El invierno se desborda en Japón: dos metros de nieve, caídas mortales y alertas por avalanchas

Nevadas persistentes paralizan zonas de Japón: víctimas al retirar nieve, cortes y transportes afectados. El riesgo crece con el deshielo.

Natalia Marqués

Japón lleva dos semanas con el invierno en modo duro. Un episodio de nevadas persistentes ha dejado al menos 35 fallecidos y casi 400 heridos, con 15 prefecturas afectadas y espesores que, en las zonas más castigadas, han llegado a rondar los dos metros.

El dato impresiona, pero lo verdaderamente relevante es cómo se producen muchos de estos accidentes. No se trata solo de carreteras impracticables o trenes que se detienen. El problema, en gran parte, está encima de las casas.

En el norte y el oeste del país, cientos de miles de personas han pasado días retirando nieve de accesos, fachadas y tejados. Esa rutina, necesaria para evitar daños estructurales, se convierte en una trampa cuando la nieve se acumula sin pausa o cambia de textura.

La nieve mata de una forma muy concreta: caídas y colapsos al limpiar

Los recuentos locales muestran un patrón repetido: muchas víctimas estaban fuera de casa retirando nieve. Caídas desde tejados, resbalones en escalones invisibles bajo hielo, golpes por desprendimientos y descompensaciones por esfuerzo en frío.

En prefecturas como Niigata, el balance ha sido especialmente alto. Hay casos de personas encontradas en tejados o desplomadas junto a su vivienda tras una jornada de limpieza. Y aquí hay un factor social que agrava el riesgo: en áreas rurales del norte, con población envejecida y viviendas con cubiertas inclinadas, quitar la nieve no es una tarea opcional. Es una forma de mantener la casa en pie.

La nieve acumulada añade peso. Mucho peso. Y cuando ese peso se combina con hielo, viento o capas inestables, la probabilidad de accidente crece.

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La trampa del deshielo: cuando el peligro cambia de forma

Puede parecer contraintuitivo, pero a veces el episodio se vuelve más peligroso cuando la temperatura sube. No porque deje de nevar, sino porque la nieve empieza a transformarse.

  • Si la nieve se humedece, se vuelve más densa y pesada.
  • Esa nieve pesada favorece desprendimientos desde cornisas y tejados.
  • En laderas, el aumento de temperatura puede disparar el riesgo de aludes.
  • En calles, el deshielo parcial crea una combinación: capa de agua + hielo = suelo de patinaje.

Por eso las autoridades han activado avisos por avalanchas y han insistido en extremar precauciones incluso en momentos en los que el termómetro “da un respiro”. El riesgo no desaparece: se desplaza.

Sapporo, ejemplo de ciudad preparada… y aun así paralizada

En Hokkaidō, la isla del norte, la ciudad de Sapporo ha sido el símbolo visual del temporal. En apenas 24 horas se han medido acumulaciones en torno a 50–54 centímetros, con puntos donde el espesor total superaba el metro.

Sapporo está acostumbrada a la nieve. Tiene infraestructura, maquinaria y experiencia. Precisamente por eso lo ocurrido sirve para entender la magnitud del episodio: si una ciudad preparada se atasca, el evento no es “una nevada más”.

Las consecuencias han sido de manual: calles sepultadas, vehículos inmovilizados, líneas de transporte alteradas y un efecto dominó que llega a estaciones, autopistas y aeropuertos. El entorno del aeropuerto de New Chitose ha sufrido cancelaciones y pasajeros sin alternativa durante horas cuando se corta el enlace terrestre.

Por qué nieva tanto ahí: el “efecto mar” del invierno japonés

El mecanismo meteorológico que castiga al norte y a la fachada del mar de Japón es muy característico.

Cuando una masa de aire muy frío avanza desde latitudes altas, cruza el mar de Japón, se carga de humedad y, al llegar a tierra, esa humedad se convierte en nieve de forma persistente. Si además hay relieve, el aire asciende y precipita todavía más.

El resultado es una nevada “de insistencia”. No siempre es una gran ventisca en un único golpe. A veces es peor: horas y horas de precipitación que no dan tregua y que van construyendo capas. Ahí se entiende que se alcancen espesores de dos metros en áreas especialmente expuestas.

Cuando falla una pieza, falla todo: luz, rescates a pie y trenes suspendidos

En Aomori, se han registrado cortes de electricidad en miles de hogares durante los momentos más duros. En zonas aisladas, los equipos de emergencia han tenido dificultades para acceder con vehículos, y en algunos casos se ha tenido que avanzar a pie por nieve profunda.

También se han suspendido servicios ferroviarios, incluidos tramos del shinkansen. Es un detalle importante: el tren bala simboliza puntualidad y resiliencia, pero incluso un sistema robusto sufre cuando la nieve se acumula más rápido de lo que puede limpiarse.

A esa presión se suma el trabajo continuo de quitanieves y equipos de emergencia. Son operaciones que rara vez “recuperan” la normalidad de golpe. Se abre por corredores, por prioridades: hospitales, arterias principales, accesos a barrios aislados.