Junio dispara el riesgo de espigas en perros: por qué pueden acabar en urgencias veterinarias
En esta época, aumenta el riesgo de que los perros puedan verse afectados por las espigas causando importantes daños.
Pablo Ramos
La llegada del buen tiempo y el aumento de las temperaturas provocan que muchas personas que pasean a sus mascotas, especialmente perros, pasen más tiempo al aire libre y en entornos no urbanos, como caminos rurales o zonas de campo.
En estos entornos se incrementan determinados riesgos para los animales. Más allá de las conocidas garrapatas, durante el mes de junio cobra especial relevancia otro peligro importante: las espigas.

Riesgos de las espigas en los perros
Durante el mes de junio, buena parte de las plantas herbáceas que germinan durante el verano producen ya espigas importantes y alcanzan un tamaño suficiente como para llegar a suponer un riesgo para los perros.
Las espigas son estructuras de origen vegetal que envuelven las semillas de ciertos cereales y forman parte de diversas gramíneas silvestres.
Se caracterizan por su forma alargada y puntiaguda, similar a una flecha, y por estar cubiertas de diminutas púas que se adhieren con facilidad al pelaje de los animales.
Son especialmente frecuentes durante la primavera y el verano, como el mes de junio.En esta época, aumenta el riesgo de que los perros entren en contacto con ellas, sobre todo durante paseos por zonas rurales o de vegetación abundante.
Estas partes de las plantas pueden desprenderse con facilidad y causar graves problemas en los perros, ya que tienden a introducirse en zonas sensibles como la boca, los oídos, los ojos o las fosas nasales, pudiendo provocar lesiones de consideración.
Y más si se enganchan en el interior del organismo como en las vías respiratorias o en el sistema digestivo del animal.
«La forma de la espiga está pensada para avanzar y por eso, aunque al principio los síntomas puedan parecer leves, el problema puede agravarse en cuestión de horas si no se actúa», explica Ana Ramírez, directora técnica veterinaria de Kivet.

Síntomas de daños por espigas en perros
Uno de los principales peligros de las espigas es que, en muchas ocasiones, los primeros signos pasan desapercibidos. Por ello, después de cada paseo es importante vigilar el comportamiento del perro, especialmente si se ha paseado por zonas de vegetación seca y con abundancia de espigas.
Entre los síntomas más comunes que pueden alertar de la presencia de una espiga se encuentran sacudidas continuas de la cabeza, rascado frecuente de las orejas, estornudos repetidos, cojera o un lamido insistente de alguna pata. También puede mostrar molestias al tocar ciertas áreas del cuerpo y, en algunos casos, aparecer enrojecimiento, inflamación o secreciones fuera de lo habitual.
«Si un perro empieza a comportarse de manera distinta tras el paseo, es importante no normalizarlo. Una simple espiga en el oído puede causar mucho dolor y derivar en una infección grave si no se extrae correctamente», indica Ramirez.
Consejos para evitar las espigas
Aunque las espigas suponen un riesgo importante para los perros, con pequeñas acciones se pueden prevenir los daños en las mascotas mediante hábitos sencillos.
Por un lado, se deben evitar las zonas secas en las que pueda haber espigas; por otro, después de cada paseo es necesario revisar al perro e intentar retirar todas las espigas de su pelaje mediante un cepillado regular, especialmente si tiene el pelo largo, ya que estos perros presentan un mayor riesgo.
Además, un pelaje bien cuidado reduce la probabilidad de que las espigas se adhieran, disminuyendo así las posibilidades de que afecten al animal.
En este sentido, también es importante observar el comportamiento del perro para poder detectar cualquier anomalía, ya que la revisión diaria ayuda a prevenir problemas graves.
En cuanto a las zonas a las que hay que prestar más atención, destacan las patas, las orejas, el hocico y el pelaje del entorno de la cabeza, siendo esta última especialmente importante.
Por último, conviene tener en cuenta que estos cuidados también refuerzan el vínculo entre la mascota y su dueño.