El vídeo de un turista británico sosteniendo un pulpo que podría haberle fulminado

Un turista lo alzó en una playa de Filipinas. Era un pulpo de anillos azules: mordedura capaz de paralizar en minutos y sin antídoto.

María Rivas

El vídeo dura apenas unos segundos. Una mano abierta, el agua clara de una playa filipina y, sobre la piel, un pulpo diminuto que se mueve con calma. No hay sobresaltos. Tampoco gritos. Solo curiosidad. Lo que nadie percibe en ese momento —ni siquiera quien graba— es que ese gesto tranquilo encierra uno de los encuentros más peligrosos que puede darse en el mar.

El protagonista es Andy McConnell, un británico de 73 años que disfrutaba de sus vacaciones cuando se cruzó con el pequeño cefalópodo. Pensó que era un pulpo inofensivo, quizá joven. Lo sostuvo unos segundos, lo observó, y volvió a dejarlo en el agua. La escena habría pasado desapercibida de no ser porque el animal era, en realidad, un pulpo de anillos azules, una de las especies marinas más venenosas conocidas.

La conciencia del riesgo llegó después. Mucho después. Cuando el vídeo empezó a circular en redes sociales y los comentarios se acumularon con rapidez. Advertencias. Mensajes alarmados. Explicaciones que se repetían con insistencia: había tenido una vida en la palma de la mano.

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Pequeño, silencioso y letal: así es el pulpo de anillos azules

El pulpo de anillos azules pertenece al género Hapalochlaena y habita en zonas poco profundas del océano Pacífico y del Índico, especialmente en arrecifes y fondos rocosos. Filipinas es uno de sus entornos habituales. Su tamaño engaña: no suele superar los 12 centímetros, brazos incluidos. Pero su defensa es desproporcionada.

En su saliva se concentra tetrodotoxina, una neurotoxina de acción rápida que bloquea la transmisión nerviosa. El cuerpo deja de responder. Primero los músculos. Luego la respiración. La persona permanece consciente, pero inmóvil. La literatura científica coincide en un dato inquietante: su toxicidad puede ser hasta mil veces superior a la del cianuro.

No existe antídoto. La única opción, en caso de mordedura, es ganar tiempo: ventilación asistida, control de constantes vitales, esperar a que el organismo elimine la toxina. Minutos que pesan.

Cuando la advertencia no se enciende

Los característicos anillos azules brillantes funcionan como señal de alarma. Aparecen cuando el animal se siente amenazado. Pero no siempre lo hacen de inmediato. En el vídeo viral, el pulpo no muestra ese patrón intenso. Se desplaza con calma, sin exhibir su advertencia visual más conocida.

Ese detalle resulta clave. La ausencia de señales visibles no implica ausencia de peligro. Muchos contactos con esta especie no provocan síntomas instantáneos, lo que refuerza una falsa sensación de seguridad. En este caso, no hubo mordedura. Tampoco consecuencias físicas. Solo conciencia tardía.

pulpo de anillos azules
Fuente: Jens Petersen – Trabajo propio (Wikipedia)

Una escena cotidiana en playas turísticas

Biólogos marinos y autoridades ambientales insisten desde hace años en el mismo mensaje: la fauna marina no debe tocarse. Ni por curiosidad. Ni para una foto. Ni por desconocimiento. El pulpo de anillos azules no es agresivo, pero reacciona si se siente manipulado, y su defensa no da margen al error.

El episodio ocurrido en Filipinas no terminó en tragedia. Pero podría haberlo hecho. Y por eso se ha convertido en algo más que un vídeo viral. Es un recordatorio incómodo de hasta qué punto el riesgo en el mar no siempre se presenta con ruido, ni con tamaño, ni con amenazas evidentes. A veces llega envuelto en colores brillantes. Otras, ni siquiera eso.

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