El Pacífico se recalienta: El Niño podría disparar las temperaturas del planeta en 2026-2027
El Niño se podría empezar a formar en las aguas ecuatoriales del Pacífico en tan solo unos meses. Dependiendo de lo intenso que sea notaremos más o menos su impacto.
Mario Picazo
La comunidad científica vuelve a estar especialmente pendiente de la formación de El Niño. Las aguas ecuatoriales del océano Pacífico tropical y su evolución térmica marcan el rumbo del clima mundial. Las observaciones más recientes de distintos organismos meteorológicos y oceanográficos apuntan a esta tendencia.
El sistema climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) podría evolucionar hacia una fase que favorezca el desarrollo de un episodio de El Niño en los próximos meses.
Aunque todavía no se puede detallar cuándo y con qué intensidad podría llegar, las señales detectadas son suficientes para encender las alertas entre los expertos. Dada la influencia que este fenómeno tiene sobre las temperaturas y los patrones meteorológicos a escala global, es crucial pronosticarlo lo mejor posible.

Cómo funciona El Niño y por qué es tan relevante
El Niño suele aparecer cada 2 a 7 años, aunque tampoco funciona como un reloj y puede darse con mayor o menor frecuencia. Cuando las aguas superficiales del Pacífico central y oriental registran temperaturas anormalmente elevadas durante varios meses consecutivos, tenemos un El Niño.
Este calentamiento está asociado a un debilitamiento de los vientos alisios, lo que permite que el agua cálida acumulada habitualmente en el Pacífico occidental se desplace hacia el este. Como consecuencia, se altera la circulación atmosférica tropical y se modifican los flujos de calor y humedad en amplias zonas del planeta.
El fenómeno en sí es parte de un ciclo natural que oscila entre fases cálidas (El Niño) y frías (La Niña). Pero saber cuándo puede aparecer y con qué intensidad y duración no es nada fácil de prever. Basta que se registren pequeños cambios en la dinámica oceánica o atmosférica para marcar la diferencia entre un episodio débil y otro intenso con efectos globales.
Los indicadores actuales, entre ellos la distribución del calor en el Pacífico y el comportamiento reciente de los vientos, sugieren que existe una probabilidad real de que El Niño se consolide entre finales de 2026 y comienzos de 2027.

Los cálculos apuntan a un aumento térmico global
El Niño aporta un extra de energía importante al sistema climático del planeta. Por ello, uno de los efectos más conocidos de su presencia es el aumento temporal de la temperatura media global. Cuando el océano libera parte del calor acumulado hacia la atmósfera, el planeta experimenta un repunte térmico que puede reflejarse en récords de temperatura a escala mundial.
Si el episodio que se espera este 2026 llega a ser de intensidad moderada o fuerte, el impacto en las temperaturas del aire podría ser importante. Hasta ahora, los cálculos realizados con diferentes modelos climáticos indican que 2027 podría situarse entre los años más cálidos desde que existen registros instrumentales.
Este posible escenario coincide con una tendencia de fondo ya muy marcada. La última década ha estado dominada por temperaturas excepcionalmente altas, impulsadas en gran medida por el aumento sostenido de gases de efecto invernadero.
En ese contexto, El Niño actúa como un amplificador de temperatura. No crea todo el calentamiento global, pero sí puede intensificarlo durante un periodo determinado.

Lo que hemos aprendido de El Niño recientemente
La historia climática reciente ofrece varios ejemplos claros del impacto de El Niño sobre las temperaturas globales. Destaca el episodio de 1997-1998, uno de los más intensos del siglo XX. Durante ese periodo, el calentamiento del Pacífico fue extraordinario y sus efectos se dejaron sentir en prácticamente todo el planeta.
Inundaciones, sequías y olas de calor se sucedieron en distintas regiones, mientras la temperatura media global alcanzaba valores récord para la época. Otro episodio relevante fue el de 2015-2016, que coincidió con una fase muy avanzada del calentamiento global y contribuyó a que 2016 se convirtiera en uno de los años más cálidos del registro.
El aumento térmico no fue uniforme, pero sí generalizado, y vino acompañado de alteraciones en los regímenes de lluvia y en la frecuencia de fenómenos extremos. En tiempos recientes también se ha registrado un El Niño bastante intenso.

El último episodio notable se formó a comienzos de la década de 2020, y de nuevo subieron las temperaturas globales. No alcanzó la intensidad de los grandes eventos históricos, pero su impacto fue suficiente para elevar los valores térmicos globales, sumados al calentamiento de origen humano.
Estos episodios muestran un patrón recurrente: cuanto más intensos, mayor es el aumento de la temperatura media del planeta. Puede llegar a situarse unas décimas de grado por encima de la media durante uno o dos años. A escala climática, esas décimas son muy significativas.
Impacto meteorológico a escala regional
El impacto de El Niño no se limita al aumento de la temperatura. Los cambios en el Pacífico tropical generan una cadena de respuestas atmosféricas que afectan al clima de regiones muy alejadas.
En el pasado, muchos episodios se han asociado a condiciones más secas y cálidas en Australia y en partes del sudeste asiático. En Estados Unidos, especialmente en el sur, suelen registrarse inviernos más húmedos. En África y Sudamérica, la redistribución de las lluvias puede aumentar el riesgo de sequías en áreas dependientes de patrones estacionales.
No obstante, cada episodio es diferente. La intensidad del calentamiento oceánico, su localización exacta y su interacción con otros factores climáticos determinan el tipo y la magnitud de los impactos, añadiendo un alto grado de incertidumbre.
Una predicción marcada por la incertidumbre
Expertos en atmósfera y océano insisten en que aún es algo pronto y que habrá que esperar varios meses para contar con datos más concretos. Prever con precisión la aparición y evolución de El Niño sigue siendo uno de los grandes retos de la climatología.
Algunos modelos apuntan a una probabilidad cercana al 50 % de que el fenómeno se desarrolle. Otros no descartan un escenario neutro.
Se forme El Niño o no, lo que parece claro es que algo se mueve en el Pacífico. Por eso, los expertos insisten en mantener la vigilancia. Comprender cómo interactúan los fenómenos naturales y la actividad humana resulta clave para entender un clima cada vez más extremo.