Incendios Europa: 550.000 hectáreas quemadas en un verano
Europa afronta uno de sus veranos más extremos de incendios forestales, con más de medio millón de hectáreas quemadas. Las olas de calor, la sequía y el cambio climático están aumentando el riesgo de grandes incendios también en regiones donde hasta ahora eran poco habituales.
Mario Picazo
Europa termina uno de los veranos más duros de los últimos años en materia de incendios forestales. Las sucesivas olas de calor, la sequedad de la vegetación y largos periodos sin precipitaciones han creado unas condiciones especialmente favorables para la propagación del fuego. El resultado ha sido una temporada excepcional, con más de un millar de incendios y cientos de miles de hectáreas arrasadas en diferentes puntos del continente.
Los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) permiten hacerse una idea de la magnitud de lo ocurrido. Entre mediados de junio y comienzos de septiembre, los incendios quemaron alrededor de 550.000 hectáreas en la Unión Europea, una superficie equivalente a más del doble de Luxemburgo.
Aunque la cifra todavía se encuentra por debajo de la registrada durante el mismo periodo de 2025, cuando se superaron las 800.000 hectáreas, la superficie quemada este verano se sitúa claramente por encima de la media de las últimas dos décadas.

Un verano marcado por grandes incendios forestales
No ha sido únicamente la cantidad de terreno quemado lo que ha convertido el verano de 2026 en excepcional. También preocupa el tamaño alcanzado por algunos incendios. Cuatro de los 15 mayores fuegos registrados en la Unión Europea durante la última década se han producido este verano.
Uno de los periodos más críticos se concentró entre el 16 y el 22 de julio. En apenas siete días ardieron cerca de 190.000 hectáreas, la mayor superficie quemada en una semana comparable desde al menos 2006. Esos días se registraron varios incendios de gran magnitud tanto en España como en Francia.
Tanto fuego de manera simultánea constituye uno de los principales problemas de la nueva generación de incendios forestales. Cuando las condiciones meteorológicas son extremas, los servicios de extinción pueden encontrarse ante varios focos de alta intensidad al mismo tiempo.

foto: Unsplash
España, entre los países más castigados por los incendios
España ha sido uno de los países más castigados por la temporada de incendios de 2026. Uno de los episodios más graves se registró en la provincia de Ávila. Allí un incendio que arrancó el 22 de julio afectó a más de 42.000 hectáreas. Miles de personas tuvieron que abandonar sus viviendas ante el avance de las llamas.
Destaca a lo largo del verano, otro gran incendio que se produjo en Huelva durante el mes de agosto. El fuego arrasó cerca de 44.000 hectáreas, convirtiéndose en uno de los mayores incendios registrados en Europa en los últimos años.
Andalucía también sufrió durante julio otro grave episodio con consecuencias humanas especialmente dramáticas, además de importantes daños ambientales y materiales.
El balance acumulado ha situado a España durante buena parte del verano cerca de los valores máximos de superficie quemada registrados para estas alturas del año. Durante algunos días de agosto llegó incluso a superar temporalmente los registros acumulados anteriores.
Francia vive también una temporada histórica
La situación tampoco ha sido mejor al otro lado de los Pirineos. Francia ha sufrido varios incendios de enormes dimensiones coincidiendo con episodios prolongados de temperaturas extremas.
Uno de los más importantes afectó a la región de Gironda, cerca de Burdeos, donde las llamas quemaron alrededor de 37.000 hectáreas. Antes incluso de terminar julio, Francia ya había superado su récord anual de superficie quemada desde el comienzo de sus registros.
El verano de 2026 ha sido además el más cálido registrado en Francia desde que comenzaron las mediciones en 1900. El país acumuló 53 días bajo condiciones de ola de calor durante los meses de verano, una cifra sin precedentes. Una de esas olas de calor, entre finales de julio y agosto, se prolongó durante 23 días.

El fuego llega también al norte de Europa
Resulta llamativo que el fuego se expanda hacia regiones europeas tradicionalmente consideradas húmedas y relativamente poco expuestas a grandes fuegos forestales. Bélgica sufrió durante agosto su peor incendio forestal en más de un siglo. Miles de hectáreas quedaron afectadas en el este del país y ese único episodio fue suficiente para que Bélgica alcanzara su mayor superficie anual quemada desde, al menos, 2006.
También se han registrado incendios importantes en zonas del norte y noroeste europeos. En otros países donde habitualmente prolifera el fuego, como Portugal, Grecia e Italia, se ha vuelto a experimentar una temporada especialmente activa de incendios.
Lo que más preocupa a los expertos es que van apareciendo grandes incendios en territorios donde históricamente no han sido habituales. En Europa hay clara evidencia de que esa distribución ha ido cambiando. Cuando el calor es más intenso, los episodios de sequedad extrema pueden llegar a latitudes más altas. También se registran vientos más intensos y erráticos en muchas zonas.
Los ingredientes perfectos: olas de calor, sequía y cambio climático
El verano de 2026 ha vuelto a mostrar su cara más extrema. Verano tras verano van apareciendo condiciones meteorológicas que pueden favorecer incendios cada vez más difíciles de controlar. Con las frecuentes olas de calor, se ha reducido la humedad de los suelos y de la vegetación, lo que ha convertido grandes extensiones de territorio en combustible para las llamas.
El cambio climático no provoca por sí mismo un incendio. La ignición puede tener múltiples causas, desde accidentes hasta negligencias o rayos. Pero sí está modificando las condiciones en las que los incendios se desarrollan. Temperaturas más elevadas, olas de calor más intensas y una mayor evaporación pueden secar la vegetación y aumentar la duración de los periodos de elevado peligro de incendio.
Ese cóctel de temperaturas elevadas, humedad relativa muy baja y viento intenso complica mucho las labores de extinción. Son incendios de nueva generación y experimentan un comportamiento extremo. Se propagan con enorme rapidez y su comportamiento es errático, lo que los convierte en auténticos monstruos imposibles de controlar.

Los incendios forestales son también un problema climático
La relación entre incendios y cambio climático es un mecanismo de retroalimentación. Un clima más cálido puede favorecer unas condiciones más propicias para grandes incendios, pero esos incendios también liberan a la atmósfera parte del carbono almacenado durante años o décadas en árboles, matorrales y suelos.
El escenario se vuelve más vulnerable a potenciales incendios cuando los bosques afectados pierden capacidad para recuperarse. Los ecosistemas forestales europeos absorben actualmente cientos de millones de toneladas de dióxido de carbono cada año, pero sequías, incendios, plagas y otros fenómenos extremos están debilitando progresivamente esa función.
Cuando hay un incendio, surgen otros problemas que deterioran el entorno. El terreno está más expuesto a la erosión. Por eso, cuando llegan lluvias intensas, sobre todo durante los meses de otoño, aumenta el riesgo de que el agua fluya libremente, se produzcan desprendimientos y se produzcan inundaciones repentinas que afectan a núcleos urbanos.
Los incendios forestales han existido desde que hay registros, pero las condiciones bajo las que se producen están cambiando. Este verano de 2026 ha servido para entender que combatir el fuego únicamente cuando aparecen las llamas resulta insuficiente. Hay que realizar un laboreo previo de la vegetación y más en lugares de riesgo.
Los expertos coinciden en que la prevención es cada vez más importante a la hora de reducir la veracidad de los fuegos. La gestión forestal puede ser la principal solución para limitar el número de hectáreas calcinadas. Hay que reducir el combustible vegetal y mantener los paisajes agrícolas y ganaderos. También promover el pastoreo y las quemas prescritas realizadas bajo condiciones controladas.
También suma a favor de evitar incendios llevar a cabo una mejor planificación de la interfaz entre zonas urbanas y forestales puede reducir la vulnerabilidad.
España se encuentra en primera línea de este desafío, pero ya no se trata exclusivamente de un problema mediterráneo. Los incendios registrados este verano desde la península ibérica hasta regiones mucho más septentrionales muestran que el riesgo se está extendiendo.
Más de medio millón de hectáreas quemadas en apenas unos meses son una clara señal de la velocidad con la que está cambiando el clima europeo. Los grandes incendios seguirán dependiendo de cómo gestionemos nuestros bosques y territorios, pero también de hasta dónde avance el calentamiento global durante las próximas décadas.