España lidera el primer eclipse solar artificial y abre una nueva etapa en la ciencia solar

La misión Proba-3 de la ESA, con una destacada participación española, logra por primera vez bloquear la luz solar desde la órbita terrestre para estudiar la corona del Sol

María Rivas

En un hito que marca un punto de inflexión en la exploración solar, la Agencia Espacial Europea (ESA) ha logrado generar por primera vez un eclipse solar total artificial en el espacio.

Lo ha hecho mediante la misión Proba-3, una coreografía orbital protagonizada por dos pequeños satélites que, alineados con una precisión milimétrica a 60.000 kilómetros de la Tierra, han permitido observar con detalle la enigmática corona solar, una región clave para entender las tormentas solares y su impacto en la Tierra.

A diferencia de los eclipses naturales, que se producen con escasa frecuencia y duran apenas unos minutos, el sistema de ocultación solar desarrollado por la ESA puede generar eclipses de hasta seis horas cada 19,6 horas, ofreciendo a la ciencia una oportunidad inédita: capturar la actividad solar sin interferencias y de forma sostenida.

https://twitter.com/esa_es/status/1934625580349051172

Los dos satélites mantienen su alineación con una precisión de un milímetro en plena órbita terrestre.

Eclipse solar artificial: Una misión con sello español

El éxito técnico de la misión no habría sido posible sin la aportación clave de España, que ha financiado el 40 % del proyecto y lidera parte de las tecnologías más avanzadas del sistema.

Empresas como Sener, GMV, Airbus DS España, Thales Alenia Space España o Deimos han desarrollado componentes fundamentales: desde el software de navegación autónoma hasta la estructura y electrónica de los satélites.

Las dos naves, denominadas Occulter y Coronagraph, vuelan en formación a solo 150 metros de distancia, sincronizadas con una exactitud de un milímetro. Esa precisión permite que el disco de 1,4 metros del Occulter bloquee la luz solar, proyectando una sombra de 8 centímetros sobre la apertura del telescopio ASPIICS, embarcado en el Coronagraph.

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Explorar la atmósfera solar como nunca antes

Gracias a esta sombra artificial, ASPIICS capta imágenes de la corona solar con una nitidez superior a la de los coronógrafos tradicionales. Esta capa exterior del Sol, invisible a simple vista, puede alcanzar temperaturas superiores a los 2 millones de grados Celsius, a pesar de encontrarse más alejada del núcleo que la superficie visible. Esa inversión térmica, uno de los grandes enigmas de la física solar, ha intrigado a los científicos durante décadas.

Eclipse solar VS eclipse solar artificial
Eclipse solar VS eclipse solar artificial. Fuente: ElTiempo.es

Las observaciones obtenidas hasta ahora son comparables a las de un eclipse natural, aunque con la ventaja de poder reproducirse periódicamente. El sistema permite observar estructuras más tenues, imposibles de detectar con métodos convencionales debido a la interferencia de la luz dispersa.

Proba-3 es capaz de mantener eclipses artificiales de hasta seis horas cada 19,6 horas de órbita.

Amenazas solares, auroras y ciencia aplicada

Las observaciones de la corona son esenciales para comprender cómo se generan las tormentas solares, eventos explosivos que pueden lanzar al espacio miles de millones de toneladas de plasma. Estas erupciones solares, además de provocar auroras en latitudes inusuales, pueden interferir seriamente con redes eléctricas, sistemas GPS, comunicaciones y satélites en órbita.

Gracias a la posibilidad de observar continuamente esta región, Proba-3 permitirá detectar con antelación los signos de actividad solar peligrosa. Y no solo eso: la misión incluye también otros dos instrumentos científicos —el radiómetro DARA y el espectrómetro 3DEES— que medirán la energía solar y la distribución de partículas en los cinturones de radiación de la Tierra.

https://twitter.com/ESA_Tech/status/1934552555813842952

Una nueva era en el estudio del Sol

La misión Proba-3 no solo ha demostrado que es posible crear eclipses solares desde el espacio, sino que ha validado el vuelo en formación autónomo con precisión extrema, una tecnología que podría revolucionar la astronomía del futuro. La ESA trabaja ahora en alcanzar una autonomía total en las maniobras orbitales, sin necesidad de supervisión desde Tierra.

Ese avance abriría la puerta a misiones más ambiciosas, como telescopios espaciales modulares o sistemas de observación distribuida capaces de operar como una única plataforma. Mientras tanto, el éxito de Proba-3 inaugura una etapa sin precedentes en la física solar, en la que los científicos podrán —literalmente— pedir un eclipse solar a la carta para desentrañar los secretos del astro rey.

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