modificar la respuesta atmosférica habitual y aumentar la energía disponible para determinados fenómenos extremos.

Un fenómeno natural en un planeta más cálido
El Niño es un fenómeno natural que se repite cada dos a siete años. Sin embargo, su desarrollo en un contexto de calentamiento global puede aumentar algunos de sus efectos.
El calentamiento de los océanos y de la atmósfera proporciona más energía y humedad al sistema climático, favoreciendo fenómenos extremos más intensos cuando aparece un episodio de El Niño.
Las temperaturas oceánicas globales se encuentran además en niveles excepcionalmente elevados, lo que añade incertidumbre sobre la magnitud final del episodio de 2026-2027 y sobre sus posibles consecuencias en distintas regiones del planeta.
Vigilancia continua desde el espacio
El seguimiento desde el espacio se ha convertido en una herramienta esencial para anticipar la evolución de El Niño.
Los altímetros oceánicos, las observaciones de temperatura superficial y las mediciones del nivel del mar permiten a los científicos observar en tiempo real cómo se desplaza el calor a través del Pacífico.
Las próximas semanas van a servir para determinar si el actual episodio evoluciona hacia uno fuerte.
Por ahora, los datos muestran un fenómeno claramente establecido y en proceso de intensificación, cuyo comportamiento será vigilado muy de cerca por la comunidad científica internacional durante los próximos meses.