Esta es Jonathan, la tortuga de 193 años y el animal más longevo del planeta
Jonathan es el animal terrestre vivo más viejo del mundo del que se tiene registro. Según los documentos oficiales, habría nacido en torno a 1832.
Sergio Delgado Martorell
El paso del tiempo se mide, como es lógico, en la aportación que realiza la humanidad y las diferentes generaciones al planeta Tierra. También en los numerosos cambios políticos y tecnológicos que se suceden cada cierto ciclo.
Sin embargo, existe un ser vivo que ha sido testigo silencioso de casi dos siglos de historia sin moverse prácticamente nada de su entorno. Se trata de Jonathan, una tortuga gigante que ha visto como se ha ido transformando el mundo desde una tranquilidad que parece casi eterna.
De hecho, cuando nació Jonathan, la reina Victoria aún no había llegado al trono británico y la fotografía era poco más que un experimento. Hoy, en pleno siglo XXI, este quelonio aún vive en la isla de Santa Elena como símbolo de longevidad, resistencia y tranquilidad.
Una vida en tres siglos diferentes
Jonathan es el animal terrestre vivo más viejo del mundo del que se tiene registro. Según los documentos oficiales, habría nacido en torno a 1832, aunque algunos autores señalan que podría ser incluso más viejo.
Si lo fuera, tendría unos dos siglos de vida. El Libro Guinness de los Récords lo declara el quelonio vivo más viejo del que se tenga noticia.
Llegó a la isla de Santa Elena en 1882, desde Seychelles, como obsequio para el gobernador Sir William Grey-Wilson. Ya era una adulta; así que es difícil precisar cuándo nació con más precisión.
Desde entonces ha permanecido en los jardines de Plantation House, la residencia oficial del gobernador, y ha sido testigo de más de treinta gobernadores diferentes.

El valor histórico del bueno de Jonatha es indiscutible. De hecho, han aparecido fotografías tomadas entre 1882 y 1886 en las que aparece pastando tranquilamente en dichos jardines. Unas imágenes que han permitido confirmar que ya era plenamente adulto a finales del siglo XIX.
La mejor testigo de un mundo que ha cambiado totalmente
Mientras la humanidad vivía revoluciones industriales, guerras mundiales, avances científicos y la llegada de internet, la vida de Jonathan apenas ha variado.
Desde su nacimiento ha sido contemporáneo de hitos tan decisivos como la invención de la bombilla, el primer vuelo a motor o la llegada del ser humano a la Luna.
A pesar de todos esos cambios, su rutina sigue siendo sencilla. Come, duerme, toma el sol y se aparea cuando el clima lo permite. Esa aparente calma es, en parte, una de las claves de su longevidad.
Su metabolismo lento y su estilo de vida estable parecen haberle permitido esquivar muchos de los problemas que acortan la vida de otras especies.
Según explica su veterinario, Joe Hollins, “a pesar de que ha perdido la vista y el olfato, Jonathan conserva una sorprendente vitalidad”. El especialista destaca que responde bien a los sonidos y que reconoce perfectamente la voz de las personas que lo cuidan a diario.
Jonathan y sus cuidados especiales
Con el paso de los años y como es lógico, Jonathan ha requerido atenciones específicas. Al no poder ver ni oler correctamente, debe ser alimentado a mano.
Su dieta incluye col, pepino, zanahoria, manzana y frutas de temporada, seleccionadas para facilitar la masticación y asegurar una correcta nutrición.
En los días cálidos se le puede ver estirando el cuello y las patas para absorber el calor del sol, mientras que cuando bajan las temperaturas prefiere enterrarse entre hojas y hierba seca.
“En días fríos se resguarda durante horas, prácticamente inmóvil, conservando la energía”, explica Hollins en declaraciones recogidas por Guinness World Records.
A pesar de su avanzada edad, Jonathan mantiene un comportamiento reproductivo activo. Vive junto a otras tres tortugas gigantes, David, Emma y Fred, y según su cuidador, “sigue mostrando una notable libido, sin demasiada preocupación por el género de sus compañeros”. Este detalle ha contribuido a reforzar su fama mundial.
Un símbolo vivo para toda una isla
En Santa Elena, Jonathan es mucho más que una atracción. Es un auténtico icono local. Varias generaciones de habitantes conservan fotografías junto a él, y su imagen forma parte de la identidad cultural del territorio. Incluso aparece representado en la moneda local de cinco céntimos.
Matt Joshua, responsable de turismo de la isla, ha señalado ante los medios que “Jonathan es profundamente querido por los habitantes; forma parte de la historia viva del lugar”.
Las autoridades organizan cada año actos especiales en torno a su cumpleaños, incluyendo la emisión de sellos conmemorativos y certificados para los visitantes.
Aunque existen casos documentados de tortugas que pudieron vivir más tiempo, como la célebre Tu’i Malila o la enigmática Adwaita, ninguna cuenta con pruebas tan sólidas y continuas como Jonathan. Por ello, su condición de animal terrestre más longevo vivo sigue siendo indiscutible.