¿Es normal tener tormentas y reventones en agosto? La ciencia explica qué está ocurriendo
Granizo, tormentas muy intensas y rachas de viento que aparecen de forma repentina y pueden superar ampliamente los 80 km/h. Los reventones están siendo protagonistas estos días, pero ¿es excepcional que ocurran en pleno agosto?
Mar Gómez
Durante los últimos días hemos pasado en cuestión de horas de temperaturas muy elevadas a tormentas acompañadas de granizo, abundante aparato eléctrico y rachas de viento muy fuertes. El pronóstico ya habia apuntado antes del verano de 2026 a una posible mayor frecuencia de episodios tormentosos y, en nuestra predicción estacional actual, señalabamos que las precipitaciones de agosto, septiembre y octubre podrían situarse en el tercil húmedo en buena parte de España precisamente por episodios convectivos puntuales.

Por tanto, conviene empezar desmontando una idea: tener tormentas en agosto no es anormal.
Agosto también es temporada de tormentas
Aunque asociemos el verano al sol y al calor, meteorológicamente ese mismo calor puede ayudar a construir el escenario necesario para una tormenta.
Durante el día, la radiación solar calienta intensamente el suelo y las capas bajas de la atmósfera. Si sobre ese aire muy cálido encontramos aire más frío en niveles superiores y existe suficiente humedad, aumenta la inestabilidad: una parcela de aire caliente puede ascender, enfriarse y condensar el vapor de agua hasta formar grandes cumulonimbos.

Pero hace falta normalmente algo que dé el primer empujón. Puede ser una montaña, una convergencia de vientos, una línea de brisa, un frente o la llegada de una vaguada en altura. Y España tiene zonas especialmente favorables.
Un estudio de AEMET sobre el interior de Castellón y Teruel señala que en el entorno de la Sierra del Rayo, en Teruel, una de las áreas con mayor densidad de descargas eléctricas de España, se registran de media unos 19 días de tormenta durante junio, julio y agosto. Es decir, aproximadamente uno de cada cinco días del verano climatológico.
La climatología de fenómenos convectivos severos de AEMET identifica precisamente máximos destacados en la Ibérica turolense y castellonense, especialmente Gúdar, Javalambre, Maestrazgo y Els Ports, además de sectores pirenaicos y prepirenaicos.
Otro ejemplo: en la Región de Murcia, la climatología 2000-2021 utilizada por AEMET sitúa el promedio de agosto alrededor de nueve días de tormenta al mes.
Es decir, agosto puede ser muy tormentoso aunque el acumulado mensual de lluvia termine siendo pequeño, porque una gran parte de la precipitación estival puede caer de forma muy localizada y en muy poco tiempo.
Entonces, ¿por qué algunas tormentas producen vientos tan violentos?
Aquí llegamos a uno de los fenómenos que más estamos viendo estos días: los reventones.
Podemos definirlo como una fuerte corriente descendente convectiva, originada generalmente dentro de una nube de tormenta, que al alcanzar el suelo genera vientos que pueden resultar destructivos. Su extensión horizontal suele ser inferior a 10 kilómetros y normalmente dura entre 5 y 30 minutos. Cuando afecta a menos de cuatro kilómetros hablamos de un microreventón.

Imaginemos un cumulonimbo. Dentro de la tormenta existen poderosas corrientes ascendentes capaces de mantener gotas de agua, granizo y cristales de hielo suspendidos a varios kilómetros de altura. Pero llega un momento en que parte de ese aire empieza a descender. Y pueden intervenir dos mecanismos fundamentales.
El primero es el peso de los hidrometeoros: dentro de la nube se ha acumulado tanta agua líquida y sólida que la corriente comienza a desplomarse. El segundo es todavía más interesante: la evaporación.
Cuando gotas de lluvia caen hacia capas de aire relativamente seco, parte del agua se evapora. Para hacerlo necesita energía, que extrae del propio aire. Ese aire se enfría, se vuelve más denso y acelera hacia el suelo. También contribuyen la fusión y sublimación del hielo y del granizo.
El resultado puede ser una auténtica cascada de aire desde varios kilómetros de altura.
El momento crítico llega cuando el aire toca el suelo
El aire no puede continuar descendiendo cuando alcanza la superficie. Así que se expande violentamente de forma horizontal.
Es parecido a abrir un grifo sobre un suelo plano: el agua cae verticalmente y al impactar se extiende en todas direcciones. En un reventón ocurre algo parecido, pero con una enorme masa de aire.
Ese flujo horizontal puede generar rachas muy intensas en cuestión de segundos o minutos, derribar árboles, arrancar ramas, desplazar objetos y provocar daños en estructuras.
Precisamente por eso, tras una tormenta con daños por viento puede existir inicialmente la duda de si ha pasado un tornado. La diferencia fundamental es que el tornado está asociado a una columna de aire en rotación, mientras que el reventón produce principalmente vientos lineales divergentes desde el punto donde la corriente descendente impacta contra el suelo.
Reventón seco y reventón húmedo: no siempre tiene que llover mucho
Existen dos grandes tipos. En un reventón húmedo, una cantidad importante de precipitación alcanza el suelo y el episodio puede ir acompañado de lluvia torrencial o granizo.
Pero también existen los reventones secos. En estos casos, la precipitación que sale de la nube atraviesa una capa de aire muy seca y una gran parte se evapora antes de tocar tierra. Podemos incluso observar bajo la nube las características cortinas de virga: precipitación que vemos caer pero que desaparece antes de alcanzar la superficie.
Paradójicamente, esa evaporación puede ser precisamente la responsable de acelerar la corriente descendente.
Por eso puede ocurrir algo aparentemente extraño: una tormenta que apenas deja lluvia en un punto puede producir allí un golpe de viento muy intenso.
Y todavía existe un fenómeno más extraño: el reventón cálido
Hay situaciones en las que, en lugar de provocar un descenso térmico, la llegada del aire produce una subida repentina de la temperatura y una caída de la humedad. Es el denominado reventón térmico o cálido.
Puede producirse cuando una corriente descendente atraviesa una capa de aire cálido y seco, se acelera y posteriormente logra atravesar una capa estable, más fresca y húmeda, situada cerca de la superficie. El aire que desciende se comprime y se calienta, llegando al suelo con una temperatura extraordinariamente elevada. Los cambios pueden ser espectaculares.
En un episodio documentado por SINOBAS en Orihuela, por ejemplo, la temperatura pasó de 28,2 ºC a 37,6 ºC en poco más de una hora, mientras que la humedad relativa cayó desde aproximadamente el 62 % hasta el 22 %.
¿Por qué este verano debemos prestarles especial atención?
Hay un contexto térmico excepcional. Julio de 2026 fue, empatado con 2022, el mes más cálido registrado en España desde el comienzo de la serie en 1961, no solo entre los meses de julio, sino entre cualquier mes del año. La temperatura media peninsular alcanzó 25,7 ºC, 2,6 ºC por encima del promedio 1991-2020. Además, fue el julio más seco de la serie, con apenas 4,6 l/m² de precipitación media, un 26 % de lo normal.

Eso no significa que el calor por sí solo produzca tormentas. De hecho, podemos tener temperaturas extremas y una atmósfera completamente estable.
Pero cuando aparece aire frío en altura, humedad suficiente y algún mecanismo capaz de iniciar los ascensos, una capa baja muy caliente puede contribuir a generar grandes diferencias verticales de temperatura y una atmósfera potencialmente muy inestable.
Además, en algunos entornos continentales muy secos pueden existir capas profundas de aire seco bajo las nubes. Si la precipitación cae a través de ellas, aumenta la evaporación y puede favorecer el desarrollo de fuertes corrientes descendentes.
El Mediterráneo añade otro ingrediente
A esto se suma un Mediterráneo occidental excepcionalmente cálido. Los datos del Copernicus Marine Service correspondientes al 13 de agosto de 2026 muestran una ola de calor marina persistente, con anomalías de temperatura superficial próximas a +6 ºC en algunas zonas del Mediterráneo occidental, especialmente en el golfo de León.

Un mar muy caliente puede suministrar abundante humedad a las capas bajas de la atmósfera. Esto no crea automáticamente una tormenta ni una DANA, pero cuando la configuración atmosférica es favorable puede aumentar el vapor de agua disponible para los sistemas convectivos.
¿Son cada vez más frecuentes los reventones?
No podemos concluir que los reventones estén aumentando simplemente porque hayamos observado varios en pocos días.
Son fenómenos de muy pequeña escala espacial y corta duración: AEMET sitúa un reventón por debajo de 10 kilómetros de extensión y un microreventón por debajo de cuatro. Eso hace que construir series climatológicas largas y homogéneas sea mucho más difícil que hacerlo para la temperatura o la precipitación.
Sí existen señales más claras respecto a otros extremos asociados a la convección. AEMET ha detectado en la vertiente mediterránea un aumento de la frecuencia y la intensidad de episodios de precipitación torrencial al comparar las últimas décadas con periodos anteriores.
Pero eso no permite trasladar automáticamente esa tendencia a todos los fenómenos severos ni afirmar que cada granizada o reventón concreto sea consecuencia del cambio climático.
Entonces, ¿lo que estamos viendo es normal?
Que haya tormentas en agosto, sí. Que algunas sean fuertes, también forma parte de nuestra climatología. Especialmente en áreas como el Sistema Ibérico, Pirineos, el interior del nordeste peninsular y determinadas regiones mediterráneas, el verano es una época clásica de tormentas.
Lo que no debemos confundir es habitual con inofensivo. Un fenómeno puede formar parte perfectamente de nuestro clima y, al mismo tiempo, ser peligroso. Los reventones son un buen ejemplo: pueden afectar a una superficie relativamente pequeña, durar apenas unos minutos y producir rachas destructivas.