España presencia auroras boreales rojas tras la mayor tormenta solar del año
Las auroras rojizas observadas en España proceden de una tormenta solar excepcional que aún requiere seguimiento por su impacto potencial.
María Rivas
La madrugada del 12 de noviembre dejó en España un fenómeno poco frecuente: auroras de tonalidad rojiza visibles en diversas regiones, desde Andalucía hasta Galicia, así como en áreas de Cataluña y la Comunidad Valenciana.
El episodio se desencadenó tras una fulguración solar de clase X5.1, registrada el 11 de noviembre, una de las más energéticas de la presente fase del ciclo solar, que proyectó hacia la Tierra varias eyecciones de masa coronal.
La chispa solar que desencadenó la noche roja
La erupción generó una tormenta geomagnética de nivel G4, una categoría considerada severa, que comprimió y distorsionó la magnetosfera con suficiente intensidad como para desplazar el óvalo auroral hacia latitudes notablemente inferiores a las habituales.
Durante la mañana del 13 de noviembre, los organismos de seguimiento continúan monitorizando la situación, aunque los indicadores muestran una tendencia clara hacia la estabilización.
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Un resplandor que sorprendió del sur al noroeste
Las escenas más llamativas se registraron en el Observatorio de Calar Alto, en Almería, cuyas cámaras captaron una aurora roja bien definida durante aproximadamente dos horas.
En Galicia, pese a la nubosidad asociada a la borrasca Claudia, varios observadores del interior de Pontevedra lograron documentar arcos rojizos de baja intensidad. En el Pirineo catalán también se alcanzó a distinguir un tenue resplandor.
Las cámaras de larga exposición de muchas zonas de España revelaron detalles imperceptibles para el ojo humano, que en latitudes medias suele percibir estas auroras como una luminiscencia estática y difusa sobre el horizonte norte.
El motivo de ese rojo intenso y de su viaje a latitudes medias
La expansión del fenómeno responde a la capacidad de las tormentas geomagnéticas intensas para desplazar el cinturón auroral miles de kilómetros hacia el ecuador. Las auroras observadas en España pertenecían mayoritariamente al tipo SAR, una emisión estable producida por la interacción de partículas energéticas con el oxígeno en capas muy elevadas de la atmósfera, frecuentemente por encima de los 200 kilómetros.
Esa altitud explica el predominio del rojo profundo, un color menos dinámico que los tonos verdes y violetas que definen las cortinas aurorales típicas de latitudes polares. Allí, los procesos ocurren en alturas menores y con interacciones energéticas diferentes, que generan estructuras más definidas y en constante movimiento.
La red tecnológica ante un episodio de alto voltaje solar
Las tormentas geomagnéticas del nivel alcanzado por este episodio pueden provocar interferencias en comunicaciones de alta frecuencia, desviaciones en sistemas de navegación por satélite y variaciones en corrientes inducidas en redes eléctricas.
Hasta el momento, no se han registrado incidencias de relevancia en España, más allá de las degradaciones puntuales que suelen acompañar a este tipo de eventos. Los operadores de infraestructuras críticas mantienen los protocolos de vigilancia reforzada mientras la superficie solar continúa mostrando un grado elevado de actividad.
¿Habrá más auroras en las próximas noches?
A primeras horas del 13 de noviembre, la tormenta geomagnética presentaba signos claros de debilitamiento, lo que reduce de manera significativa la probabilidad de que vuelvan a registrarse auroras visibles desde la península.
Aun así, los modelos no descartan fluctuaciones puntuales si la actividad del Sol volviera a intensificarse o si una nueva eyección alcanzara la Tierra en los próximos días.
Este episodio encaja de lleno en la dinámica del máximo del ciclo solar 25, una fase en la que los fenómenos asociados a la actividad solar pueden mostrarse más frecuentes, más amplios y, ocasionalmente, tan insólitos como la noche roja vivida en España.