El submarino fantasma de la URSS sigue liberando radiación décadas después de hundirse
Investigadores detectan nuevas fugas radiactivas en el submarino soviético Komsomolets, hundido hace más de 35 años.
Barbara
En las profundidades del mar de Noruega, a más de 1.600 metros bajo la superficie, reposa desde hace más de tres décadas un submarino nuclear soviético. Un objeto, hoy convertido en una amenaza silenciosa para el océano. El K-278 Komsomolets, es uno de los sumergibles más desarrollados de la URSS durante el proceso de la Guerra Fría.
Lo que no se sabía era que este submarino, continuaba liberando material radiactivo tras su hundimiento en 1989.

La preocupación ha vuelto a aumentar tras varias expediciones científicas realizadas por investigadores noruegos, quienes apuntan a al existencia de fugas radiactivas en alrededor del casco del submarino.
Por otro lado, los recientes análisis revelaron altos niveles de cesio radiactivo en muestras tomadas cerca de los conductos de ventilación. Siendo esta, una de las zonas especialmente deterioradas por el paso del tiempo y la corrosión acumulada durante décadas en las profundidades.
Tal vez te interese:
- El robot torpedo que revela el calor oculto que derrite el hielo antártico desde dentro
- Descubren más de 30 lagos debajo de glaciares en el Ártico: ¿Qué supone esto?
- Ya es definitivo: el calentamiento del Ártico es irreversible incluso eliminando CO2
Un pecio nuclear olvidado bajo el mar de Noruega
El Komsomolets se hundió el 7 de abril de 1989 tras declararse un incendio a bordo mientras navegaba por el mar de Noruega. Murieron 42 tripulantes. El submarino llevaba dos torpedos con cabezas nucleares y un reactor nuclear en su interior.
Aunque durante años las autoridades soviéticas y posteriormente rusas defendieron que el riesgo ambiental era reducido, las investigaciones más recientes muestran que el deterioro continúa avanzando.

Los expertos insisten en que, de momento, no existe un peligro alarmante para la población ni para la pesca comercial de la zona. Ya que la radiactividad detectada, permanece muy localizada y centrada alrededor del submarino.
Sin embargo, este caso preocupa por lo que este acto y submarino representan a largo plazo: un recordatorio de aún que aún quedan muchos residuos nucleares bajo el mar que permanecen abandonados desde la Guerra Fría.
El océano Ártico y las aguas del norte de Europa acumulan decenas de pecios militares hundidos, muchos de ellos con combustible, munición o componentes radiactivos como se comprueba en este caso.
El paso del tiempo y la corrosión están empezando a abrir interrogantes sobre el impacto ambiental futuro de estas estructuras.
Mientras tanto, el Komsomolets sigue allí abajo. Invisible desde la superficie. Oxidándose lentamente. Y liberando pequeñas cantidades de radiactividad al océano más de 35 años después de su hundimiento.