Groenlandia al descubierto: el deshielo que ha despertado una pugna internacional
El retroceso histórico del hielo en Groenlandia ya no es solo un problema climático: abre rutas, expone recursos clave y reordena el mapa global.
Mario Picazo
En pleno Ártico, donde se encuentra la isla de Groenlandia, las temperaturas han ido aumentando este siglo como en ninguna otra zona del planeta. La región en conjunto se está calentando entre 3 y 4 veces más que la media global de calentamiento.
Como consecuencia, la enorme capa de hielo de Groenlandia y el hielo marino que la rodea están retrocediendo de forma acelerada, exponiendo superficies repletas de atractivos recursos.
El NSDC (National Snow and Ice Data Center) resalta que solo en las dos últimas décadas, entre 2002 y 2022, el volumen de hielo en Groenlandia ha disminuido cerca de 5.000 millones de toneladas.
Ese ritmo se ha ido acelerando con el paso de los años, lo que ha contribuido significativamente al aumento del nivel del mar. Aparte, afecta a la vida de los habitantes de la región y a la biodiversidad que les rodea.

La pérdida de hielo en el Ártico, un punto de no retorno del planeta
Las estimaciones recientes muestran pérdidas de alrededor de 280.000 millones de toneladas anuales, e incluso más en los años pico. En total, estamos hablando de más de 6.500 millones de toneladas de hielo fundidas desde principios de la década de 2000, lo que tiene, entre otras cosas, un importante impacto en la circulación oceánica.
Esta rápida e intensa fusión de hielo en las costas de Groenlandia ha permitido dejar al descubierto extensas zonas de tierra y aguas costeras.
Zonas de la isla que durante siglos han permanecido bajo una gruesa capa de hielo de forma permanente. Hoy, esas zonas libres de hielo son mucho más accesibles para la exploración y distintas actividades humanas.
Groenlandia pierde cerca de 280.000 millones de toneladas de hielo cada año, afectando al clima, la población y la biodiversidad.
Con el tiempo, en esta última década, han ido apareciendo recursos naturales como minerales, incluyendo las tan preciadas tierras raras que tanto atraen hoy en día a gobiernos y empresas. Tampoco falta petróleo y gas, que antes estaban ocultos bajo el hielo y comienzan a ser más accesibles.
Al mismo tiempo, la reducción del hielo marino facilita la navegación estival por rutas del norte, como el Paso del Noroeste y otros corredores árticos. Un nuevo escenario que podría acortar de forma significativa las rutas comerciales entre los principales mercados mundiales.

Minerales y energía listos para ser explotados
Groenlandia es una isla de importantes dimensiones, con más de 2 millones de kilómetros cuadrados, sobre la que se asientan recursos minerales y energéticos.
Hay yacimientos de minerales críticos esenciales para las tecnologías modernas, como las baterías, los dispositivos electrónicos y las infraestructuras vinculadas a la transición energética, además de posibles reservas de hidrocarburos.
Entre los principales están el neodimio (Nd) y el praseodimio (Pr), empleados, entre otras cosas, para los imanes de los motores eléctricos y los aerogeneradores. El disprosio (Dy) y el terbio (Tb) se emplean en imanes de alto rendimiento, y el lantano (La) y el cerio (Ce), para baterías y catalizadores.
Groenlandia es una gran despensa de estos minerales que se hace más grande aún a medida que el hielo retrocede. Además, el valor económico potencial de estos recursos aumenta de forma notable. Pero no todo es fácil en un territorio tan hostil, climáticamente hablando.
La explotación de estos recursos se enfrenta a enormes desafíos, como las duras condiciones climáticas, la lejanía de los yacimientos y la falta de infraestructuras adecuadas para su extracción y transporte.
Su ubicación geográfica de gran valor estratégico
Tener acceso a una isla antaño aislada del mundo por el hielo ha cambiado, y mucho, el interés geopolítico de varios países de la región.
Países como Estados Unidos, Canadá, Rusia, China y los aliados de la OTAN prestan cada vez más atención a la posición ártica de Groenlandia, ya que se encuentra cerca de rutas marítimas emergentes y de puntos estratégicos clave en el Atlántico Norte.
Estados Unidos, con el presidente Trump a la cabeza, ha mostrado especial interés este 2026 en instalarse en la isla, aunque en la actualidad el territorio autónomo pertenece a Dinamarca.
Ya existen infraestructuras militares y de defensa, incluidas bases estadounidenses de radar y vigilancia espacial. Estas adquieren un valor añadido a medida que el Ártico se vuelve más navegable y se intensifica la competencia estratégica en la región.
Aumento continuo del turismo e infraestructuras
La disminución del hielo y una mejor conectividad global también están impulsando el interés por los viajes al Ártico. En los últimos años, Groenlandia ha mejorado sus aeropuertos y ha incorporado nuevos vuelos internacionales, lo que hace más accesible el turismo procedente de Europa y Norteamérica.
El turismo se presenta cada vez más como una oportunidad económica para la región, aunque las autoridades locales intentan gestionarlo de forma sostenible para minimizar su impacto ambiental y proteger las comunidades locales.
Calentamiento y deshielo con impacto global
Lo que pasa con el clima cambiante de Groenlandia no solo se queda en Groenlandia. El enorme volumen de hielo que ha ido perdiendo la isla con el paso de los años tiene un importante impacto a nivel global. Es cierto que los cambios que se están registrando hacen que Groenlandia resulte más atractiva desde el punto de vista económico y estratégico, pero los riesgos de ese cambio preocupan a muchos.
El deshielo acelerado contribuye directamente a la subida del nivel del mar y a alteraciones en los patrones meteorológicos a escala global. Además, la pérdida de hielo activa bucles de retroalimentación climática que pueden intensificar el calentamiento global, con consecuencias que van mucho más allá del Ártico.
A nivel oceánico, también se han observado cambios en la circulación relacionados con las temperaturas del agua en el Atlántico Norte, que influyen directamente en la salinidad y densidad del agua.
