El objeto interestelar 3I/ATLAS reabre el debate entre ciencia y especulación

El objeto interestelar 3I ATLAS genera debate entre expertos: ¿cometa natural o sonda artificial? Juno podría ayudar a resolverlo.

Javier Castaño

Un cometa llegado desde más allá del sistema solar ha captado la atención de la comunidad científica. Identificado como objeto interestelar 3I/ATLAS, fue detectado a principios de julio de 2025 por el telescopio ATLAS, y desde entonces ha generado tanto fascinación como incertidumbre.

La órbita hiperbólica que describe y su velocidad —superior a los 220.000 kilómetros por hora— lo sitúan fuera de cualquier vínculo gravitatorio con el Sol. Este tipo de trayectoria confirma su origen interestelar y lo convierte en el tercer objeto de este tipo observado hasta la fecha.

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Un brillo que plantea preguntas

Uno de los rasgos más llamativos del objeto interestelar 3I/ATLAS es su alto brillo. A pesar de encontrarse a gran distancia, su luminosidad es inusual para cuerpos similares, lo que ha llevado a diversas hipótesis sobre su tamaño y naturaleza.

Las estimaciones apuntan a un diámetro de aproximadamente 20 kilómetros, una magnitud poco común entre los objetos interestelares conocidos.

A medida que se aproxima al Sol, la intensidad de su brillo ha ido en aumento. Sin embargo, los análisis espectrales preliminares no han mostrado evidencias claras de gas atómico o molecular, como ocurre en muchos cometas, aunque podría tratarse de una cuestión de distancia o de composición superficial.

La superficie del objeto muestra un enrojecimiento que podría deberse a la exposición prolongada a rayos cósmicos o radiación ultravioleta.

Objeto interestelar 3I/ATLAS: Un comportamiento compatible con cometas

Pese a estas anomalías, las observaciones más recientes indican que el objeto interestelar 3I/ATLAS presenta una coma y una cola de partículas, impulsadas por la radiación solar.

Estas características son coherentes con el comportamiento de un cometa natural procedente de otro sistema estelar. La envoltura de polvo y gas, visible en imágenes captadas por telescopios terrestres, refuerza la hipótesis de su origen natural.

Los datos orbitales también apuntan en esta dirección: el objeto seguirá una trayectoria que lo llevará a abandonar el sistema solar tras su paso cercano al Sol el próximo 29 de octubre. En ningún momento se aproximará de forma peligrosa a la Tierra, ya que su distancia mínima prevista es de unos 240 millones de kilómetros.

Posibilidad de intercepción

La trayectoria del objeto interestelar 3I/ATLAS lo llevará a pasar a unos 53 millones de kilómetros de Júpiter en marzo de 2026. Esta circunstancia ha abierto la posibilidad de que una sonda espacial que actualmente orbita ese planeta pueda modificar su trayectoria e interceptar el objeto.

Un impulso de velocidad aplicado en septiembre permitiría a la nave alcanzar un punto de sobrevuelo en el momento del máximo acercamiento. Aunque no se trata de una cita orbital —ya que la velocidad del objeto es excesivamente alta—, el acercamiento permitiría obtener datos detallados con instrumentos a bordo: espectrómetros, sensores de partículas, detectores de ondas y cámaras de alta resolución.

Esta maniobra, técnicamente exigente, depende de la cantidad de combustible restante en la sonda y de su capacidad para reactivar motores que llevan años inactivos. Si se ejecuta con éxito, supondría una oportunidad sin precedentes para analizar un cuerpo procedente del espacio interestelar desde una distancia próxima.

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