El verano meteorológico llega este 1 de junio: qué esperar en 2025
Junio arranca con calor sofocante en el sur y previsiones que apuntan a un verano más seco de lo normal. El agua embalsada, por ahora, resiste.
Redacción
Este domingo, 1 de junio, comienza el verano meteorológico, aunque el ambiente veraniego se ha adelantado en muchas zonas. En el sur peninsular y en el interior, el calor lleva días instalado, con valores por encima de los 36 °C en algunas capitales. Un final de mayo que ha dejado cifras propias de mediados de julio. Pero esto es solo el principio.
De los datos al calendario: por qué empieza el 1 de junio
El verano meteorológico no coincide con el astronómico, y no por error. Comienza el 1 de junio y termina el 31 de agosto, siempre con las mismas fechas, para facilitar la comparación estadística entre años.
A diferencia del astronómico —que depende de solsticios y equinoccios—, este se basa en una lógica puramente operativa: trabajar con meses completos permite medir tendencias térmicas, lluvias, humedad o eventos extremos con mayor coherencia.
No se trata tanto de marcar el inicio del «buen tiempo», sino de trazar un marco uniforme que sirva para analizar el comportamiento del clima en bloques definidos.
Junio 2025 arrancará con calor persistente y pocas lluvias
Aunque el episodio cálido de los últimos días se suavizará ligeramente durante el fin de semana, las previsiones apuntan a que junio será más cálido y seco de lo habitual en casi todo el país. Las temperaturas, ya elevadas, continuarán por encima de la media, especialmente en la península y Baleares. En Canarias también se esperan valores algo superiores al promedio.
Con una media habitual de 21,1 °C, este mes podría cerrar con anomalías térmicas marcadas. No sería algo excepcional: cinco de las diez olas de calor registradas en junio desde 1975 han ocurrido en la última década. A ello se suma una tendencia clara hacia la reducción de precipitaciones: solo Canarias mantendría registros normales, mientras que el resto del país afrontaría un déficit aún mayor al habitual —junio es ya de por sí uno de los meses más secos del año.
Como dato positivo, los embalses se encuentran al 77,4 % de su capacidad, un nivel superior al del año pasado por estas fechas y también por encima de la media de la última década. Un alivio momentáneo ante la escasez de lluvias prevista.
LEER MÁS:
- ¿Por qué se producen las estaciones del año en el mundo?
- ¿Seguirá el calor en junio 2025? Los modelos anticipan un inicio del verano más cálido y seco
- Del «estrés hídrico» al «horno ibérico»: el glosario del calor que necesitarás este verano
- Este verano 2025 podría no ser tan tórrido como los últimos en España y este sería el motivo
Un arranque dominado por la estabilidad atmosférica
En este 2025, el verano comienza bajo un patrón de estabilidad muy marcado, con una dorsal cálida bloqueando la entrada de frentes atlánticos. Esto se traduce en cielos despejados, temperaturas elevadas y escasas precipitaciones, sobre todo en el sur y el interior peninsular.
La situación es algo distinta en la fachada cantábrica y el noroeste, donde persisten las nubes y algunas lluvias débiles, aunque todo apunta a que esta inestabilidad será pasajera. La atmósfera tiende a estabilizarse, y con ella, el calor gana terreno.
Más allá del calendario: el verano que se siente antes de tiempo
Aunque oficialmente el verano astronómico no comenzará hasta el 21 de junio, a las 22:42 (hora peninsular), la sensación de verano se ha adelantado. No es nuevo. Ya en los últimos años, mayo ha traído episodios de calor inusualmente intensos, como si las estaciones se hubieran desajustado. Y no solo en la temperatura: también en la percepción.
Cada vez resulta más difícil identificar cuándo empieza realmente una estación. ¿Lo marca el calendario, el termómetro o nuestra experiencia diaria? El calor llega antes, se va más tarde y deja un verano más largo —y, en muchos casos, más agresivo— que el que conocíamos.
Lo que puede estar por venir
Aún es pronto para anticipar episodios extremos, pero la persistencia del calor y la falta de lluvias dibujan un escenario propicio para incendios tempranos, golpes de calor y estrés térmico urbano. Fenómenos que no solo afectan a la salud, sino también a la gestión del agua, la agricultura y los ecosistemas.
Si se mantiene la tendencia actual, el verano meteorológico de 2025 podría consolidar otro capítulo en la creciente lista de estaciones cálidas y anómalas, con registros que, cada año, parecen alejarse un poco más de la normalidad climática.
