El universo no debería existir… y esta teoría señala a los agujeros negros como culpables
Un investigador plantea que el universo podría existir gracias a que, en su infancia, los agujeros negros primordiales absorbieron la antimateria…
Alejandro Riveiro
Uno de los grandes misterios de la ciencia moderna es el hecho de que el universo exista. La teoría dice que, en el inicio del cosmos, durante el Big Bang, debieron producirse cantidades iguales de materia y antimateria. Al entrar en contacto, ambas se aniquilan, así que… ¿por qué estamos aquí?
El desequilibrio entre la materia y la antimateria
Naturalmente, si la teoría es correcta, la explicación más sencilla es la más lógica: algo tuvo que producir un desequilibrio entre la cantidad de materia y antimateria en el universo. Una de las soluciones más repetidas es que es posible que la antimateria solo se pueda manifestar en temperaturas algo más altas.
La antimateria es, simplemente, lo opuesto a la materia normal. Es decir, está compuesta por antiprotones y antielectrones. Cuando ambas entran en contacto, el resultado es la aniquilación absoluta, así que algo debió propiciar ese desequilibrio que permite que existamos.
Esto nos lleva a hablar de un estudio que plantea algo diferente, que viene de un investigador llamado Nikodem Poplawski. En su trabajo, sugiere que la razón por la que existe ese desequilibrio pudo estar en la existencia de agujeros negros primordiales.
Estos objetos son puramente hipotéticos pero, si llegaron a existir, solo pudieron formarse durante el Big Bang. Es algo que ya sugirió el físico Stephen Hawking en la década de los 70. Se podrían haber formado gracias a las fluctuaciones en un entorno de alta densidad.
No solo eso, los agujeros negros primordiales podrían haber servido como semillas de los agujeros negros supermasivos. Son los grandes agujeros negros que se encuentran en el centro de galaxias grandes como la Vía Láctea.
Lo interesante de este planteamiento es que, a diferencia de otras hipótesis, no es necesario recurrir a física nueva. Tampoco plantea que las leyes de la física debieran romperse de alguna manera hace miles de millones de años.
¿Qué sucedió en la infancia del universo?
Poplawski explica que, en realidad, hubo otras asimetrías en la infancia del universo (entre los bariones y antibariones). La asimetría de materia y antimateria podría tener su origen en fenómenos así. Su hipótesis es que las partículas de antimateria podrían haber sido más masivas que las de la materia.
Esto provocaría que, durante los primeros instantes del universo, la producción de pares de partículas de antimateria fuese más lenta que la de materia. No solo eso, para un agujero negro, es más fácil atrapar partículas más masivas cuando pierden velocidad.
Así que, como las partículas de antimateria eran más pesadas (según esta hipótesis), deberían ser capturadas con más facilidad por los agujeros negros. Es decir, la antimateria que falta, simplemente, debió desaparecer en el interior de esos agujeros negros.

Crédito: Alain R/Wikimedia Commons
La que no cayó (porque no toda debió ser atrapada), se aniquiló al entrar en contacto con la materia normal. Lo más intrigante es que esto podría explicar otra observación desconcertante que se ha producido en los últimos años.
Con la llegada del telescopio James Webb, se han observado cada vez más agujeros negros supermasivos cuando el universo tenía unos 500 millones de años. Algo que es muy difícil de explicar con el conocimiento actual.
Porque, generalmente, el mecanismo que se plantea es el de agujeros negros, de poca masa, que fueron creciendo gradualmente. Un proceso que, se plantea, debería haber durado alrededor de mil millones de años. Es decir, no debería haber agujeros negros supermasivos antes de ese momento.
Una solución que no es perfecta
Hay diferentes aspectos que tener en cuenta en este planteamiento. Una de las grandes ventajas de los agujeros negros primordiales es que pueden ser mucho más masivos que los que se forman por el colapso de una estrella muy masiva.
Es decir, su masa inicial ya es lo suficientemente alta para darles ventaja respecto a los que se formarían por la muerte de las estrellas. Además, al absorber antimateria, podrían crecer muy rápidamente, permitiendo explicar la existencia de agujeros negros supermasivos tan pronto.
Si Poplawski está en lo correcto, sería una respuesta muy elegante a algunos de los grandes misterios de la astronomía moderna. El problema es que no basta con sugerir una hipótesis que parezca más o menos elegante; hace falta algo más.
Y este es el mayor problema del planteamiento. Es necesario demostrar, primero, que los agujeros negros primordiales realmente existen. Ha habido diferentes planteamientos sobre cómo detectarlos, pero por ahora no se ha logrado.
Por otro, es necesario demostrar que la antimateria realmente podría tener algo más de masa que la materia. Así que nos encontramos ante un estudio que es puramente teórico y, seguramente, se mantendrá así durante mucho tiempo.
Incluso si esta no fuese la respuesta correcta, es un ejemplo fantástico para entender cómo funciona la ciencia a la hora de intentar responder a los grandes enigmas. Y, en cualquier caso, aunque sea difícil de explicar por qué el universo existe… no nos vamos a poner quisquillosos.